lunes, 24 de abril de 2017

Miedo de ser frágil


Cuántos problemas imaginarios nos formamos, y qué pocos reales. Cuántas ansiedades nos invaden que, fríamente miradas, se diluyen como arena en el mar, pero que al principio parecen insalvables. En parte es nuestra vida, nuestro ritmo, nuestra sociedad… Vivir sin pausa. Saltar de una ocupación a otra, de una preocupación a otra. Sentir mucho y rápido, pero pensar poco. Y, por encima de todo, vivir en un constante equilibrio que no nos deje tropezar o caer.  Pero si un niño no se cae nunca aprenderá a caminar. ¿No será parte de la maduración el aceptar lo quebradizo?

PASTORALSJ

Algo para pensar y orar en esta semana. Tomás el incrédulo


Tomás el incrédulo


El apodo “Tomás el incrédulo” siempre me ha molestado. Después de todo, Tomás poseía una gran fe, y por ella dejó todo lo que tenía: familia, amigos, hogar y trabajo, para seguir a Jesús. Y sin embargo, lo recordamos sólo por un momento, en el que le surgió una comprensible duda, ante una situación tan inesperada. De hecho, no creo que mi reacción ante la noticia que recibió hubiera sido muy distinta. Cuando me coloco al lado de Tomás al leer el Evangelio de Juan, veo que Tomás, en su humanidad, es una figura destacada.

Como Tomás no estaba con los demás discípulos en la Sala de Arriba, cuando Jesús se les apareció por primera vez, su encuentro con Cristo Resucitado fue postergado. En cierto sentido, su especial experiencia con el Resucitado lo llevó a una Pascua personal.

En el relato de Tomás, somos testigos de la jornada espiritual de un alma deseosa de acompañar a Jesús, a pesar de tener una humanidad real y con defectos. En Tomás, también podríamos ver la historia del “otro”, aquél que se separó de la comunidad, una figura que todos los que desean acompañar a Jesús, en fe y en obras, nos pueden relatar.


Rebeca Ruiz
Espacio Sagrado

viernes, 21 de abril de 2017

JÓVENES SANTIAGO. Conversando con Jorge Blake, Vice Presidente Formación sobre resultado Censo CVX



CVX: Conversando con Jorge Blake, CVX Jóvenes en Santiago 


El pasado jueves 20 de abril se presentó el resultado del Censo que la CVX Jóvenes en Santiago realizó entre el 29 de marzo y el 18 de abril de este año.
Aprovechamos de conversar con Jorge Blake, que es el Vice Presidente de Formación para conocer los resultados

ROSTRO





Tres jesuitas cantando juntos. Y muchos rostros que muestran a Jesús. Rostros que nos enseñan a ver lo que no esperábamos. Rostros que hablan de ternura, de pasos que no siempre queremos recordar. De ese abrazo que hace la ley en mil pedazos y nos invita a volar. Y es que todo cambia cuando miramos bien los rostros que nos rodean.


pastoralsj

JÓVENES SANTIAGO: Imágenes Encuentro de reflexión ante resultados Censo CVX Jóvenes









jueves, 20 de abril de 2017

JÓVENES SANTIAGO: Hoy Encuentro de reflexión ¿Cómo está nuestra comunidad?

Algo para pensar y orar en esta semana. JESÚS RESUCITADO



Jesús Resucitado

El sol ya está alto, y tú levantas tu rostro para sentir el calor de sus rayos en tu cara. Mirando más lejos, observas unas mujeres corriendo por el sendero. Parecen estar en un pánico alegre, como si algo que les sucedió las hubiera dejado temerosas y maravilladas. Si caminas hasta donde ellas venían, encuentran un hombre, de pie, con un gesto de satisfacción en su rostro, como si hubiera realizado algo imposible. Si te acercas a él, te das cuentes que es Él. Es Jesús. Tú sabes que lo viste morir. ¿Cómo puede estar ahí, de pie? Él te mira con ojos claros y seguros. Te habla. ¿Qué es lo que te dice? ¿Cómo le respondes?
Si te acercas aún más, sentirás la fuerza que Él irradia. Deseas acercarte más y abrazarlo y tocarlo, para estar seguro que es Jesús. Él parece saber lo que piensas y las preguntas que inundan tu cabeza, Jesús se acerca y toca tu mano. Vuelves a sentir la energía que fluye a través tuyo. “Eres Tú”, le dices a Jesús. “¡Eres Tú!”. Las lágrimas inundan tu rostro. Jesús te dice algo. ¿Qué te dice? ¿Qué deseas decir a Jesús?


El Domingo de Pascua es un día en que la vida conquista a la muerte. ¿Cómo cambia la forma de vivir mi vida, el creer en la Resurrección? ¿Qué necesito para compartir hoy, la esperanza y la alegría de la Resurrección?

Steve Connor
Espacio Sagrado

Escuchando y reflexionando sobre el Evangelio del día de hoy





La Palabra de Dios

Lucas 24:35-48

Ellos por su parte contaron lo que les había sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Estaban hablando de esto, cuando se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con vosotros". Espantados y temblando de miedo, pensaban que era un fantasma. Pero él les dijo: ¿"Por qué estáis turbados? ¿Por qué se os ocurren tantas dudas? Mirad mis manos y mis pies, que soy el mismo. Tocad y ved, que un fantasma no tiene carne y hueso, como veis que yo tengo". Dicho esto, les mostró las manos y los pies. 
Y como no acababan de creerlo por su gran alegría y seguían maravillados, les dijo: "¿Tienen aquí algo que comer?" Ellos, entonces, le ofrecieron un pedazo de pescado asado y una porción de miel; lo tomó y lo comió delante de ellos.
Jesús les dijo: "Todo esto se lo había dicho cuando estaba todavía con ustedes; tenía que cumplirse todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos referente a mí." Entonces les abrió la mente para que entendieran las Escrituras. Les dijo: "Todo esto estaba escrito: los padecimientos del Mesías y su resurrección de entre los muertos al tercer día. Luego debe proclamarse, en su nombre, el arrepentimiento y el perdón de los pecados, comenzando por Jerusalén, y yendo después a todas las naciones, invitándolas a que se conviertan. Ustedes son testigos de todo esto".



Escuchando La Palabra


Lee este texto lentamente, varias veces, y percibe si alguna palabra, o frase, se destaca de las demás, y quédate con ella por el tiempo que quieras, antes de seguir leyendo.
Este ejercicio es como probar un dulce. No trates de analizar la frase, tal como no se debe mascar un dulce para que dure más, o que tampoco examinarías en qué consiste el dulce antes de probarlo.
A menudo una frase atraerá la atención de nuestro subconsciente, antes de nuestra mente consciente se dé cuenta de la razón de esa atracción. Por eso es bueno quedar meditando esa frase lo más posible, sin tratar de analizarla.
Pueden aparecer muchas distracciones en mi mente; pero algunos pensamientos, lejos de ser distracciones, pueden convertirse en la sustancia de mi oración. Es como si la frase de la Escritura fuera una linterna, que ilumina la corriente de mis pensamientos, memorias, reflexiones, sueños, esperanzas, ambiciones y temores, y mi oración llega a ser una mezcla de la Palabra y de mis pensamientos y sensaciones profundas.

Reflexiones sobre la lectura de hoy

  • Lucas quiere afirmar que el Cristo resucitado no es un fantasma o un puro espíritu. Todavía existe algo físico en Él, a pesar de que su cuerpo está transformado. Por eso Lucas presenta a sus discípulos no sólo mirándolo, sino tocándolo, y a Jesús no sólo hablando sino comiendo. Sin embargo, la naturaleza de Cristo resucitado siempre será un misterio.
  • “Tú eres testigo de estas cosas”. A través de todas las historias de la resurrección, la gente recibe la fe al encontrarse con Jesús y, al mismo tiempo, son testigos para los demás. ¿Cómo eres testigo para los que te rodean, tu familia, compañeros de trabajo, amigos y amigas?


Conversación


Como me ha llegado la Palabra? Me ha dejado indiferente?

Me ha consolado, o me ha impulsado a actuar en otra forma?

Imagino a Jesús mismo, sentado o de pie, cerca de mí.
Me vuelvo hacia Él y le abro mi corazón.



Conclusión


Gloria al Padre y al Hijo y al Espiritu Santo;
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Amen
Espacio Sagrado

martes, 18 de abril de 2017

VALDIVIA JÓVENES. ASAMBLEA REGIONAL el próximo sábado. Nuevo Consejo de Servicio 2017

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Presidente: Pablo Loyola Roldán
Encargada de Comunidades: Valentina Pino
Encargado Apostólico: Luis Ángulo
Encargado Espiritual: Benjamín Gutierrez
Tesorería: Ciriann Almonacid Olate
Secretaría: Carolina Obando Palma
Asesora Karen Ruminot

lunes, 17 de abril de 2017

SANTIAGO JÓVENES. Hasta mañana proceso de consulta CENSO CVX



El Consejo de Servicio ha invitado a todos los miembros de CVX Jóvenes Santiago a participar del proceso de consulta “CENSO CVX” donde se busca recoger datos sobre el estado actual de nuestra comunidad. El cuestionario engloba la actividad de los cevequianos y cevequianos entorno a los tres pilares que conforman el estilo de vida y carisma CVX.

Los resultados de este proceso serán presentados en el Encuentro de Reflexión del 20 de Abril: Una instancia abierta para todos los cevequianos de todas las generaciones donde se reunirán como Comunidad Mayor y dialogarán sobre las fortalezas, las debilidades, los sueños y los desafíos de la CVX Jóvenes de Santiago.


SEMANA SANTA EN EL COLEGIO SAN IGNACIO EL BOSQUE. JUAN CRISTÓBAL BEYTÍA SJ (sábado) Escuchar audio radio Duna


Hoy día quiero invitarlos a hacer una especie de continuación de la meditación del día de ayer. Algunas cosas que fui esbozando a propósito de que con esta gente, con nosotros, que hemos tenido caídas, muchas de esas caídas, feas caídas, con esta se va construyendo una Iglesia. Es la locura de Dios que de pronto decide hacer su proyecto para la humanidad con nosotros. Y esa es la locura, la locura de Dios.

A veces, a mi, yo les contaba que me ha tocado trabajar con alumnos de colegio y en la confirmación siempre se les plantea a ellos la pregunta de bueno, no sé si creo en Dios. Y ese es como el gran tema de los chiquillos de cuarto medio o de tercero. Y conversando con ellos les digo, mira, después de haberte conocido un poco, lo que realmente es tonto, no es creer en Dios, es que Dios crea en ti. Y es tal vez su mayor expresión de locura, de decir, yo pongo en tus manos, sabiendo como tu eres, este proyecto para la humanidad y quiero que tu te hagas cargo.

Ahora en el presente tenemos nosotros una dificutad bien grande porque estamos nosotros puestos en una cultura, que así como ayer vimos que era una cultura del exitísmo, estamos también en una cultura del individualismo y que se ve, por ejemplo, exacerbada, en una competencia, que es una competencia brutal, brutal y competimos. Y yo creo que en ciertos ámbitos es muy sano competir. En el juego es importante competir. La competencia despierta creatividad; la competencia despierta nuevas fuerzas que uno no sabía que tenía. Competimos y sin embargo no tenemos la lucidez de que en toda competencia, hay alguien que pierde y a veces competimos con gente que queremos. Y nos metemos tanto en ese régimen que perdemos la lucidez de que lo que estamos buscando no solo es que nosotros ganemos sino que pierda el otro. Y vamos dejando así, en medio de la vida, un montón de derrotados, de perdedores. Si bien la competencia está buena, para algunas cosas, para algunos juegos, hay cosas con las que no se juega. Y es importante no expandir ese paradigma competitivo más alla. La competencia nos va dejando solos.

En este siglo XX, apareció también otra idea que es la idea del individuo. Hay un librito muy bueno que se llama "La historia alternativa del siglo XX" de John Higgs, que se los recomiendo leer porque tiene perspectivas interesantes creativas. En este siglo XX, él dice, aparece la idea del individuo con todas sus necesidades. Desde el comienzo de siglo, de ese siglo, se ponen en cuestión los puntos de referencia absolutos de la física y aparece Einstein...

Escuchar audio de radio DUNA


domingo, 16 de abril de 2017

Francisco: "No sé cómo funciona esto, pero estoy seguro de que Cristo ha resucitado; yo apuesto sobre este mensaje". Video Santa Misa de Pascua y Mensaje Pascual y Bendición Urbi et Orbi


El Papa invita a "mirar hacia adelante en medio de tantas calamidades" en una improvisada homilía


"Mira más allá, donde no hay un muro, sino un horizonte: tu pequeña piedra tiene su sentido en la vida"


(Jesús Bastante).- ¡Cristo Vive! La esperanza que parecía sepultada detrás de la Cruz, renace con más fuerza con la luz del Resucitado, pese a las calamidades, las injusticias, los descartes. Tras la intensa e impresionante Vigilia Pascual, en el interior de la basílica, el Papa Francisco presidió, en una abarrotada plaza de San Pedro, la tradicional Misa de Pascua, previa a la bendición "Urbi et Orbi".
Tras la lectura del relato de la Resurrección, en latín y griego, y aunque no estaba previsto, Bergoglio se lanzó a una breve e impactante homilía, en la que pidió que la Resurrección de Jesús no se quede solo en las flores o en la magnificencia de celebraciones como la de esta mañana de aguacero en la plaza de San Pedro, sino que sirva para "encontrar un sentido en medio de tantas calamidades". "No sé cómo funciona esto, pero estoy seguro de que Cristo ha resucitado, y yo apuesto sobre este mensaje".
"Hoy, la Iglesia canta, grita, repite que Jesús ha resucitado. Que Pedro, Juan, las mujeres han ido al sepulcro y estaba vacío. Él no estaba", comenzó el Papa. "Habían ido con el corazón cerrado por la tristeza de un fracaso. El Maestro, su maestro, aquel al que tanto amaban, había sido ajusticiado y muerto. Y de la muerte no se regresa. Este es el camino del fracaso del sepulcro".
Pero, tras el anuncio del ángel, "y después de la confusión, el corazón cerrado... toda la jornada en el Cenáculo, encerrados, porque tenían miedo de que les sucediera a ellos lo mismo que a Jesús". "La Iglesia no deja de decir, a nuestros fracasos, nuestros corazones cerrados y con miedo, 'Párate, el Señor ha resucitado'", recordó el Papa. "Pero si el Señor ha resucitado, ¿cómo suceden tantas desgracias? ¿Por qué tantas enfermedades, tráfico de personas, trata de personas, guerras, destrucción, mutilaciones, venganzas, odio?", se preguntó.


En ese momento, relató cómo ayer llamó a un joven que padece una grave enfermedad. "Un chico culto, ingeniero. Le dije que no había explicaciones para lo que le sucedía, y que mirara a Jesús en la cruz: Dios ha hecho eso con su hijo. No hay otra explicación. Y él me respondió: 'Sí, pero Dios preguntó a su hijo, y el hijo dijo que sí. Y a mí no me han preguntado si yo quería esto'". "Esto nos conmueve: a ninguno de nosotros nos preguntan si estás contento con lo que sucede en el mundo, si estás dispuesto a llevar tu cruz. Pero la cruz sigue adelante", reconoció el Papa. "Y a veces, la fe en Jesús se nos cae".
"¿Para qué ha resucitado Jesús?", clamó Francisco, dirigiéndose a la multitud, y al imponente escenario, tan bellamente decorado para la ocasión. "Esto no es una fiesta para tantas flores, esto es bonito, pero es mucho más. Es el misterio de la piedra descartada, que termina por ser el fundamento de nuestra existencia. Jesús ha resucitado, y en esta cultura del descarte, donde lo que no sirve se usa y se tira, esa piedra descartada es fuente de vida. Y nosotros también somos esas pequeñas piedras en esa tierra de dolor, con la fe en Cristo resucitado encontramos un sentido en medio de tantas calamidades".
"El sentido de mirar más allá, donde no hay un muro, sino un horizonte, ahí está la vida, la alegría. Mira hacia adelante. No te cierres. Tu pequeña piedra tiene su sentido en la vida, porque eres parte de aquella gran piedra, que la malicia del pecado ha descartado", reclamó el Papa.


Frente a tantas tragedias, cada uno de nosotros, "piedrecitas que creen que se unen a aquella piedra, no serán descartadas, tienen un sentido. Con este sentimiento, la Iglesia repite desde dentro del corazón, Cristo ha resucitado".
"Pensemos cada uno de nosotros: hay problemas cotidianos, en las enfermedades que hemos vivido, que nuestros parientes han vivido, pensemos en las guerras, en las tragedias humanas. Y sencillamente, con voz humilde, sin flores, solos, delante de Dios, delante de nosotros mismos, no sé cómo funciona esto, pero estoy seguro de que Cristo ha resucitado, y yo apuesto sobre este mensaje", culminó el Papa, pidiendo a todos "volver a casa, diciendo, en vuestro corazón, que Cristo ha resucitado".

RD
Santa Misa de Pascua y Mensaje Pascual y Bendición Urbi et Orbi

sábado, 15 de abril de 2017

VIGILIA PASCUAL. Video completo. Homilía del Papa. Jesús Bastante y Andrés Beltramo informan

"¡El Señor está vivo, y queriendo resucitar en tantos rostros que han sepultado la esperanza!"


El Papa advierte en la Vigilia Pascual del riesgo de "acostumbrarnos a convivir con el sepulcro"


Francisco reivindica el papel de las mujeres, "capaces de no evadirse, capaces de aguantar"


Con la Resurrección, Cristo no ha movido solamente la piedra del sepulcro, sino que quiere también hacer saltar todas las barreras que nos encierran en nuestros estériles pesimismos, en nuestros calculados mundos conceptuales que nos alejan de la vida

(Jesús Bastante).- En la oscuridad de la noche, una luz se abre paso. Es Jesús, que vive, que ha resucitado. La fe cristiana cobra todo su sentido en esta noche, en que se pasa de la aparente derrota a la victoria definitiva, de la muerte a la vida, de la cruz al sepulcro vacío. Y los cristianos tienen la obligación de anunciarlo. "Si no somos capaces, entonces no somos cristianos", clamó Francisco durante la Vigilia Pascual.
Francisco bendijo el fuego nuevo en el atrio de una basílica de San Pedro a oscuras, que se iluminó al compartir el cirio con el resto de fieles. Y es que la luz, como el amor, crece cuando se transmite. El Jesús que hoy resucita nos lo muestra a borbotones, fuente viva de agua que no deja de correr.
Tras la liturgia de la luz, la de la Palabra, un bellísimo recorrido por las promesas de la Salvación que Dios hizo a los hombres, y que se cumplen en el Jesús que sale del sepulcro a la noche, en las palabras del ángel a las mujeres, las primeras testigos de la Resurrección: "¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?". Y el impresionante toque de todas las campanas de San Pedro, gritando a todo el que quiera oírlo que "Cristo vive", entre los mármoles romanos y en las chabolas del centro de África. Pese a los que, aún hoy, continúan matando a tantos cristos de carne y hueso, de sueños, de reformas. La vida, la Vida, siempre se impone.
"Les anuncio una gran alegría", proclama el lector. Y Francisco, en su homilía, invita a trasladarnos al momento en que María Magdalena y la otra María acuden al sepulcro. "Podemos imaginar esos pasos", comenzó el Papa, "pasos cansados de confusión". "Podemos imaginar sus rostros pálidos... bañados por las lágrimas y la pregunta, ¿cómo puede ser que el Amor esté muerto?".
"A diferencia de los discípulos, ellas están ahí", recordó Francisco. Dos mujeres "capaces de no evadirse, capaces de aguantar, de asumir la vida como se presenta y de resistir el sabor amargo de las injusticias". El reflejo de la realidad, que no siempre la Iglesia está preparada para comprender.
"Y si hacemos un esfuerzo con nuestra imaginación", prosiguió Bergoglio, "en el rostro de estas mujeres podemos encontrar los rostros de tantas madres y abuelas, el rostro de niños y jóvenes que resisten el peso y el dolor de tanta injusticia inhumana".


"Vemos reflejados en ellas el rostro de todos aquellos que caminando por la ciudad sienten el dolor de la miseria, el dolor por la explotación y la trata. En ellas también vemos el rostro de aquellos que sufren el desprecio por ser inmigrantes, huérfanos de tierra, de casa, de familia; el rostro de aquellos que su mirada revela soledad y abandono por tener las manos demasiado arrugadas", clamó el Papa.
"Ellas son el rostro de mujeres, madres que lloran por ver cómo la vida de sus hijos queda sepultada bajo el peso de la corrupción, que quita derechos y rompe tantos anhelos, bajo el egoísmo cotidiano que crucifica y sepulta la esperanza de muchos, bajo la burocracia paralizante y estéril que no permite que las cosas cambien. Ellas, en su dolor, son el rostro de todos aquellos que, caminando por la ciudad, ven crucificada la dignidad". El rostro de estas mujeres, primeros testigos, en el que "están muchos rostros, quizás encontramos tu rostro y el mío".
"Como ellas -prosiguió-, podemos sentir el impulso a caminar, a no conformarnos con que las cosas tengan que terminar así. Es verdad, llevamos dentro una promesa y la certeza de la fidelidad de Dios. Pero también nuestros rostros hablan de heridas, hablan de tantas infidelidades, personales y ajenas, hablan de nuestros intentos y luchas fallidas". La eterna lucha del corazón, que "sabe que las cosas pueden ser diferentes", con el riesgo, de "acostumbrarnos a convivir con el sepulcro, a convivir con la frustración. Más aún, podemos llegar a convencernos de que esa es la ley de la vida, anestesiándonos con desahogos que lo único que logran es apagar la esperanza que Dios puso en nuestras manos".


Frente a la resignación, el milagro, la promesa cumplida. "De pronto, estas mujeres recibieron una sacudida, algo y alguien les movió el suelo. Alguien, una vez más salió, a su encuentro a decirles: «No teman», pero esta vez añadiendo: «Ha resucitado como lo había dicho»".
Jesús vive. "No temamos hermanos, ha resucitado como lo había dicho. «La vida arrancada, destruida, aniquilada en la cruz ha despertado y vuelve a latir de nuevo» (cfr R. Guardini, El Señor). El latir del Resucitado se nos ofrece como don, como regalo, como horizonte", añadió el Papa. "El latir del Resucitado es lo que se nos ha regalado, y se nos quiere seguir regalando como fuerza transformadora, como fermento de nueva humanidad".
Porque, "con la Resurrección, Cristo no ha movido solamente la piedra del sepulcro, sino que quiere también hacer saltar todas las barreras que nos encierran en nuestros estériles pesimismos, en nuestros calculados mundos conceptuales que nos alejan de la vida, en nuestras obsesionadas búsquedas de seguridad y en desmedidas ambiciones capaces de jugar con la dignidad ajena".
"Dios irrumpe para trastocar todos los criterios y ofrecer así una nueva posibilidad", señaló Francisco, quien recalcó que, con su encuentro, Dios viene a "establecer y consolidar un nuevo tiempo, el tiempo de la misericordia. Esta es la promesa reservada desde siempre, esta es la sorpresa de Dios para su pueblo fiel: alégrate porque tu vida esconde un germen de resurrección, una oferta de vida esperando despertar".


Y, tras sentirlo, hay que "anunciar el latir del Resucitado, Cristo Vive", tal y como hicieron las mujeres, volviendo sobres sus pasos, "vuelven a la ciudad a encontrarse con los otros". Y así como ingresamos con ellas al sepulcro, "los invito a que vayamos con ellas, que volvamos a la ciudad, que volvamos sobre nuestros pasos, sobre nuestras miradas. Vayamos con ellas a anunciar la noticia, vayamos... a todos esos lugares donde parece que el sepulcro ha tenido la última palabra, y donde parece que la muerte ha sido la única solución".
"Vayamos a anunciar, a compartir, a descubrir que es cierto: el Señor está Vivo. Vivo y queriendo resucitar en tantos rostros que han sepultado la esperanza, que han sepultado los sueños, que han sepultado la dignidad. Y si no somos capaces de dejar que el Espíritu nos conduzca por este camino, entonces no somos cristianos", zanjó.
Tras la liturgia de la Palabra, la "liturgia bautismal", con la ceremonia de Bautismo y Confirmación de once personas, una de ellas española. Según informó el Vaticano, los nuevos cristianos a los que bautizará el papa serán cinco mujeres y seis hombres, entre ellos dos albaneses, tres italianos, un estadounidense, y otros procedentes de Malasia, Malta, República Checa y China.


Homilía del Papa Francisco:
«En la madrugada del sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María la Magdalena y la otra María a ver el sepulcro» (Mt 28,1). Podemos imaginar esos pasos..., el típico paso de quien va al cementerio, paso cansado de confusión, paso debilitado de quien no se convence de que todo haya terminado de esa forma... Podemos imaginar sus rostros pálidos... bañados por las lágrimas y la pregunta, ¿cómo puede ser que el Amor esté muerto?
A diferencia de los discípulos, ellas están ahí -como también acompañaron el último respiro de su Maestro en la cruz y luego a José de Arimatea a darle sepultura-; dos mujeres capaces de no evadirse, capaces de aguantar, de asumir la vida como se presenta y de resistir el sabor amargo de las injusticias. Y allí están, frente al sepulcro, entre el dolor y la incapacidad de resignarse, de aceptar que todo siempre tenga que terminar igual.
Y si hacemos un esfuerzo con nuestra imaginación, en el rostro de estas mujeres podemos encontrar los rostros de tantas madres y abuelas, el rostro de niños y jóvenes que resisten el peso y el dolor de tanta injusticia inhumana. Vemos reflejados en ellas el rostro de todos aquellos que caminando por la ciudad sienten el dolor de la miseria, el dolor por la explotación y la trata. En ellas también vemos el rostro de aquellos que sufren el desprecio por ser inmigrantes, huérfanos de tierra, de casa, de familia; el rostro de aquellos que su mirada revela soledad y abandono por tener las manos demasiado arrugadas. Ellas son el rostro de mujeres, madres que lloran por ver cómo la vida de sus hijos queda sepultada bajo el peso de la corrupción, que quita derechos y rompe tantos anhelos, bajo el egoísmo cotidiano que crucifica y sepulta la esperanza de muchos, bajo la burocracia paralizante y estéril que no permite que las cosas cambien. Ellas, en su dolor, son el rostro de todos aquellos que, caminando por la ciudad, ven crucificada la dignidad.
En el rostro de estas mujeres, están muchos rostros, quizás encontramos tu rostro y el mío. Como ellas, podemos sentir el impulso a caminar, a no conformarnos con que las cosas tengan que terminar así. Es verdad, llevamos dentro una promesa y la certeza de la fidelidad de Dios. Pero también nuestros rostros hablan de heridas, hablan de tantas infidelidades, personales y ajenas, hablan de nuestros intentos y luchas fallidas. Nuestro corazón sabe que las cosas pueden ser diferentes pero, casi sin darnos cuenta, podemos acostumbrarnos a convivir con el sepulcro, a convivir con la frustración. Más aún, podemos llegar a convencernos de que esa es la ley de la vida, anestesiándonos con desahogos que lo único que logran es apagar la esperanza que Dios puso en nuestras manos. Así son, tantas veces, nuestros pasos, así es nuestro andar, como el de estas mujeres, un andar entre el anhelo de Dios y una triste resignación. No sólo muere el Maestro, con él muere nuestra esperanza.


«De pronto tembló fuertemente la tierra» (Mt 28,2). De pronto, estas mujeres recibieron una sacudida, algo y alguien les movió el suelo. Alguien, una vez más salió, a su encuentro a decirles: «No teman», pero esta vez añadiendo: «Ha resucitado como lo había dicho» (Mt 28,6). Y tal es el anuncio que generación tras generación esta noche santa nos regala: No temamos hermanos, ha resucitado como lo había dicho. «La vida arrancada, destruida, aniquilada en la cruz ha despertado y vuelve a latir de nuevo» (cfr R. Guardini, El Señor). El latir del Resucitado se nos ofrece como don, como regalo, como horizonte. El latir del Resucitado es lo que se nos ha regalado, y se nos quiere seguir regalando como fuerza transformadora, como fermento de nueva humanidad. Con la Resurrección, Cristo no ha movido solamente la piedra del sepulcro, sino que quiere también hacer saltar todas las barreras que nos encierran en nuestros estériles pesimismos, en nuestros calculados mundos conceptuales que nos alejan de la vida, en nuestras obsesionadas búsquedas de seguridad y en desmedidas ambiciones capaces de jugar con la dignidad ajena.


Cuando el Sumo Sacerdote y los líderes religiosos en complicidad con los romanos habían creído que podían calcularlo todo, cuando habían creído que la última palabra estaba dicha y que les correspondía a ellos establecerla, Dios irrumpe para trastocar todos los criterios y ofrecer así una nueva posibilidad. Dios, una vez más, sale a nuestro encuentro para establecer y consolidar un nuevo tiempo, el tiempo de la misericordia. Esta es la promesa reservada desde siempre, esta es la sorpresa de Dios para su pueblo fiel: alégrate porque tu vida esconde un germen de resurrección, una oferta de vida esperando despertar.
Y eso es lo que esta noche nos invita a anunciar: el latir del Resucitado, Cristo Vive. Y eso cambió el paso de María Magdalena y la otra María, eso es lo que las hace alejarse rápidamente y correr a dar la noticia (cf. Mt 28,8). Eso es lo que las hace volver sobre sus pasos y sobre sus miradas. Vuelven a la ciudad a encontrarse con los otros.

Así como ingresamos con ellas al sepulcro, los invito a que vayamos con ellas, que volvamos a la ciudad, que volvamos sobre nuestros pasos, sobre nuestras miradas. Vayamos con ellas a anunciar la noticia, vayamos... a todos esos lugares donde parece que el sepulcro ha tenido la última palabra, y donde parece que la muerte ha sido la única solución. Vayamos a anunciar, a compartir, a descubrir que es cierto: el Señor está Vivo. Vivo y queriendo resucitar en tantos rostros que han sepultado la esperanza, que han sepultado los sueños, que han sepultado la dignidad. Y si no somos capaces de dejar que el Espíritu nos conduzca por este camino, entonces no somos cristianos.

Vayamos y dejémonos sorprender por este amanecer diferente, dejémonos sorprender por la novedad que sólo Cristo puede dar. Dejemos que su ternura y amor nos muevan el suelo, dejemos que su latir transforme nuestro débil palpitar.

RD



“El resucitado hace saltar nuestras desmedidas ambiciones”



El Papa Francisco celebra la vigilia pascual en la Basílica de San Pedro y recuerda el rostro de las mujeres que descubrieron el sepulcro vacío, el mismo roto de quienes hoy sufren el dolor por la miseria, por la explotación y la trata

Cristo quiere hacer saltar todas las barreras. Los obstáculos que encierran a los seres humanos en “estériles pesimismos”. En “nuestros calculados mundos conceptuales que nos alejan de la vida, en “nuestras obsesionadas búsquedas de seguridad” y las “desmedidas ambiciones, capaces de jugar con la dignidad ajena”. Es la resurrección de Cristo, anunciada por el Papa desde el altar mayor de la Basílica de San Pedro. Una resurrección que debe sacudir, y poner en marcha. Como explicó Francisco, esta noche durante la vigilia pascual. 

Ante autoridades políticas y diplomáticas, cardenales, obispos y más de cuatro mil fieles, el pontífice presidió la ceremonia del fuego nuevo. Con el alfa y la omega marcó un gran cirio pascual. Luego, sólo con esa luz, ingresó en el templo oscuro. Después, gracias al recuerdo de la resurrección, todas las luces se encendieron y comenzó la vigilia.  

Durante la homilía, el líder católico reflexionó sobre las mujeres que fueron a buscar el cuerpo de Cristo. María Magdalena y la otra María, con su paso cansado de confusión rumbo al sepulcro, debilitado como aquel de quien no se convence de que todo haya terminado de esa forma. Evocó sus rostros pálidos, bañados por las lágrimas y la pregunta: “¿cómo puede ser que el Amor esté muerto?”. 

Ellas, señaló, fueron mujeres capaces de no evadirse, capaces de aguantar, de asumir la vida como se presenta y de resistir el sabor amargo de las injusticias. Entonces invitó a hacer un ejercicio de imaginación para ver en sus caras, los rostros de tantas madres y abuelas, el rostro de niños y jóvenes que resisten el peso y el dolor de tanta injusticia inhumana. 

“Vemos reflejados en ellas el rostro de todos aquellos que caminando por la ciudad sienten el dolor de la miseria, el dolor por la explotación y la trata. En ellas también vemos el rostro de aquellos que sufren el desprecio por ser inmigrantes, huérfanos de tierra, de casa, de familia; el rostro de aquellos que su mirada revela soledad y abandono por tener las manos demasiado arrugadas”, ejemplificó.  

“Ellas son el rostro de mujeres, madres que lloran por ver cómo la vida de sus hijos queda sepultada bajo el peso de la corrupción, que quita derechos y rompe tantos anhelos, bajo el egoísmo cotidiano que crucifica y sepulta la esperanza de muchos, bajo la burocracia paralizante y estéril que no permite que las cosas cambien. Ellas, en su dolor, son el rostro de todos aquellos que, caminando por la ciudad, ven crucificada la dignidad”, agregó.  

Reconoció que los rostros de los fieles hablan de heridas, muchas infidelidades, personales y ajenas, hablan de nuestros intentos y luchas fallidas. Precisó que el corazón humano sabe que las cosas pueden ser diferentes, pero sin darse cuenta, muchos se acostumbran a convivir con el sepulcro, a convivir con la frustración, a convencerse que es la “ley de la vida”, terminando todo en una “triste resignación”.  

Pero advirtió que esas mujeres fueron sacudidas, algo les movió el suelo y una voz les dijo: “No teman, ha resucitado como lo había dicho. La vida arrancada, destruida, aniquilada en la cruz ha despertado y vuelve a latir de nuevo”. 

“El latir del resucitado se nos ofrece como don, como regalo, como horizonte. El latir del resucitado es lo que se nos ha regalado, y se nos quiere seguir regalando como fuerza transformadora, como fermento de nueva humanidad. Con la resurrección, Cristo no ha movido solamente la piedra del sepulcro, sino que quiere también hacer saltar todas las barreras que nos encierran en nuestros estériles pesimismos, en nuestros calculados mundos conceptuales que nos alejan de la vida, en nuestras obsesionadas búsquedas de seguridad y en desmedidas ambiciones capaces de jugar con la dignidad ajena”, aseguró.  

Precisó que, cuando el sumo sacerdote y los líderes religiosos, en complicidad con los romanos, creyeron que podían calcularlo todo, cuando creyeron que la última palabra estaba dicha y que les correspondía a ellos establecerla, Dios irrumpió para trastocar todos los criterios y ofrecer así una nueva posibilidad.  

Entonces, dijo, Dios, una vez más, salió al encuentro del ser humano para establecer y consolidar un nuevo tiempo, el tiempo de la misericordia. Porque –siguió- esa es la promesa reservada desde siempre, es la sorpresa de Dios para su pueblo fiel.  

Ese latir del resucitado cambió el paso de aquellas mujeres, las hizo alejarse rápidamente y correr a dar la noticia, las hizo volver sobre sus pasos y sobre sus miradas, volvieron a la ciudad a encontrarse con los otros. Por eso, invitó a todos a “ir con ellas”, volver a la ciudad y anunciar la noticia, a todos esos lugares donde parece que el sepulcro ha tenido la última palabra, y donde parece que la muerte ha sido la única solución.  

“Vayamos a anunciar, a compartir, a descubrir que es cierto: el señor está vivo. Vivo y queriendo resucitar en tantos rostros que han sepultado la esperanza, que han sepultado los sueños, que han sepultado la dignidad. Y si no somos capaces de dejar que el espíritu nos conduzca por este camino, entonces no somos cristianos”, destacó.  

“Vayamos y dejémonos sorprender por este amanecer diferente, dejémonos sorprender por la novedad que sólo Cristo puede dar. Dejemos que su ternura y amor nos muevan el suelo, dejemos que su latir transforme nuestro débil palpitar”, ponderó. 

Después de la homilía, el Papa confirió el sacramento del bautismo a 11 catecúmenos, personas que se convirtieron al catolicismo ya en edad adulta. De ellos, tres son italianos, dos albaneses y el resto proviene de Malta, España, República Checa, Estados Unidos, Malasia y China. 

Andrés Beltramo

Vatican Insider

viernes, 14 de abril de 2017

SEMANA SANTA EN EL COLEGIO SAN IGNACIO EL BOSQUE. JUAN CRISTÓBAL BEYTÍA SJ (viernes mañana) Escuchar audio radio Duna


"Yo voy a hablar de hartas cosas. Soy casi tan disperso como Fernando Montes. Voy a hablar de hartas cosas y en eso quiero invitarlos a que ustedes, a lo largo de estos puntos que voy a dar, vayan haciéndole caso a su corazón. De pronto hay afirmaciones que a uno le remecen, a veces, porque uno hace sintonía con ellas y, otras veces, porque uno lo cuestiona o le quebrán algo o no está de acuerdo con ellas. Está bien, póngale atención a eso porque porque por ahí puede haber algo de lo que Dios quiera invitarlos a rezar, durante esta mañana y tomen nota, tomen nota de eso.

Quisiera hoy día, invitarlos a mirar este Viernes Santo, lo que significa el fracaso en la vida humana y uno puede decir bueno el Padre se puso medio depresivo con esto. Quiero invitarlos a que miremos el fracaso con lo que eso significa en la vida nuestra, en la vida de Jesús, en la sociedad también.

Nosotros estamos en una cultura que es una cultura bien exitista donde se niega muchas veces la dificultad, se niega la problemática. Cuando uno se cruza con alguien en la calle: ¿cómo estas? Bien ¿y tú? Bien. Como que siempre uno está bien, no quiere entrar en zonas que son más delicadas, más difíciles. Cuando a uno le sucede algo malo en la vida, la gente que lo quiere lo va a saludar, le da un gran abrazo y le dice, todo va a estar bien. Los papás le dicen a los hijos, cuando están pasando por un período o momento de dolor, todo va a estar bien. Estamos llenos de películas difíciles donde los héroes triunfan, las heroínas salen victoriosas. Y hoy día, en esta cultura del éxito, los jóvenes tienen actualmente metas que son también un reflejo de eso: lucro, goce, éxito y brillo social. Autoafirmación, cualificación y perfección moral. Básicamente, uno podía reducir lo que aspiran a hacer los jóvenes, como ser reconocido públicamente, ser querido, sin que necesariamente tenga yo que darme o entregarme. sacar siempre ventajas y mostrar, más que poseer, en realidad, mostrar cualidades apreciables y excepcionables. Disfrutar siempre en todo y nunca derrotado. ese es el, más o menos, panorama que tiene un joven cuando  le pregunta uno que es lo que más te gustaría que sucediese en tu vida.

Y cuando nos fijamos, nosotros, en la vida de Jesús, por ejemplo, en sus tentaciones, que están en el capítulo cuatro del Evangelio de Mateo, las tentaciones siempre apuntan a modos de éxito que son en solitario. resolver la necesidad de pan, la vanidad corta, espectacular, la soberbia del que puede poseer, así en un chispazo el dominio de todos los reinos del mundo. éxito corto, rápido, de impacto..."

Pueden escuchar el audio, de radio Duna, aquí

Todo se cumplió, pero... queda mucho por hacer por Juan Masiá sj

Viernes Santo. Jesús muere gritando: no está todo consumado, os paso el testigo y entrego el Espíritu
En un twitter sedicente “anti-bergogliano”, leo que se alegran desde la oposición al Papa, diciendo así: “No le va a dar tiempo a su reforma, vendrá después un Juan Pablo III que haga volver la riada al cauce”.
En un blog digital de entusiastas de la primavera de Francisco, leo que se lamentan animados por su carisma, quienes dicen así: “Qué lástima, le va a faltar tiempo para culminar las reformas. Tememos que venga después otra vez la restauración ratzingeriana”.
Los anti-bergoglianos se alegrarían de que a Francisco no le de tiempo a consumar la tarea. Los pro-Francisco se impacientan temerosos de que no le de tiempo para decir consummatum est.
Unos y otros necesitarán (necesitaremos) meditar en Semana Santa el sentido exacto del Consummatum est: Todo está cumplido, sí, mas... no todo está consumado, puesto que aún queda mucho por hacer.
Pienso que a Francisco (que tanto repite lo de la prioridad del tiempo largo de discernimiento, más que el control de los espacios de poder) no le preocupa ninguna de estas dos voces (enemigas por defecto o amigas por exceso) sobre la falta de tiempo; ni le inquieta la voz de quienes desean acelerar su final, ni le seduce la de los que le desean larga vida.
Quien ha meditado y predicado, como Francisco, durante muchos años la tercera semana de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio: Pasión de Cristo, confórtame, conoce bien el tema: A Jesús no le dio tiempo, a Jesús se le quedó mucho, o casi todo, por hacer. Jesús muere quedándosele tantas cosas pendientes...


Aunque su muerte-resurrección consuma la obra de la salvación, Jesús muere encargando a sus seguidores la realización en la historia de la misión para la que les entrega su Espíritu al expirar.
Dos gritos estentóreos de Jesús al agonizar y expirar. Grita como fuera de sí. Un grito de queja y un grito de victoria.
Un primer grito que protesta: “¿Hasta cuándo, Padre, hasta cuándo? ¿Por qué, Abba, por qué? ¿Por qué a mí? ¿Por qué de este modo? Es el grito de Job. Es nuestro grito, cuando creemos en Dios, no porque resuelva el mal, sino a pesar de que se calla y no lo resuelve como quisiéramos. Es un grito de queja, fuera de sí ante lo insoportable del silencio de Abba.
Y, a continuación, otro grito, el de quien muere “expulsando el último aliento”, “expeliendo (en griego eksepneusen) su espíritu, su pneuma, entregando su espíritu a Abba y entregándonos su Espíritu para que nos haga vivir, dándones la fe en la resurrección como morir hacia la Vida.


Si el primer grito era el desesperado: “¿hasta cuándo, por qué?, el segundo grito es el que clama: “¡Por fin! ¡Al fin!”. Por fin se llega a un fin que es un comienzo. Aunque al crucificado se le quede todo por hacer en esta vida, su vida y misión sin terminar, sin embargo “todo está consumado y realizado”, no hay que añorar pasados nsotálgicos ni soñar futuros idealizados. Es el “hoy” del Presente de la Vida. Es la entrada en la otra cara del presente: ya no hay engaño de muerte y vida, sino vida verdadera resucitada. Muerte, resurrección y ascensión son todo uno en el Pentecostés del triunfo del Espíritu.
Acostumbrados a la traducción de la Vulgata latina, consummatum est: “todo está consumado” (Jn 19, 30), quizás pasa inadvertido el doble sentido tan rico de esa expresión: ya está cumplido y ya está entregado. Por una parte, Jesús muere demasiado pronto, quedándosele tantas cosas por hacer, tantas palabras que decir, tantos abrazos que dar... en el momento de morir hacia la Vida. Por otra parte, la continuación de su obra y la realización del Reinado de Dios está totalmente entregada en manos de la comunidad que se reunirá por su Espíritu. A ella le entrega el Espíritu al expirar el último aliento del suyo, que es el primero de la constitución de su iglesia por el Espíritu. Esta entrega, dramatizada en el brote de sangre y agua del costado abierto, es recibida por Juan y Magdalena, primera comunidad eclesial, amparada por la Madre de Jesús, la Piedad del Descendimiento, que se convierte en Madre de la Iglesia.
Jesús murió quedándosele mucho por hacer, pero su muerte no es una derrota, porque lo principal está cumplido y entregado. La garantía de su continuidad es su propio espíritu, entregado y vivo como Espíritu de Vida del Resucitado. Por eso pudo morir, por una parte, inclinando la cabeza (Jn 19, 30) y, por otra parte, puede morr gritando (Lc 23, 46 Mc 15, 37 Mt 27, 50). Muere gritando un grito de victoria, porque morir es salir fuera de sí para extenderse a todo, es salir de sí para entrar definitivamente en el misterio de la Vida. Morir es resucitar: no como re-vivir, sino como vivir plenamente y de veras en la vida de la Vida.


Ampliación exegética:

(Me disculpo por la extensión de estas líneas; el tema requiere una columna larga, más que un breve post del blog... Me alegraría que nos ayuden a meditar durante Semana Santa).
El cuarto evangelio lo cuenta así: “Cuando probó el vinagre, dijo Jesús: -Queda terminado (tetélestai, queda cumplido, acabado, concluído). Y, reclinando la cabeza, entrregó el Espíritu” (Jn 19, 30).
El momento de expirar Jesús hacia la Vida (muerte y resurrección son simultáneas), es la génesis y entrega del Espíritu. Si se pone la frase en arameo, se expresaría con el mismo verbo: “entregar” (shelem, raíz S-L-M), lo que en griego y latín son dos verbos diferentes: 1) “todo está cumplido-entregado” (gr. tetelestai, lat. consummatum est) y 2) “entregó el espíritu” (gr. parédoken to pneuma, lat. tradidit spiritum). Lo comenta muy bien Abdelmumin Aya, en un libro cuya lectura no me canso de recomendar: El arameo en sus labios, Fragmenta editorial, Barcelona, 2013, pp. 133-136, cap. 22: La consumación).
Marcos relata escuetamente que Jesús muere gritando “¿por qué?”: “A media tarde clamó Jesús dando una gran voz (phoné megále): -Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?... Jesús, lanzando una gran voz, expiró (exepnéusen, expulsó el último aliento)” (Mc 15, 34-37). La expresión del “por qué”, dirigida a Dios, está tomada del comienzo del salmo 21 (22), que convierte en oración la queja ante el silencio divino: Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado; a pesar de mis gritos, mi oración no te alcanza. De día grito, y no respondes; de noche, y no me haces caso. Esta oración no es la de quien “tira la toalla, desengañado”, sino la que brota de las entrañas de fe y hace posible la paradoja de “desesperación esperanzada y la esperanza desesperada” (“Noche oscura del alma, eres nodriza / de la esperanza en Cristo salvador...” (Unamuno, El Cristo de Velázquez).
Mateo lo cuenta también recogiendo la tradición del doble grito (phoné megále) de Jesús antes de morir: “A media tarde gritó Jesús muy fuerte: -¿Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?... Jesús dio otro fuerte grito y exhaló el espíritu (aphéken to pneuma, dejó salir de sí efusión de espíritu” (Mt 27, 46-50). Frente a la incredulidad de quienes retaban a Jesús a bajarse de la cruz milagrosamente (la última tentación) e interpretaban el “por qué me has abandonado” como fracaso, la lectura de fe percibe en el grito estentóreo de Jesús un clamor de victoria, en el que se mezcla la angustia de Getsemaní (Mt 26, 38: aparta de mí este cáliz) con la efusión del Espíritu que había animado el camino de Jesús y animará a sus seguidores para llevar a cabo la misión que él les encargará (Mt 28, 16-20).
Luce en la majestad de tu tormento/ la luz del abandono sin reserva /resignación que es libertá-absoluta/ y el ¡Hágase tu voluntad! Reviste/ con velo esplendoroso tu martirio / Silencio, desnudez, quietud y noche/ Te revisten, Jesús, como los ángeles / de tu muerte; se calla el Dios desnudo / y quieto en su tiniebla. De tu Padre / dentro el silencio fiel tan solo se oye... Unamuno, El Cristo de Velázquez).
Lucas conserva la tradición sobre el fuerte grito (phoné megále) de Jesús al morir, pero las palabras que pone en labios de Jesús son las del salmo 30 (31): “A tus manos encomiendo mi espíritu. Y diciendo así, ex-piró (exekpnéusen).

Juan Masiá Clavel
Vivir y pensar en la frontera
RD