martes, 16 de diciembre de 2014

"Ética de brújula y faro, en vez de moral de semáforo en rojo". Juan Masiá, sj., comienza a contestar las nuevas preguntas del Sínodo de la Familia


"Pensemos las respuestas desde una ética de criterios flexibles para situaciones diversas"


Ética de brújula y faro, en vez de moral de semáforo en rojo.

(Notas al cuestionario del Sínodo: Pregunta preliminar)
La pregunta previa referida a todas las secciones dice así: ¿La descripción de la realidad de la familia presente en la Relatio Synodi corresponde a lo que se observa en la Iglesia y en la sociedad de hoy?
A continuación, el Cuestionario explica la intención de esta pregunta preliminar, destinada a orientar todo el conjunto de las 45 preguntas, y dice que estas “preguntas desean facilitar el debido realismo en la reflexión de cada episcopado, evitando que sus respuestas puedan ser dadas según esquemas y perspectivas propias de una pastoral meramente aplicativa de la doctrina” .
Es decir, que las preguntas están hechas desde la ética de brújula y faro, en lugar de la moral de semáforo. Por tanto, conviene que pensemos las respuestas para hacer propuestas con la misma mentalidad abierta de las preguntas.
Es decir, que pensemos las respuestas desde una ética de criterios flexibles para situaciones diversas, en vez de una moral de normas inflexibles aplicadas a casos homogeneizados.
Las doctrinas no son intocables, sino evolucionan. Aunque no cambie la fe, sí evolucionan las creencias que la expresan.
La moral cerrada es “binaria”: 1) normas inflexibles y 2) casos homogéneos.
La ética abierta es “ternaria”: 1) criterios de valores, 2) normas para protegerlos y 3) situaciones diversas.
El filósofo Paul Ricoeur hablaba de dos momentos éticos: el anterior y el posterior a las normas. Para evitar la exageración de aplicar automáticamente normas a casos, hay que partir de la realidad concreta de las situaciones, orientada a la luz de los criterios de valores, que están por encima y preceden a las normas.
Así es la ética de criterios y actitudes, en vez de recetas sin excepciones.
No es una moral meramente deductiva como la que proponía al Concilio Vaticano II aquel esquema preparatorio Sobre el orden moral (felizmente rechazado por el Concilio; lo que dió lugar al alumbramiento de la ética responsable de la Gaudium et spes, lamentablemente maltratada por la teología de Karol Woijtila en la Veritatis splendor) .
Pero la ética abierta tampoco es el otro extremo; no es una moral de situación, sin normas ni criterios. La ética abierta sabe flexibilizar la aplicación de las normas a los casos, pero a la luz de los criterios. Se orienta con la brújula y el faro (criterios, valores), a la vez que mira siempre la realidad ante sus ojos (que le obliga a girar dando un rodeo para esquivar un obstáculo, caminar un rato en dirección opuesta y volver después a la dirección que apuntaba la brújula).
La ética abierta es inductiva y orientada: mira inductivamente la realidad concreta de las situaciones y la ilumina con la luz de los criterios de valores. Por eso no es extraño que nuevas situaciones obliguen a flexibilizar las normas guiadas por los criterios de valores.

En resumen, una ética de criterios y actitudes, a la vez que de atención a lo irrepetible de las situaciones y las personas. Llevan aprendiéndola varias décadas las generaciones formadas en la renovación postconciliar de la mano por ejemplo, de Häring, McCormick, Vidal, Gafo y un larguísimo etcétera... a menudo atacada por la casta de los “inquisidores”...

Juan Masiá Clavel S.J.
Convivencia de Religiones
RD


jueves, 11 de diciembre de 2014

PUERTO MONTT: Encuentro de diálogo y reflexión con Felipe Berríos S.J.


El próximo 17 de diciembre, a las 19.30 horas, en el colegio San Francisco Javier


Felipe Berríos, la historia y carrera social del sacerdote jesuita



"Estamos en un país llenos de cosas, pero no más felices. La gente está muy agresiva y violenta", afirmó al recordar su impresión tras llegar al país.

JESUITAS: África Oriental: si el pueblo de Dios se mueve, la Iglesia se mueve


Uganda: Celso Romanin SJ escuchando una confesión en Adjumani en los años noventa


Las personas en movimiento son la iglesia, el pueblo de Dios, en el contexto particular del desplazamiento, la migración y el exilio (Michael Coyne)

Nairobi, el 10 de diciembre de 2014 – La iglesia siempre ha estado, de una u otra forma, cerca de las personas que se desplazan. Para las primeras comunidades cristianas, la hospitalidad era una actitud fundamental y una forma de vida. Durante siglos, los albergues ofrecieron refugio a viajeros y peregrinos, preocupándose especialmente por los vulnerables. Hoy en día, el servicio a los refugiados es un campo misionero clave, donde se proclama la Buena Nueva del amor y la compasión de Jesús. Recordando la observación del fundador del JRS Pedro Arrupe, "si el pueblo de Dios se mueve, la Iglesia se mueve", Agbonkhianmeghe Orobator destaca la estrecha relación entre iglesia y desplazados.

Dios no abandona a su pueblo: incluso en el exilio, está presente, acompañándolos todo el camino. Ser conscientes de ello puede cambiar nuestra comprensión de Dios. Él, que caminó junto a los refugiados del Éxodo bíblico, en busca de una tierra libre de la esclavitud, sigue caminando con los refugiados de hoy. Acompañando a los refugiados nosotros, como Dios, "levantamos nuestra tienda" entre ellos y nos convertimos en un signo vivo de que la iglesia no los ha olvidado.

El teólogo ugandés Peter Kanyandago hizo en cierta ocasión una pregunta punzante: "¿Qué es la iglesia en un continente donde 20 millones de personas viven en el exilio?". Teológicamente hablando, creo que la experiencia del desplazamiento arroja luz sobre el sentido de la iglesia. Esto me quedó claro hace unos años cuando visité los campamentos de refugiados en el este de África. Aunque el propósito principal de la visita era recopilar datos para mi tesis doctoral, las historias y testimonios de los refugiados acompañados por el JRS confirmaban la verdad de la afirmación de que los refugiados encarnan una imagen de la iglesia como pueblo de Dios. Esta comprensión está profundamente arraigada en las Escrituras.

La apreciación teológica cristiana del desplazamiento se basa en eventos, historias y relatos del Viejo y Nuevo Testamento. La experiencia de la emigración, el exilio y la deportación dieron forma a la relación del pacto entre el pueblo de Israel y su Dios.

Desde la migración de Abraham (Génesis 12) a la huida de José y María a Egipto para salvar la vida de su hijo recién nacido, Jesús (Mateo 2:13-15), Dios se revela a sí mismo como un Dios que constantemente acompaña a su pueblo. Recuerdo una conversación con un catequista, Juvenal Niboye, en el campamento de Lukole, en Tanzania, sobre la interpretación teológica de ser un refugiado. Él dijo: "Nuestra experiencia del exilio es como la de los israelitas en Egipto. Dios los elige como su pueblo... Pertenecen a Dios, que les llevará a casa". Para él, ser un refugiado no significa que Dios le haya abandonado; al contrario, él creía que Dios estaba presente en su experiencia, y que Dios le acompañará a casa. El desplazamiento y el exilio no despojan a los refugiados de la presencia y el acompañamiento de Dios.

Desde una perspectiva de la fe, el desplazamiento no se refiere sólo a personas aisladas que van de un lugar a otro; es la iglesia, en su sentido original, como pueblo de Dios, que se ha movido y ha sido desplazada. Las personas en movimiento son la iglesia, el pueblo de Dios, en el contexto particular del desplazamiento, la migración y el exilio. El fundador del JRS, el P. Pedro Arrupe SJ, capturó esta idea concisamente al decir: "Si el pueblo de Dios se mueve, la Iglesia se mueve". La declaración de Arrupe establece una conexión fundamental entre 'Iglesia' y 'pueblo', sin importar la situación socioeconómica o política de este último. Decir que la iglesia se mueve cuando la gente se mueve sugiere que la iglesia no existe al margen de las personas. Es tan fuerte esta relación que las condiciones reales o la situación de la población refleja el lugar y la identidad de la comunidad cristiana. Esto explica por qué, tal vez, el Consejo Pontificio para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes, propuso la idea radical de que sacerdotes y obispos no sólo deben visitar a su gente en los campamentos de refugiados y asentamientos, sino que en realidad deberían seguirles en el exilio. La idea de que obispos y sacerdotes sigan a los refugiados en el exilio muestra claramente la realidad del acompañamiento como una metáfora o una imagen de la iglesia.

Cuando visité el campamento de Kakuma, el obispo Harrington, quien en ese momento era obispo de Lodwar, utilizaba la imagen de la vida nómada del pueblo turkana para describir la identidad de la iglesia. "La iglesia está en constante movimiento", dijo; "se ha convertido en una iglesia nómada, desplazada aquí y allá. "Es evidente que ser un refugiado en las áridas tierras de Turkana es una experiencia traumática y neurálgica. Sin embargo, desde la perspectiva de la fe, la idea de "nomadismo" se refiere a la esencia de la iglesia. En otras palabras, en el contexto de esta reflexión, los refugiados encarnan el significado de la iglesia como un pueblo peregrino, tal y como apuntaron los directores del JRS en una reunión celebrada en Chiang Mai, Tailandia, en 1985: "Para la iglesia, los refugiados son un constante recordatorio de que el pueblo de Dios es esencialmente un pueblo peregrino, nunca se detiene, siempre en movimiento, siempre buscando, siempre yendo más lejos". El Consejo Mundial de Iglesias coincide al afirmar que "la travesía de fe de las personas que sufren desarraigo es patrimonio de toda la Iglesia. En tanto que nuestra comprensión del amor de Dios se ha ilustrado en la historia de la iglesia a través del Antiguo Testamento sobre el exilio, también la iglesia de hoy debe recibir la palabra de Dios a través del testimonio de las personas desarraigadas". Sin embargo, no basta con reiterar el principio de que los refugiados nos recuerdan la naturaleza peregrina de la Iglesia. Entender el fenómeno de los refugiados en este contexto genera responsabilidades éticas y morales de solidaridad, hospitalidad y acompañamiento. Mi enfoque se centra en el acompañamiento.

El acompañamiento exige presencia; no tiene sentido a distancia. Una comunidad cristiana auténtica y viva es aquella en la que nadie queda atrás; es un lugar de 'con-tacto' y 'estar con' – hombro con hombro y frente a frente – donde nos acompañamos unos a otros como seguidores (y siguiendo el ejemplo) de Jesucristo. En este contexto, el acompañamiento permite a la comunidad cristiana en el exilio profundizar en la conciencia de su identidad como encarnación viviente de la Iglesia y como una comunidad de testigos. En su mensaje de 2001 para la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, el Papa Juan Pablo II destacó que "la historia demuestra que en los casos donde los fieles católicos fueron acompañados durante su traslado a otros países, no sólo preservaron su fe, sino que también encontraron un terreno fértil para profundizar en ella, personalizarla y dar testimonio a través de sus vidas".

Durante los años en que he estado vinculado al JRS, me he encontrado con algunos ejemplos notables de acompañamiento y presencia. Recuerdo al sacerdote diocesano de Burundi, el P. Leonidas Njebarikanuye, que vivió en el campamento de Kanembwa, Tanzania; a los jesuitas que vivían en el campamento de Rhino, Uganda; y a los sacerdotes de la SMA (Sociedad de Misiones Africanas) que vivían en el campamento de Benaco, Tanzania. En realidad, más que la proximidad física, importa la calidad de nuestra presencia y del acompañamiento de los desplazados como la iglesia peregrina de Dios. "La mera presencia de una hermana o un sacerdote (o una laica o un laico) en un campamento es una señal, para los refugiados, de la presencia de la iglesia, que también recorre sola ese camino; un signo de que la Iglesia se preocupa" (Los refugiados son personas, Simon E . Smith y Joseph G. Donders).

En el análisis final, la conciencia de que el acompañamiento de los refugiados encarna la imagen y la identidad de la iglesia como el pueblo peregrino de Dios transforma nuestra comprensión sobre Él: "Dios, que caminaba con los refugiados del Éxodo en busca de una tierra libre de toda esclavitud, sigue haciéndolo con los refugiados de hoy", en palabras del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes. En este caso, hay algo profundamente evocador de la Encarnación. El catequista Niboye me dijo: "Dios ha plantado su cahute o blindé ('cabaña') en medio de su pueblo desplazado". Creo que cuando acompañamos a los refugiados ponemos la tienda en medio del pueblo de Dios. El veterano agente de pastoral del JRS, P. Gary Smith SJ, llama a esta experiencia "una teología mística de la presencia entre la gente".

Agbonkhianmeghe E. Orobator SJ
Provincial Jesuita Provincia de África Oriental

JRS

"El tiempo para encontrar soluciones globales se está agotando". Texto completo mensaje del Papa


Duro mensaje del Papa Francisco a la Cumbre del Clima que se celebra en Lima


Anima a "una responsable respuesta colectiva" para luchas contra el calentamiento global


El papa Francisco advirtió a los países participantes en la cumbre del Clima que se está celebrando en Lima que el tiempo para encontrar soluciones al cambio climático "se está agotando".
Así se lee en el mensaje que envió al ministro de Medio Ambiente peruano y presidente de esta conferencia sobre el cambio climático, Manuel Pulga Vidal, y que publicó hoy la oficina de prensa del Vaticano.
"El tiempo para encontrar soluciones globales se está agotando. Solamente podremos hallar soluciones adecuadas si actuamos juntos y concordes. Existe, por tanto, un claro, definitivo e impostergable imperativo ético de actuar", aseveró el pontífice.
Para Francisco, la lucha contra calentamiento global "será posible únicamente con una responsable respuesta colectiva, que supere intereses y comportamientos particulares y se desarrolle libre de presiones políticas y económicas".
Y agregó que una respuesta colectiva puede ser también capaz "de superar actitudes de desconfianza y promover una cultura de la solidaridad, del encuentro y el diálogo y capaz de mostrar la responsabilidad de proteger el planeta y la familia humana"
En el mensaje, el pontífice argentino expresó su "cercanía y aliento" a los participantes y a éstos les recordó que los temas que se están debatiendo "afectan a toda la humanidad,en particular a los más pobres y a las generaciones futuras".
"Más aún, se trata de una grave responsabilidad ética y moral", destacó.
Francisco recordó que es "significativo que la conferencia se desarrolle en las costas adyacentes a la corriente marítima de Humboldt, que une en un abrazo simbólico los pueblos de América, Oceanía y Asia y que cumple un papel determinante en el clima de todo el planeta".
Según el pontífice, "las consecuencias de los cambios ambientales, que ya se sienten de modo dramático en muchos Estados, sobre todo los insulares del Pacífico, nos recuerdan la gravedad de la incuria y de la inacción".
Francisco concluyó el mensaje deseando que la Conferencia de Lima, así como en los encuentros sucesivos, "sean decisivos para las negociaciones sobre el clima".
TEXTO COMPLETO DEL MENSAJE DEL SANTO PADRE
A Su Excelencia el Señor Manuel Pulga Vidal, Ministro de Medio Ambiente de la República del Perú y Presidente de la vigésima Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (Lima, 1 - 12 Diciembre 2014)
Excelencia:
Los primeros 12 días del mes de diciembre de 2014, la ciudad de Lima y el pueblo del Perú tendrán el honor de acoger la vigésima Conferencia de las Partes de la Convención marco de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, cuya agenda se propone verificar la marcha de la aplicación de ese instrumento jurídico, de contenido crucial en el presente momento histórico. Junto con mis saludos a Usted, Señor Presidente, y a todos los organizadores y participantes en dicha Conferencia, quiero enviarles mi cercanía y aliento, para que los trabajos de estos días se lleven a cabo con espíritu abierto y generoso. Lo que Ustedes van a debatir afecta a toda la humanidad, en particular a los más pobres y a las generaciones futuras. Más aún, se trata de una grave responsabilidad ética y moral.
No deja de ser significativo que la Conferencia se desarrolle en las costas adyacentes a la corriente marítima de Humboldt, que une en un abrazo simbólico los pueblos de América, Oceanía y Asia y que cumple un papel determinante en el clima de todo el planeta. Las consecuencias de los cambios ambientales, que ya se sienten de modo dramático en muchos estados, sobre todo los insulares del Pacífico, nos recuerdan la gravedad de la incuria y de la inacción. El tiempo para encontrar soluciones globales se está agotando. Solamente podremos hallar soluciones adecuadas si actuamos juntos y concordes. Existe, por tanto, un claro, definitivo e impostergable imperativo ético de actuar.
La lucha eficaz contra el calentamiento global será posible únicamente con una responsable respuesta colectiva, que supere intereses y comportamientos particulares y se desarrolle libre de presiones políticas y económicas. Una respuesta colectiva que sea también capaz de superar actitudes de desconfianza y promover una cultura de la solidaridad, del encuentro y el diálogo; capaz de mostrar la responsabilidad de proteger el planeta y la familia humana.
Deseo de corazón que en la Conferencia de Lima, así como en los encuentros sucesivos, que serán decisivos para las negociaciones sobre el clima, se dé un diálogo impregnado de esta cultura y de los valores que la sustentan: justicia, respeto y equidad.
Con este mensaje, Señor Presidente y señores participantes en la Conferencia, formulo mis mejores deseos para que sus reflexiones e iniciativas sean fructíferas y estén al servicio de todos los hombres. A la vez que rezo por sus deliberaciones, para que se vean colmadas de éxitos abundantes, invoco sobre Ustedes y sobre todos los participantes en este significativo encuentro la Bendición del Altísimo, que pido se extienda a todos los ciudadanos de los países que Ustedes representan.
Reciba, Señor Presidente, mi más atento y cordial saludo.
Francisco

El Sínodo pide más participación por Jorge Costadoat S.J.



Entre el primer sínodo y el segundo hay mucho en juego



Debe destacarse como una de las mayores novedades del pontificado de Francisco, la de haber dado participación a los católicos en una decisión crucial de su gobierno de la Iglesia. No se está en vía de sustituir el régimen actual de gobierno por el de una democracia directa. Sería absurdo esperarlo. Sin embargo, el modo como el Papa ha querido abordar el tema del último Sínodo está despertando a un Pueblo de Dios que parecía morir de no ser tomado en cuenta. De no ser considerados prácticamente para nada, los laicos, y también los sacerdotes e incluso los obispos, son ahora exigidos a pronunciarse sobre materias decisivas para la transmisión de la fe.
Nuevamente el Papa larga al Pueblo de Dios un cuestionario con preguntas (traducción del original en italiano: www.sinodofamilia2015.wordpress.com) para trabajar el documento final del Sínodo sobre la familia (Relatio Synodi). De aquí al Sínodo de octubre del año próximo, las conferencias episcopales tendrán que reflexionar sobre el tema, hacer llegar sus conclusiones a la comisión correspondiente y elegir al obispo que representará a la iglesia local.
¿Qué puede suceder en este tiempo? Dependerá evidentemente de las conferencias y de los obispos de cada diócesis. Sería lamentable que, como ocurrió en muchas partes con ocasión de las preguntas enviadas a fines de 2013, las nuevas preguntas no lleguen a los fieles y no se dé ocasión a conversaciones y debates a fondo. Probablemente hubo poco tiempo para abrir un proceso de escucha y de síntesis. Esta vez sí lo habrá. Y, por lo mismo, es deseable que las conferencias y los obispos colaboren y emulen al Papa en su modo de conducir un proceso de discernimiento espiritual que debe involucrar a toda la Iglesia.
Es muy importante que las autoridades creen instancias nacionales y diocesanas de conversación y discusión, y que motiven una discusión libre y atenta a la opinión de los demás –tal como lo ha realizado el Papa en el Sínodo-. Esto por tres razones: debe salvaguardarse la comunión, la Iglesia necesita que los pastores recuperen autoridad y urge un nuevo planteamiento de la moral sexual y familiar.
El Sínodo ha despertado pasiones. Hace mucho, para tantos, no había ocurrido que se viera a cardenales y obispos discutir en público y con pasión sobre temas que hasta hace poco se consideraban intocables. En los laicos el interés es creciente. En ellos emergen a la conciencia temas dolorosos, sentimientos de culpa soterrados por años, rabias contra el magisterio o el despotismo clerical. Si realmente se quiere que el Sínodo arroje resultados positivos, es indispensable que el proceso sea conducido con fe y con sabiduría. De los pastores, más que respuestas, se espera que salvaguarden la comunión.
Segundo, si cumplen esta misión recuperarán la autoridad perdida. En esta materia la distancia diagnosticada entre lo que la jerarquía enseña y lo que los católicos practican, es enorme. El magisterio, en este campo, está descreditado. Los católicos en un alto número no practican la moral sexual católica ni tampoco les parece razonable. La evaluación es diversa y en extremo compleja ya que no se trata solamente de dificultades de comprensión. El mensaje de la Iglesia sobre estos temas parece no estar respondiendo a los desafíos actuales. El magisterio recobrará autoridad si revisa la pertinencia de su enseñanza y hace los ajustes necesarios para apelar realmente a la conciencias.
Por último, al cabo de este proceso de aggiornamento la Iglesia podrá contar con nuevas ideas y nuevas expresiones del Evangelio. De esto se trata: hacer vivo el Evangelio en este ámbito del amor humano. Si hace vivir, será posible transmitirlo. Entre el primer sínodo y el segundo hay mucho en juego. Si hay participación real, dialogada y conducida, será posible una buena recepción de sus resultados. Si no la hay, pueden suceder varias cosas: polarización de las posiciones, celebración de un triunfo sobre los adversarios o desprendimiento definitivo del cuerpo de la Iglesia. La participación, por el contrario, repondrá al Pueblo de Dios en los rieles sobre los que lo puso el Concilio Vaticano II.
Jorge Costadoat S.J.
Cristianismo en construcción
RD

Hoy en Santa Marta: "Dios nos ama gratuitamente, como una mamá a su niño". Video y audio


Francisco habla de la cercanía y ternura del Padre


"Nosotros, tantas veces, para estar seguros, queremos controlar la gracia”


«No hay que cosificar por egoísmo la gracia del amor gratuito del Señor», ni transformar «Su cercanía en contabilidad espiritual»


(RV).- Dios salva a su pueblo no desde lejos, sino haciéndose cercano, con ternura. El Santo Padre, inspirándose en la lectura del profeta Isaías, hizo una comparación:
"Es tanta la cercanía que Dios se presenta aquí como una mamá, como una mamá que dialoga con su niño: una mamá, cuando canta la canción de cuna y toma la voz del niño y se hace pequeña como el hijito y habla con el tono del niño hasta el punto de parecer ridículo, si uno no entiende qué cosa grande hay ahí: ‘No temas gusanito de Jacob. Pero, cuántas veces una mamá dice estas cosas al niño mientras lo acaricia, ¡eh! He aquí, te convertiré en una trilladora acuminada, nueva... te haré grande... Y lo acaricia, y lo acerca a ella. Y Dios hace así. Es la ternura de Dios. Está tan cerca de nosotros que se expresa con esta ternura: la ternura de una mamá".
Dios nos ama gratuitamente - afirmó el Papa - como una mamá a su niño. Y el niño "se deja amar": "ésta es la gracia de Dios". "Pero nosotros, tantas veces, para estar seguros, queremos controlar la gracia" y "en la historia y también en nuestra vida tenemos la tentación de cosificar la gracia", hacerla "como una mercancía o una cosa controlable", tal vez diciéndonos a nosotros mismos: "Pero, yo tengo tanta gracia"; o "tengo el alma limpia, estoy en gracia":
"Y así, esta verdad tan bella de la cercanía de Dios se desliza en una contabilidad espiritual: ‘No, yo hago esto porque esto me dará 300 días de gracia... Yo hago aquello porque me dará esto, y así acumulo gracia'. Pero, ¿qué cosa es la gracia? ¿Una mercadería? Y así, parece que sí. Parece que sí. Y en la historia esta cercanía de Dios a su pueblo ha sido traicionada por esta actitud nuestra, egoísta, de querer controlar la gracia, cosificarla".
El Papa también recordó algunos de los grupos que en tiempos de Jesús querían controlar la gracia: los Fariseos, hechos esclavos de tantas leyes que cargaban "sobre las espaldas del pueblo". Los Saduceos, con sus compromisos políticos. Los Esenios, "buenos, buenísimos, pero tenían tanto miedo, no querían correr riesgos" y terminaban por aislarse en sus monasterios. Los Zelotes, para los cuales la gracia de Dios era "la guerra de liberación", "otra manera de cosificar la gracia".
"La gracia de Dios - subrayó el Papa - es otra cosa: es cercanía, es ternura. Esta regla sirve siempre. Si tú en tu relación con el Señor no sientes que Él te ama con ternura, aún te falta algo, aún no has comprendido qué cosa es la gracia, aún no has recibido la gracia que es esta cercanía".
El Papa Francisco recordó una confesión de hace tantos años, cuando una mujer se atormentaba acerca de la validez o no de una Misa a la que había asistido un sábado por la tarde por un matrimonio, con lecturas diversas de las del domingo. Ésta fue su respuesta: "Pero señora, el Señor la ama tanto a usted. Ella había ido allí, había recibido la Comunión, había estado con Jesús... Sí, pero quédese tranquila, el Señor no es un comerciante, el Señor ama, está cerca":
"Y San Pablo reacciona con fuerza contra esta espiritualidad de la ley. ‘Yo soy justo si hago esto, esto, esto. Si no hago esto no soy justo'. Pero tú eres justo porque Dios se te ha acercado, porque Dios te acaricia, porque Dios te dice estas cosas bellas con ternura: ésta es nuestra justicia, esta cercanía de Dios, esta ternura, este amor. Incluso con el riesgo de parecernos ridículo, nuestro Dios es tan bueno. Si nosotros tuviéramos el valor de abrir nuestro corazón a esta ternura de Dios, ¡cuánta libertad espiritual tendríamos! ¡Cuánta! Hoy, si tienen un poco de tiempo, en su casa, tomen la Biblia: Isaías, capítulo 41, desde el versículo 13 hasta el 20, siete versículos. Y léanlos. Esta ternura de Dios, este Dios que nos canta a cada uno de nosotros la canción de cuna, como una mamá".


Francisco en Santa Marta: La gracia de Dios no es una mercancía



En su homilía en Casa Santa Marta, el Papa Francisco explicó que la gracia de Diosno se puede contabilizar ni medir, no es una mercancía. 

FRANCISCO
"Y así, esta verdad tan bella de la cercanía de Dios se desliza en una contabilidad espiritual: ‘No, yo hago esto porque esto me dará 300 días de gracia… Yo hago aquello porque me dará esto, y así acumulo gracia’. Pero, ¿qué cosa es la gracia? ¿Una mercancía? Y así, parece que sí. Parece que sí. Y en la historia esta cercanía de Dios a su pueblo ha sido traicionada por esta actitud nuestra, egoísta, de querer controlar la gracia, cosificarla”.

Además explicó cómo es el amor de Dios. Dijo que es gratuito, como el que una madre siente por su hijo.

RESUMEN DE LA HOMILIA 
(Fuente: Radio Vaticana)

"Es tanta la cercanía que Dios se presenta aquí como una mamá, como una mamá que dialoga con su niño: una mamá, cuando canta la canción de cuna y toma la voz del niño y se hace pequeña como el hijito y habla con el tono del niño hasta el punto de parecer ridículo, si uno no entiende qué cosa grande hay ahí: ‘No temas gusanito de Jacob. Pero, cuántas veces una mamá dice estas cosas al niño mientras lo acaricia, ¡eh! He aquí, te convertiré en una trilladora, nueva… te haré grande… Y lo acaricia, y lo acerca a ella. Y Dios hace así. Es la ternura de Dios. Está tan cerca de nosotros que se expresa con esta ternura: la ternura de una mamá”.

"Y así, esta verdad tan bella de la cercanía de Dios se desliza en una contabilidad espiritual: ‘No, yo hago esto porque esto me dará 300 días de gracia… Yo hago aquello porque me dará esto, y así acumulo gracia’. Pero, ¿qué cosa es la gracia? ¿Una mercancía? Y así, parece que sí. Parece que sí. Y en la historia esta cercanía de Dios a su pueblo ha sido traicionada por esta actitud nuestra, egoísta, de querer controlar la gracia, cosificarla”.

"Y San Pablo reacciona con fuerza contra esta espiritualidad de la ley. ‘Yo soy justo si hago esto, esto, esto. Si no hago esto no soy justo’. Pero tú eres justo porque Dios se te ha acercado, porque Dios te acaricia, porque Dios te dice estas cosas bellas con ternura: ésta es nuestra justicia, esta cercanía de Dios, esta ternura, este amor. Incluso con el riesgo de parecernos ridículo, nuestro Dios es tan bueno. Si nosotros tuviéramos el valor de abrir nuestro corazón a esta ternura de Dios, ¡cuánta libertad espiritual tendríamos! ¡Cuánta! Hoy, si tienen un poco de tiempo, en su casa, tomen la Biblia: Isaías, capítulo 41, desde el versículo 13 hasta el 20, siete versículos. Y léanlos. Esta ternura de Dios, este Dios que nos canta a cada uno de nosotros la canción de cuna, como una mamá”.


Dios nos ama con la ternura de una mamá, dijo el Papa en su homilía

Escuchar el audio, aquí

ADVIENTO: Grandes esperanzas


Anhelo, sed, expectación. Eso es lo que nos invade cuando sentimos que se aproxima algo que deseamos de veras. Pues eso es este Adviento.Tiempo para los grandes sueños. Solo los mediocres o los desesperados renuncian a soñar.
Pues bien, si nos asalta la rendición, es tiempo de nuevo para alzar la cabeza, mirar a lo lejos, bien fuera, bien dentro. Dejar que resuene como una promesa el grito de un Dios que atraviesa el tiempo para decirnos:«Se acerca vuestra liberación».



Grandes esperanzas - La Espera


«Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza, se acerca vuestra liberación» (Lc 21, 28)

Esperamos con ganas, con deseo. Esperamos, pero no sentados, sino muy vivos. Miramos alrededor. Buscando… el bien para nosotros y para otros. Escuchando tu palabra y las palabras de quienes están cerca. Esperamos, sin desesperar.
Conscientes de que estás cerca, de que hay que aprender a descubrirte. Con la ilusión renacida de quien escucha otra vez un anuncio deseado. Te necesitamos, y por eso ahí va un grito, una plegaria, un canto: «Ven».


¿Cómo vivo yo este Adviento?

¿Qué hay en mi vida de búsqueda, sueño, anhelo, deseo… vinculado con Dios?


Retablo

El Ángel de la espera
está despierto.
Y su lámpara evangeliza
desde la tarde morada de Adviento.

Todas las cosas, en vigilia
como Israel, esperan
tu advenimiento.
La Esposa, en vela, te ha enviado
por los caminos oscuros de invierno
el Amigo de las bodas.
Y en la ilusión de unos pañales nuevos
te espera también tu Madre,
oh Cristo de su seno.

... ¡Y hasta los que no te esperan,
te están llamando en su desasosiego...!

Pedro Casaldáliga


Grandes esperanzas - Lo que viene


«El Señor me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos y a los prisioneros la libertad…» (Is 61, 1-2)


Se acercan el amor, los motivos, la presencia que una vez más ha de llenar nuestro horizonte.Viene la palabra que pondrá sentido en el día a día. Quizás te nos harás un poco más visible. Vencerá el perdón… Resonará muy dentro una canción que ha de despertar oleadas de júbilo. Se pronunciará una palabra que será la mejor herramienta.

El ritmo de los días volverá a ser danza. Venceremos el miedo a vivir. El abrazo será hogar, y habitarás nuestra oración. Y lo sorprendente es que todo eso que viene en realidad ya está aquí. El germen crece imparable.


¿En qué se concreta para mí la promesa de Dios?

¿Qué espero o deseo de verdad?
¿Cuál es la buena noticia en la que creo?



Desde siempre

Tu paso
-de una sílaba-
por mi larga fila
de palabras vacías
estaba anunciado desde siempre.

Tu paso de ecos
como la lluvia
de tu tierra amada
era realidad antes de verte.

Tu paso
de cascabel y gaita
era lo que en mi alma acontecía
cuando la visitaban de niña los presagios.

Maria Clara González

pastoralsj