viernes, 12 de septiembre de 2008

París bien vale una misa


(Juan Rubio- Enviado especial) Benedicto XVI ha llegado esta mañana a París para un viaje del que no se esperan grandes sorpresas, sino el tono al que el Papa nos tiene ya acostumbrados: la propuesta del Evangelio como una verdad capaz de dar sentido a la vida. La prensa nacional, al contrario de lo que sucedió cuando fue elegido Papa, hoy se ha levantado con un tono de esperanza, a excepción, claro está, de algun rotativo como L’ Humanité. Cultura y laicidad son los dos grandes temas de los que se espera que el Papa hable en París, en la primera parte de su viaje antes de trasladarse a Lourdes.


Ayer, en la ciudad se advertía poco la visita del Pontífice. Todo al ritmo cadencioso de estos días de septiembre con lluvias otoñales que dan un aspecto especial a los boulevares parisinos. Ha sido y es la capital de la multiculturalidad europea. Por esta razón, el Papa ha querido reunirse también con judíos, musulmanes y representantes de otras religiones. El abrazo de Benedicto XVI a estas religiones es una propuesta de mística para una nueva Europa. En los alrededores de Notre Dame, un voluntariado perfectamente organizado, respetuoso y amable, prepara la visita de esta noche a la catedral parisina. La Cite es el lugar por excelencia y Les Invalides, mañana, en donde se apreciará la visita. En el resto de la ciudad, alguna que otra bandera tricolor y octavillas advirtiendo de los cambios en las líneas de transportes durante las horas en las que el Santo Padre esté en el corazón de París.


El Papa se encontrará con los jóvenes para rezar esta noche. Son la esperanza de que la multiculturalidad es una realidad en la que la Iglesia quiere hacerse un hueco, no ya como la hermana mayor, como ha sido considerada siempre la Iglesia francesa, sino una más a la que se le deje expresar su mensaje. Hoy Francia es un reto por su rápida secularización, por su minoría religiosa bien fuerte y por sus posibilidades de futuro. La sana laicidad, proclamada por Benedicto XVI y coincidente en algunos aspectos con la de Sarkozy, es un campo para poder entenderse. El siglo XXI será místico, o no será nada. De ésto están convencidos ambos líderes.


Los franceses han cambiado de opinión acerca del Papa. Querían a Juan Pablo II, el Papa mediático, pero ahora aprecian a Benedicto XVI como el Papa intelectual que viene a hablarles con el lenguaje de hoy. Las claves del viaje de Benedicto XVI a Francia hay que encontrarlas en el empeño del Papa en hacer oír la voz de Jesucristo y la voz de la Iglesia como una alternativa de vida en la vieja Europa. El Papa en sus discursos ofrece lo positivo del mensaje cristiano. No se esperan condenas en una sociedad tradicionalmente abierta. Se esperan propuestas. Todo está preparado para que el Papa se meta en el bolsillo a los franceses. París bien vale una misa.


Vida Nueva