sábado, 6 de febrero de 2016

El Anuario 2016 de la Compañía de Jesús está dedicado a los refugiados

astalli pope

El Anuario de la Compañía de Jesús de 2016 está centrado en el mundo de los refugiados, de los desplazados y de todos los que tienen que abandonar forzadamente su país a causa de la guerra, del hambre y de la persecución.
Desde que el P. Arrupe llamó la atención de los jesuitas sobre el clamor de los refugiados, el fenómeno de la migración forzada por diferentes razones no ha hecho más que incrementarse dramáticamente hasta alcanzar en estos momentos la cifra nunca antes vista de 51 millones de personas. La Congregación General 35 de 2008 confirmó este tema como una preferencia apostólica de la Compañía de Jesús.
Aunque durante los últimos meses la crisis de los refugiados sirios ha adquirido gran repercusión en Europa, el Anuario aborda la cuestión desde una perspectiva global, a partir de la experiencia de la Compañía de Jesús en diversas áreas de conflicto: Siria, Afganistán, República Centroafricana, Sudán del Sur o la República del Congo. Gran parte de la asistencia a estas personas se realiza a nivel mundial a través del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS), que trabaja en más de 50 países y acaba de celebrar sus 30 años de vida. En España, la institución asociada al JRS es el Servicio Jesuita a Migrantes al que se dedica un capítulo del Anuario, que coordina la labor de diferentes obras en el acompañamiento, servicio y defensa a las personas inmigrantes más vulnerables.
El Anuario refleja las diferentes dimensiones del trabajo con los refugiados y migrantes. Peter Balleis SJ, director del JRS, señala que «los tres principios que el P. Arrupe usó para describir el servicio ofrecido por el JRS, humano, pedagógico y espiritual, siguen teniendo tanto valor como hace treinta años». Así, en el Anuario pueden encontrarse contribuciones ?hasta 19? sobre temas diversos: la justicia, la educación, el trabajo espiritual y pastoral, la incidencia política, el diálogo interreligioso, la seguridad, etc. También se relatan experiencias concretas como el proyecto a favor de la reconciliación entre los refugiados iraquíes en Alepo (Siria), el programa del JRS para la integración de la etnia gitana en Europa Central, la labor con la comunidad de refugiados y migrantes africanos en Australia, o la experiencia del Centro Zanmi de atención a migrantes y refugiados en Brasil. Son ejemplos de cómo la Compañía de Jesús pone en práctica, teniendo en cuenta las particularidades de cada contexto, el anhelo del P. Arrupe de acompañar, servir y defender los derechos de quienes se ven obligados a abandonar sus hogares.
Más allá del tema central de los refugiados y migrantes, el Anuario 2016 ofrece una mirada al mundo de los jesuitas y su obra en los diversos continentes, a través de experiencias concretas en los ámbitos de la espiritualidad, la educación y el compromiso social. En sus casi 150 páginas hay también espacio para recordar y celebrar aniversarios de proyectos, instituciones y jesuitas inspiradores. El volumen es reflejo de la diversidad que caracteriza a la actividad apostólica de la Compañía de Jesús y de su empeño por llevar a todos la buena noticia del Evangelio y dar esperanza a los más pobres y olvidados.
Puedes acceder al Anuario en pdf en el siguiente enlace

miércoles, 13 de enero de 2016

Dar de beber al sediento... por Javier Dias, sj

Dar de beber al sediento...

A veces llegar de una carrera y que te den a beber una lata de coca cola, más que quitarte la sed, te genera aún más ganas de seguir bebiendo. Cuando Jesús nos dice a cada uno de nosotros “dadles vosotros de bebed”, confieso que me entra un poco de “miedo” porque no siempre es fácil encontrar lo que de verdad “quita la sed a cada uno”. Y digo a cada uno, porque he comprobado que “dar de beber al sediento” no es cuestión de tirar del primer bote de coca cola que tienes al lado, del primer recurso de palabras consoladoras, o de tu mejor intención. Hace falta un paso previo y fundamental que tiene que ver con escuchar con profundidad, empatizar al máximo, pero sin bajar del todo al “pozo” (en esa imagen tan ilustrativa que te explican en esos cursos de escucha activa y relación de ayuda) porque desde tan abajo, ya no vas a poder “saciarle”, y sobre todo sabiendo que no podemos ir de “salvadores” por el mundo (aunque alguna vez lo hagamos sin mala intención).
Dar de beber al sediento es una tarea complicada, que implica a veces quedarse uno con sed, que implica aceptar que no somos nosotros los que vamos a darle ese “agua” tan necesitada. En algunas ocasiones seremos sólo buenos guías del camino para encontrarla. Otras, simples mediadores, puentes con otros, que serán los que de verdad les sepan dar de beber. Tanto en estas como en otras ocasiones, se requiere una valentía especial y sobre todo una actitud de humildad fuerte. Aceptar que aunque queramos ayudar a muchos, a todos, no podemos. Aceptar que sólo podemos ser servidores de algunos, que nuestra agua no es la que más quita la sed, aceptar que hay Uno que de verdad nos calma, nos da vida, nos quita la sed para siempre, aceptar digo, pasa por abajarnos, reconocernos frágiles y muchas veces, por ponerlo todo en sus manos, en SU voluntad y simplemente, pasa por confiar.
Ojalá sepamos en nuestro día a día, dar de beber al sediento, y en muchas ocasiones, encontrar las personas y las formas que otros nos enseñen, para dar de beber o incluso, para que otros den de beber por nosotros.

pastoralsj

miércoles, 6 de enero de 2016

Los Jesuitas: Ignacio nos fundó y Arrupe nos renovó (II) por Román Espada sj


Renovación con fidelidad creativa


"La nueva renovación tomará cuerpo visible en la propuesta concreta de la Congregación General 36"



(Román Espada sj).- Hace unos años, siendo el P. Pedro Arrupe nuestro Superior General, un grupo de jesuitas, enfermos de miopía histórica y disgustados con el modo y con el contenido de la renovación de la vida y obra de los jesuitas, liderada por el P. Arrupe, según el Vaticano II y las Congregaciones Generales 31 (1965-66) y 32 (1974), orquestaron, ayudados por algunos obispos, portadores del mismo virus letal, una campaña de refundar la "verdadera" Compañía de Jesús a su imagen y semejanza (Ver Gianni La Bella (ed.), La Crisis del Cambio, pp. 843-911, en Pedro Arrupe: General de la Compa- ñía de Jesús).
Se llamaron "jesuitas en fidelidad". Podemos preguntarnos: en fidelidad, ¿a qué y a quién? Veamos la otra manera de ser jesuitas en fidelidad: la de Ignacio y sus primeros compañeros, continuada históricamente hasta el P. Adolfo Nicolás, nuestro actual Superior General que liderea la nueva renovación de la vida y obra de los jesuitas, con fidelidad creativa:
1
a) Al Jesús de los Evangelios, expresado por Ignacio en los Ejercicios Espirituales,
b) A la Iglesia de Jesús, especialmente como aparece en el Concilio Vati- cano II y en la propuesta de nuestro hermano Francisco,
c) Al carisma fundacional (Ignacio y los primeros compañeros),
d) A nuestra historia ignaciana (1540-2015), y
e) A nuestra realidad actual ("personas, circunstancias y lugares").
Nueva renovación que tomará cuerpo visible en la propuesta concreta de la Congregación General 36 (2-10-2016) a toda la Compañía de Jesús y a cada jesuita.
De nuevo acudimos a la sabiduría histórica e ignaciana del P. John O'Malley, S.J. para acercarnos al proceso histórico de fundación y de re- novación experimentado por la Compañía de Jesús a lo largo de sus casi cinco siglos (1540-2015) de existencia histórica.
En el Epílogo ("Mirando al pasado y al futuro") de su Historia de los Jesuitas, O'Malley sintetiza esa larga y compleja historia como movida por un continuo proceso de "adaptación a las personas, lugares y circunstancias" con cuatro etapas fundacionales más señaladas:
1) "La primera fundación. En 1540, los primeros compañeros (Ignacio. Javier, Fabro, Laínez...) se vincularon entre sí de forma permanente como miembros de una orden religiosa reconocida oficialmente por la Iglesia. De un grupo de diez amigos ("amigos en el Señor"), habían pasado a convertirse, a la muerte de Ignacio (1556), en un grupo cien veces más numeroso.
2) "La segunda fundación. En torno a 1550, Ignacio, tras consultar a sus compañeros, dio el paso decisivo de comprometer a la Compañía con la formación académica reglada (los colegios) como su ministerio prioritario.
"Fue una decisión de enorme importancia para el futuro de la Compañía de Jesús. La idea original de un grupo de misioneros y predicadores itinerantes tuvo que ser modificada para incluir en la definición de la Compañía a los maestros y profesores con residencia fija.
"Además, la decisión de Ignacio produjo un cambio profundo en la cultura de la Compañía, puesto que hubo jesuitas especialistas en cualesquiera ramas del conocimiento y formas culturales, incluidos el teatro, la música y la danza.
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3) "La tercera fundación. En virtud del breve papal, Dominus ac Redemptor ("...para la paz de la Iglesia"), del 21 de julio de 1773, la Compañía dejó de existir.
"Cuarenta y un año más tarde, y por obra de una bula pontificia, la Sollicitudo omnium ecclesiarum, del 7 de agosto de 1814, la Compañía de Jesús fue restablecida (restaurada), como parte de una oleada de restauraciones conservadoras. La forma en que la Compañía se entendía a sí misma comenzó a reflejar tal hecho.
"En su identidad esencial, era la misma Compañía que antes de la supresión; pero su mentalidad cultural, política e incluso religiosa era reflejo de la restauración dominante en el catolicismo de aquel período.
4) "La cuarta fundación". Dos importantes factores:
a. Una comprensión de la primitiva Compañía y sus documentos normativos(Formula de vivir y Constituciones) de una manera más flexible y menos moralista que la que había imperado desde su restauración en 1814.
b. Aplicar los ideales y la visión del Concilio Vaticano II, dio a la Compañía el mandato de promover la comprensión y el diálogo entre personas de todas las religiones, tuvo en cuenta los grandes cambios culturales que se habían producido desde su restauración en 1814...
"Resulta evidente que la Compañía está evolucionando hoy hacia nuevas formas en un mundo que parece estar evolucionando de un modo incluso más veloz" (pp. 151-153).
En este momento:
a) de nuestra Iglesia: clericalismo, patriarcalismo y paternalismo, legalismo y burocratismo, secretismo, autoritarismo, dogmatismo, verticalismo, eurocentrismo, resistencia a las propuestas reformadoras del Papa Francisco, con muchos cristianos y cristianas queriendo vivir y obrar según el Evangelio...
b) de nuestra historia jesuítica, especialmente la vivida durante estos úl- timos, complejos y difíciles, cincuenta años (1965-2015): grandes y profundos cambios (educativos, pastorales, organizativos, vivenciales...), conflictos internos y externos ("jesuitas en fidelidad", intervención papal de Juan Pablo II, jesuitas asesinados y perseguidos...);
c) de la actual situación mundial: posmodernidad, globalización, migra-
ciones masivas, fundamentalismos y terrorismos, pobreza, miseria y 3
hambre, la degradación humana acumulada en África, conflictividad política, narco cultura, sexualismo, lo femenino, las comunicaciones verticales y la comunicación dialógica, escolaridad convencional y edu- cación liberadora, crisis ecológica y cumbres ecológicas...; y
d) de la propuesta evangelizadora y ecosocial de nuestro hermano Francisco: alegría y esperanza existenciales, humanización fraterna, casa común...
parece válido y deseable preguntarnos con esperanzada profundidad y con mirada larga y tierna de jirafa, según nos ha propuesto el P. Adolfo Nicolás:
¿Cómo reflejará, expresará y participará nuestra Congregación General 36 en la evolución creadora y transformadora que la Iglesia, nuestro mundo y los jesuitas estamos experimentando y viviendo actualmente?
¿Podremos desear, siguiendo al P. O'Malley, que la Congregación General 36, con fidelidad creativa al carisma fundacional, a nuestra historia ignaciana y a nuestra realidad actual ("personas, circunstancias y lugares"), nos proponga a los jesuitas de hoy una nueva y radical renovación (fundación) de la Compañía de Jesús, de la Curia Generalicia, de cada Provincia y Asistencia, de la vida y obra de cada jesuita, de cada comunidad, de cada obra apostólica?

RD


El Papa en la Epifanía: "Como la luna es la Iglesia. No brilla con su propia luz, sino con la de Cristo". Video y homilía completa



"Anunciar el Evangelio de Cristo no es una profesión" ni "hacer proselitismo"


"Los Magos son testigos vivos de que las semillas de Verdad están presentes en todas partes"


(José M. Vidal).- Solemne misa de la Epifanía en la basílica de San Pedro. El Papa Francisco, en la homilía, explica el "mysterium lunae" de la Iglesia que, en palabras de San Ambrosio, significa que, "como la luna no brilla con luz propia sino con la de Cristo". Señala que los "Magos son testimonios de que hay semillas de Verdad en todas partes" y advierte que anunciar el Evangelio "no es una profesión".
Primera lectura, en inglés, del profeta Isaías. La segunda lectura de San Pablo a los Efesios, en español. El Evangelio de Mateo, cantado en latín: "Vimos su estrella en Oriente y venimos a adorarlo".
Algunas frases de la homilía del Papa
"Isaías llama a salir de nuestras cerrazones"
"Tu luz es la gloria del Señor"
"La Iglesia no luce con luz propia"
"Lo recuerda San Ambrosio: 'Como la luna es la Iglesia. Brilla no con su propia luz, sino con la de Cristo'"
"En la medida en que la Iglesia se deja iluminar por Él, es capaz de iluminar la vida de las personas y de los pueblos"
"El misteryum lunae"
"Anunciar el Evangelio de Cristo no es una profesión"
"Para la Iglesia, ser misionera no significa hacer proselitismo. Ser misionera equivale a expresar su propia naturaleza: ser iluminada por Dios y reflejar su luz"
"NO hay otro camino"
"La misión es su vocación. Reflejar la luz de Cristo es su servicio"
"¡Cuántas personas esperan de nosotros esta actitud misionera, porque necesitan reconocer el rostro del Padre!"
"Los Magos son testigos vivos de que las semillas de verdad están presentes en todas partes"
"Los Magos representan a los hombres de todas partes de la tierra que se acercan a la casa de Dios"
"Ante Jesús, no hay división de raza, lengua o cultura"
"En el Niño toda la humanidad encuentra su unidad"
"Hacer emerger el deseo de Cristo que cada persona lleva en sí"
"Los Magos siguieron una estrella nueva, que, para ellos, brillaba más"
"La luz apareció. Aquella estrella les cambió y se pusieron en camino"
"Hoy nos hará bien repetir la pregunta de los Magos: ¿Dónde está el que ha nacido?"
"Ponernos en busca de los signos que Dios ofrece"
"Interpelados para ir a Belén y encontrar el Niño y su madre"
"Sigamos la luz que Dios nos ofrece. Pequeñita"
"La luz que emana del rostro de Cristo, lleno de misericordia"
"Presentémosle nuestros dones. Libertad, inteligencia y amor"
"En la sencillez de Belén encuentra su síntesis la vida de la Iglesia"
Texto completo de la Homilía del Papa Francisco:
Las palabras que el profeta Isaías dirige a la ciudad santa de Jerusalén nos invitan a salir; a salir de nuestras clausuras, a salir de nosotros mismos, y a reconocer el esplendor de la luz que ilumina nuestras vidas: «¡Levántate y resplandece, porque llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!» (60,1). «Tu luz» es la gloria del Señor. La Iglesia no puede pretender brillar con luz propia. San Ambrosio nos lo recuerda con una hermosa expresión, aplicando a la Iglesia la imagen de la luna: «La Iglesia es verdaderamente como la luna: [...] no brilla con luz propia, sino con la luz de Cristo. Recibe su esplendor del Sol de justicia, para poder decir luego: "Vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí"» (Hexameron, IV, 8, 32). Cristo es la luz verdadera que brilla; y, en la medida en que la Iglesia está unida a él, en la medida en que se deja iluminar por él, ilumina también la vida de las personas y de los pueblos. Por eso, los santos Padres veían a la Iglesia como el «mysterium lunae».
Necesitamos de esta luz que viene de lo alto para responder con coherencia a la vocación que hemos recibido. Anunciar el Evangelio de Cristo no es una opción más entre otras posibles, ni tampoco una profesión. Para la Iglesia, ser misionera no significa hacer proselitismo; para la Iglesia, ser misionera equivale a manifestar su propia naturaleza: dejarse iluminar por Dios y reflejar su luz. No hay otro camino. La misión es su vocación. Muchas personas esperan de nosotros este compromiso misionero, porque necesitan a Cristo, necesitan conocer el rostro del Padre.
Los Magos, que aparecen en el Evangelio de Mateo, son una prueba viva de que las semillas de verdad están presentes en todas partes, porque son un don del Creador que llama a todos para que lo reconozcan como Padre bueno y fiel. Los Magos representan a los hombres de cualquier parte del mundo que son acogidos en la casa de Dios. Delante de Jesús ya no hay distinción de raza, lengua y cultura: en ese Niño, toda la humanidad encuentra su unidad.
Y la Iglesia tiene la tarea de que se reconozca y venga a la luz con más claridad el deseo de Dios que anida en cada uno. Como los Magos, también hoy muchas personas viven con el «corazón inquieto», haciéndose preguntas que no encuentran respuestas seguras. También ellos están en busca de la estrella que muestre el camino hacia Belén.
¡Cuántas estrellas hay en el cielo! Y, sin embargo, los Magos han seguido una distinta, nueva, mucho más brillante para ellos. Durante mucho tiempo, habían escrutado el gran libro del cielo buscando una respuesta a sus preguntas y, al final, la luz apareció. Aquella estrella los cambió. Les hizo olvidar los intereses cotidianos, y se pusieron de prisa en camino. Prestaron atención a la voz que dentro de ellos los empujaba a seguir aquella luz; y ella los guió hasta que en una pobre casa de Belén encontraron al Rey de los Judíos.

Todo esto encierra una enseñanza para nosotros. Hoy será bueno que nos repitamos la pregunta de los Magos: « ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo» (Mt 2,2). Nos sentimos urgidos, sobre todo en un momento como el actual, a escrutar los signos que Dios nos ofrece, sabiendo que debemos esforzarnos para descifrarlos y comprender así su voluntad. Estamos llamados a ir a Belén para encontrar al Niño y a su Madre. Sigamos la luz que Dios nos da. La luz que proviene del rostro de Cristo, lleno de misericordia y fidelidad. Y, una vez que estemos ante él, adorémoslo con todo el corazón, y ofrezcámosle nuestros dones: nuestra libertad, nuestra inteligencia, nuestro amor. Reconozcamos que la verdadera sabiduría se esconde en el rostro de este Niño. Y es aquí, en la sencillez de Belén, donde encuentra su síntesis la vida de la Iglesia. Aquí está la fuente de esa luz que atrae a sí a todas las personas y guía a los pueblos por el camino de la paz.

lunes, 4 de enero de 2016

Los jesuitas: Historia y retos actuales (I) por Román Espada sj


El jesuita John W. O 'Malley

Ante la Congregación General 36


"Mantener viva y activa nuestra fidelidad creativa al carisma fundacional"


(Román Espada sj).- Hoy, los jesuitas estamos inmersos en la preparación de nuestra Congregación General 36 y en la elección de un nuevo Superior General. En la Congregación General, miraremos, de manera discernidora y esperanzada, nuestro ser, nuestro vivir y convivir, nuestro quehacer apostólico y nuestro modo de proceder en todo y con todos...
También nos esforzaremos por elegir un digno sucesor de Ignacio que, al igual que nuestro hermano Francisco, ojalá proceda de la periferia de nuestro incierto y confuso mundo actual y nos oriente con alegría y esperanza evangélica.
Las 155 páginas de la versión española del pequeño y excelente libro: Historia de los Jesuitas: Desde Ignacio hasta el presente (Mensajero) del P. John W. O ̈Malley, S. J., iluminan esperanzadamente nuestro triple reto actual:
1) mantener viva y activa nuestra fidelidad creativa al carisma fundacionalexpresado por San Ignacio y sus primeros compañeros en la Fórmula de vivir en común y en las Constituciones, escritas por Ignacio para darle forma de ser y modo de proceder a aquella ̈mínima ̈ Compañía de ̈amigos en el Señor ̈,
2) sintetizar, creativa y esperanzadamente, nuestra compleja historia de estos cincuenta años (1965-2015), e
3) incorporarnos decididamente, personas, comunidades y obras apostólicas, a la propuesta que nuestro hermano Francisco, nos hace desde La Alegría del Evangelio y desde Laudato Si.
Comencé a leer, con gusto y provecho, las obras del P. John W. O ̈Malley, S.J. en 1994. Afortunadamente para mi, jesuita, lo primero que leí fue su excelente, premiada y muy traducida (Mensajero) obra Los Primeros Jesuítas (1993).

Después, pude enriquecer mi comprensión del Vaticano II con la lectura de dos obras fundamentales del P. O ̈Malley: ¿Pasó algo en el Vaticano II? y ¿Qué pasó en el Vaticano II?
Más tarde he disfrutado y agradecido la lectura meditativa de The Jesuits: A history from Ignatius to the present que comparto fraternalmente con Uds.
Ahora, espero la llegada a mis manos y ojos de La Historia de los Papas y Trento: ¿Qué pasó en el Concilio?, para vivir horas y días inmerso creativamente en el mundo recreado por la sabiduría histórica y narrativa del P. O ̈Malley.
¿Quién es John W. O ̈Malley, S.J.? Sacerdote jesuita, de ochenta y cuatro años, con 64 años como jesuita, estadounidense, doctor en historia por la Universidad de Harvard, profesor de Georgetown University, conferencista, reconocido y muy premiado autor...
En el libro que intentamos sintetizar en sus aspectos esenciales, el P. O ̈Malley nos comparte su experimentada visión, interpretación y valoración de lo que sus hermanos jesuitas hemos hecho y vivido a lo largo de casi cinco siglos (1540-2015).
El énfasis de O ̈Malley es en los jesuitas, como personas singulares, agrupadas en comunidades de vida fraterna, en obras apostólicas, en instituciones educativas y culturales y en unidades geográfico-administrativas -las provincias jesuíticas- que se van autodefiniendo ( ̈jesuit auto-definition ̈) y auto-comprendiendo ( ̈jesuit selfunderstanding ̈) a través de su discernimiento personal, comunitario e institucional, de su quehacer habitual e histórico, de su acción misionera, educativa y cultural, a través de sus conflictos internos, de sus errores y desaciertos, y de la mucha oposición, mundana y hasta eclesial, que hemos tenido que afrontar y enfrentar a lo largo de toda nuestra compleja historia, personal y corporativa.
La Compañía de Jesús es vista e interpretada por O ̈Malley como el contexto existencial, corporativo y operativo de la vida y obra de cada generación de jesuitas y de cada jeuita particular.
Siguiendo los enfoques y las valoraciones logradas por él en Los Primeros Jesuitas, O ́Malley se esfuerza por darnos a entender y apreciar lo que la Compañía de Jesús entiende por ̈nuestro modo de proceder ̈ histórico y actual, personal, apostólico y corporativo.
Modo de proceder que fue sintetizado ignacianamente por el P. Pedro Arrupe en su inspiradora conferencia Nuestro Modo de proceder y que la Congregación General 34 (1995) convirtió en su decreto No. 26 : Nuestro Modo de Proceder.
Modo nuestro de proceder arraigado en la experiencia fundante de los Ejercicios Espirituales en el ser, en la Fórmula del Instituto en el vivir, en las Constituciones en el obrar, en el magisterio de nuestros Superiores Generales y en las autorizadas propuestas de nuestras 35 Congregaciones Generales.
RD

La llegada de un Dios salvaje por Jaime Tatay sj


Cuando el Dios amor de Jesús se introduce en la vida de una persona, todo cambia


E N 1995 los técnicos del Parque Nacional de Yellowstone decidieron reintroducir el lobo después de que, siete décadas antes, se capturase con trampa el último ejemplar. Esa decisión −muy polémica en su momento− transformó el paisaje de Yellowstone en poco tiempo de una forma tan radical que hasta los propios gestores del parque no podían dar crédito a lo que estaban viendo. Los biólogos e ingenieros que han estudiado el proceso con detenimiento comienzan ahora a entender los complejos mecanismos que desencadenó la llegada de un depredador tan eficiente como el lobo en un ecosistema que, hasta el momento, había estado dominando por grandes herbívoros como el alce, el búfalo o el ciervo. 

El primer efecto de la reintroducción, bien conocido por los estudios de dinámica de poblaciones, fue el rápido incremento de los depredadores y la también drástica reducción de los grandes herbívoros hasta que, finalmente, ambas poblaciones alcanzaron un punto de equilibrio. 

El segundo efecto observado –y también esperado– fue la progresiva recuperación de la cubierta vegetal y la llegada de nuevas especies que, debido a la excesiva presión de los herbívoros, habían desaparecido completamente. Entre ellas destacan las plantas de ribera, que volvieron a crecer junto a ríos y arroyos reduciendo la velocidad del agua, reteniendo ramas y favoreciendo la sedimentación. Como resultado de este proceso –nada esperado– el trazado lineal de los ríos de Yellowstone fue transformándose, poco a poco, en otro más sinuoso hasta el punto de crearse meandros y pequeños islotes, que a su vez permitieron la entrada de nuevas especies. Dicho de forma telegráfica, la introducción de una pequeña manada de lobos acabó transformando radicalmente el paisaje de Yellowstone, modificando incluso el curso de los ríos. 

Relatos de conversión 

En estos días de adviento, en los que los cristianos nos preparamos para la Navidad –el relato de la llegada del Hijo de Dios–, puede resultar muy ilustrativa la historia de Yellowstone. Porque ambas historias, por muy alejadas y distintas que parezcan, narran un proceso similar: la transformación de un ecosistema entero, uno natural –el de Yellowstone– y otro religioso – el del judaísmo del siglo I– en algo distinto.

El nacimiento de Cristo fue un acontecimiento que transformó el paisaje religioso de modo irreversible. Nuestra fe afirma que, con Jesús, Dios entra en la historia humana de una forma nueva, inesperada y radical; entra y trastoca todo el orden previo: el modo de imaginar a Dios (como Trinidad), el modo de comprendernos (como hijos de un único Padre), el modo de relacionarnos entre nosotros (como hermanos de una única familia) y el modo de entender el mundo (como «casa común» habitada por el Espíritu). Con Jesús, ya nada puede ser igual que antes. 

Los relatos de conversión de todos los tiempos narran bien los efectos que provoca la llegada de Cristo a la vida de una persona. Desde Las Confesiones de San Agustín hasta La montaña de los siete pisos de Thomas Merton, pasando por La Autobiografía de Ignacio de Loyola, las conversiones religiosas dan testimonio de la novedad permanente de la fe cristiana y de su capacidad para irrumpir y revolucionar el orden establecido, tanto a nivel personal como social. Cuando el Dios-amor de Jesús se introduce en la vida de una persona y se le deja suelto, sin tratar de controlarlo o manipularlo, todo cambia, todo queda recolocado, hasta el curso de la propia vida. 

Porque cuando alguien deja entrar a Dios en su conciencia, en su pensamiento y en su imaginación, se desencadenan −como en los ecosistemas− transformaciones vitales en el interior de esa persona. Y esas transformaciones se traducen después en actitudes y decisiones muy concretas: en el modo de entender el mundo, de plantearse la vida y de ordenar las prioridades. 

El Padre Arrupe, antiguo general de los jesuitas, describió magistralmente lo que sucede al abrir la puerta al Dios-amor en nuestras vidas en un poema-oración que merece la pena ser reproducido: 

Nada es más práctico que encontrar a Dios; 
que amarlo de un modo absoluto y hasta el final. 
Aquello de lo que estés enamorado y arrebate tu imaginación, 
lo afectará todo. 
Determinará lo que te haga levantar por la mañana 
y lo que hagas con tus atardeceres; 
cómo pases los fines de semana, 
lo que leas y a quién conozcas;
 lo que te rompa el corazón 
y lo que te llene de asombro con alegría y agradecimiento. 
Enamórate, 
permanece enamorado, 
y eso lo decidirá todo.

Si la introducción de una nueva especie «lo afecta todo», desencadena transformaciones insospechadas en la pirámide trófica y acaba cambiando por entero un ecosistema, la introducción de la pregunta por Dios, el Dios-amor de la Navidad, ¿no «lo afectará todo» también, no transformará el itinerario vital de una persona en direcciones insospechadas? 

La historia nos dice que, en la vida de muchas personas a lo largo de muchos siglos, así ha sido. La entrada desconcertante, impredecible y transformadora de Dios en la historia es el gran relato de la Navidad; el Dios a quien abrimos la puerta en estos días, el Dios del amor, el Dios de Jesús, es también –y conviene no olvidarlo– el Dios salvaje que irrumpe en nuestra intimidad para instalarse y trastocar para siempre nuestro paisaje interior. Esa irrupción es la que celebramos en estas fechas. 

Conviene pues, durante los días de Adviento y Navidad, alejarnos por un momento de las imágenes navideñas edulcoradas y ñoñas a las que tan acostumbrados estamos. Rescatemos la radicalidad del misterio de la encarnación. Abramos la puerta, un año más, al Dios salvaje y creador, al Dios capaz de transformar y recrear nuestra vida. Hagamos memoria de su irrupción en la historia y en la creación. 

En Navidad, dejemos a Dios ser Dios

Jaime Tatay sj
Mensajero

Algo para pensar y orar en esta semana


Intenciones
En vez de elaborar intenciones para el año que se inicia, te sugiero pensar en lo que pretendes hacer a lo largo de todo el año. Por ejemplo:
- Dile “Gracias” por lo menos a una persona.
- Toma una sana decisión sobre tu cuerpo: alimento, o bebida, o descanso, o movimiento.
- Realiza un acto generoso, grande o pequeño.
- Dile “sí” a los regalos del día de hoy.
- Permanece en silencio por cinco minutos, sólo para estar quieta/o.
- Permite que una persona sepa que la aprecias.
- Realiza un acto creativo, grande o pequeño.
- Ayuda a una persona en problemas.
- Haz una cosa bien y sin distraerte.
- Abre tus brazos – y tu corazón – a Dios
Si lo hiciste hoy, podrás hacerlo de nuevo, todos los días…
 
Vinita Hampton
Espacio Sagrado