martes, 23 de septiembre de 2008

"Don Carlos, un horizonte lleno de la presencia de Dios"


"Despido, junto a todos Ustedes, a un padre, a un sacerdote, a un obispo maravilloso que buscó la santidad de vida", señaló Mons. Cristián Contreras Villarroel en su homilía en la Misa de Exequias de Mons. Carlos González Cruchaga.

Mons. Contreras inició su homilía con un saludo a la familia de don Carlos y expresó una especial gratitud a los sacerdotes de Talca que le acompañaron: Mauricio Jacques, Sergio Cerecera, Sergio Díaz, y muy especialmente a Felipe Egaña y Rafael Villena.

Relató su vivencia desde seminarista cuando conoció personalmente a Mons. González: "don Carlos fue amigo, confesor y director espiritual; me impuso las manos en la ordenación sacerdotal, hace casi 24 años atrás, y lo elegí como co-consagrante principal en la ordenación episcopal".

"Despido, junto a todos ustedes, a un padre, a un sacerdote, a un obispo maravilloso que buscó la santidad de vida. Soy consciente que todos y cada uno de los aquí presente podría ponerse de pie y, seguramente con mayor autoridad que yo, estar en este ambón para despedir a don Carlos.
Luego destacó la serenidad con que don Carlos asumió su enfermedad terminal: "Sus ojos miraban un horizonte no vacío, sino lleno de la presencia de Dios a quien siempre buscó en su existencia terrenal. Por eso fuimos sus discípulos, sus hijos o nietos en el Señor".

Abridor de horizontes, nunca una muralla

Al recordar el lema episcopal de Mons. González, "Ven, señor Jesús", Mons. Contreras destacó que es el mismo lema de su ordenación sacerdotal y episcopal, "porque en don Carlos encontré un padre sacerdote; un ejemplo de vida con el cual me identifiqué y con el cual muchos de los aquí presentes se han reconocido".

Agregó que el “¡Ven Señor Jesús!”, ha sido el anhelo de toda la vida de Don Carlos: "Encontrarse en plenitud con su Señor y con la verdad más profunda de cada persona. Su vida ha sido una inquietud permanente. Ha sido buscador y no fugitivo. Se prodigó en abrir puertas. Lo que él dijera de su amigo don Manuel Larraín, lo decimos ahora de él: don Carlos, Usted para nosotros ha sido abridor de horizontes, nunca una muralla".

Posteriormente, siguiendo su esquema clásico, abordó los tres aspectos de su vida que le parecen muy relevantes: el absoluto de Dios, el Reino de Dios y su justicia, y el amor a la Iglesia.

El Absoluto de Dios

Destacó el obispo auxiliar de Santiago que Jesucristo fue la gran pasión de la vida de don Carlos, "Jesucristo expresado en el prójimo, en la historia y en la Santa Iglesia. Usted, don Carlos, supo cultivar una comunicación íntima, profunda, libre, personal y eclesial, con Dios uno y trino".
Añadió que el obispo fue un hombre de oración profunda, de adoración prolongada, de Eucaristía plena de sentido. "Usted, don Carlos, sacerdote eucarístico de la mirada profunda en la Hostia consagrada, no soportó el atropello a las personas".

Más adelante, explicitó que Mons. González Cruchaga ha vivido profundamente, de corazón, el abandono total en Dios, y supo experimentar el Absoluto de Dios en la Cruz. "Sabe de sufrimientos. Acompaña en la cárcel, en el hospital, en el exilio, en la pobreza; también a los sacerdotes que abandonan el ministerio.

Se gana la enemistad de algunos poderosos de este mundo que no lo comprendieron. Se juega por la defensa de la dignidad y de los derechos de las personas. Es capaz de sacrificarse por otros hasta el despojo".

El Reino de Dios y su Justicia

Mons. Cristián Contreras Villarrol puso de relieve que don Carlos González, en cada persona buscó ver a Jesucristo. "Don Carlos, como los Apóstoles, en su vida y ministerio episcopal sana, exorciza, perdona, devuelve la vida; restaura, expulsa demonios, bendice, impone las manos, confía, respeta, imparte las palabras absolutorias en el sacramento de la confesión. También reconoce errores y pide perdón. ¡Cuántos de nosotros somos testigos de esta acción de nuestro querido padre!"

Valoró en el obispo al pastor que acoge, no juzga y hace entender la vida de otra manera. "Cuántas claves llenas de sabiduría nos ha regalado y que nos sirven para toda la vida (...) Don Carlos cree en este Reino profético y por él sufrió soledad, incomprensión, insultos, persecución e indiferencias. Conoce los vaivenes del poder. Sabe guardar silencio y esperar en Dios".

También destacó su fe en la Virgen Santísima y su devoción hacia el Rosario, que rezó "en silencio y soledad, sin imposiciones ni exigencias. Esta oración hace crecer en él permanentemente semillas de esperanza. Nunca pierde la paz, la convicción, la esperanza (...) Don Carlos confía en Dios y se abandona a la gracia de Dios. Él sabe que la obra es de Dios, su único Absoluto".

El amor a la Iglesia

Destacó el Secretario General de la Conferencia Episcopal que la Iglesia es para Don Carlos el “Cristo prolongado” que lo hace vivir siempre en corresponsabilidad. "Ama a la Iglesia buscando la santidad. Se esfuerza admirablemente para que cada uno descubra su propio camino de santidad, camino de Cruz y Resurrección".

Tras destacar su impulso hacia la colegialidad de los Obispos y la pastoral orgánica en Chile, recordó el rol que le cupo en los antecedentes de la Vicaría de la Solidaridad y durante los dos períodos en que presidió la Conferencia Episcopal de Chile (CECh): "sabemos la importancia de su palabra en momentos muy difíciles de la Patria. Su rol fue fundamental en la recuperación de la democracia y en la transición. Muchos de los presentes son testigo de ello".

Finalmente, se preguntó Mons. Contreras: "¿Qué anima a Don Carlos en su vida y en su quehacer infatigable? ¿Cuál es su motivación profunda, su orientación vital, su “hilo conductor”, como diría él? Junto a él, respondemos que practicó el amor a Dios y al prójimo. Que cultivó las gracias de las tres virtudes teologales fijando su mirada en Jesucristo, el Hijo del Dios Altísimo. Una Fe inquieta y vigilante; una Esperanza fuerte y comprometida y una Caridad crucificada y redentora, así como un amor a la Virgen María del Rosario".

Tras citar palabras del propio don Carlos y de su hermano obispo Bernardino Piñera, Mons. Contreas concluyó diciendo: "hoy, con mucha gratitud y amor lo presentamos al Padre Dios, escuchando a San Agustín, patrono de esta diócesis tan amada por don Carlos: “en el cielo veremos, amaremos y descansaremos”.

Fuente: Prensa CECh
Talca, 23/09/2008