domingo, 10 de agosto de 2014

Hoy en Roma: Francisco denuncia que la violencia en Irak "ofende gravemente a Dios y la humanidad". Video Angelus. Audio


El Papa pide por la paz entre israelíes y palestinos y por las víctimas del ébola


El Pontífice anuncia que el cardenal Filoni partirá para el norte del país mañana mismo


(Jesús Bastante).- Decenas de miles de fieles respondieron al llamamiento por la paz de Francisco en la plaza de San Pedro. Millones, en las iglesias de todo el mundo. En su saludo posterior al rezo del Angelus, Bergoglio apuntó cómo "asistimos incrédulos a las noticias de Irak, donde miles de personas, muchos de ellos cristianos, han sido expulsados de sus casas de forma brutal".
"Niños muertos y asesinados durante la huida, mujeres secuestradas, personas masacradas. Violencia de todo tipo. Destrucción de casas, de patrimonio histórico y cultural, de iglesias..."
"Todo esto ofende gravemente a Dios y a la humanidad. No se puede dar promover el odio o hacer la guerra en nombre de Dios. Pensando en esta situación, en esta gente, hagamos silencio y recemos", rogó el Papa
Al término de la oración silenciosa, el Papa agradeció a todos los que "con valentía", están "ayudando a estos hermanos y hermanas", al tiempo que mostró su confianza en "una eficaz solución política, a nivel local e internacional, pueda acabar este crimen y restablecer el derecho".
Para asegurar mi cercanía a esta población, "he nombrado al cardenal Fernando Filonimi enviado personal a Irak, que mañana partirá desde Roma", incidió el Papa, quien también tuvo un especial recuerdo para las víctimas del conflicto en Gaza y para los fallecidos víctimas del ébola.
"Aunque parece que se ha dado una tregua,continúa la guerra, con víctimas inocentes, niños.. que no hace sino empeorar el conflicto entre israelíes y palestinos. Recemos por la paz, danos la paz, Señor, a nuestros jóvenes. Haznos artífices de justicia y de paz", subrayó Francisco.
"Recemos también por las víctimas del virus ébola, y por los que lo están sufriendo", concluyó. Finalmente, el Papa pidió a todos los presentes que rezaran por su próximo viaje a Corea. "Por favor, lo necesito".
Con anterioridad, Francisco comentó el tema del Evangelio de hoy que nos presenta el episodio de Jesús que camina sobre las aguas del lago, después de la multiplicación de los panes y los pescados. Después de despedir a la multitud, Jesús se retira a rezar, mientras en el lago se desata una gran tempestad, y en medio de esta tormenta el Señor alcanza a los discípulos caminando sobre las aguas del lago.
Ellos se asustan pero Él los tranquiliza diciéndoles: Soy Yo, ¡No tengan miedo! A lo que Pedro responde "Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua". Jesús lo llama y Pedro, bajando de la barca, comienza a caminar sobre el agua en dirección a él. Pero al ver la violencia del viento, tiene miedo, y como empezaba a hundirse, grita: ¡Señor sálvame! Jesús entonces, le tiende su mano y lo sostiene, mientras le dice: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?"
El Papa, reflexionando sobre la actitud de fe del apóstol Pedro, que lo lleva a cumplir cosas extraordinarias, señala que comienza a hundirse en el momento en que quita su mirada de Jesús: en ese momento el apóstol se deja arrollar por las adversidades que lo circundan. Por ello, dijo el Pontífice, en el personaje de Pedro se describe nuestra fe: frágil y pobre, inquieta y victoriosa, que camina al encuentro de Jesúsresucitado en medio de la tempestad y de los peligros del mundo.
Francisco evidencia también la escena final, cuando suben a la barca y el viento cesa: los discípulos, que se sentían aterrorizados y pequeños, se vuelven grandes en el momento en que se arrodillan ante Jesús y lo reconocen como Hijo de Dios . Esta es una imagen eficaz de la Iglesia, dice el Sucesor de Pedro: La fe nos da la seguridad de la presencia de Jesús siempre a nuestro lado, y nos permite caminar también en la oscuridad y a través de los momentos de dificultad.

Angelus Domini



Queridos hermanos y hermanas
nos dejan pasmados y consternados ante las noticias que llegan de Irak: miles de personas, entre ellos tantos cristianos, expulsados de sus hogares de una manera brutal; niños que mueren de sed y de hambre durante la fuga; mujeres secuestradas; violencias de todo tipo; destrucción de patrimonios religiosos, históricos y culturales. ¡Todo esto ofende gravemente a Dios y a la humanidad. ¡No se odia en nombre de Dios! ¡No se hace la guerra en nombre de Dios!
Agradezco a los que, con valentía, están brindando socorro a estos hermanos y hermanas, y confío en que una solución política eficaz a nivel internacional y local pueda detener estos crímenes y restaurar el derecho. Para asegura mejor mi cercanía a esas queridas poblaciones he nombrado como mi Enviado Personal en Irak al Cardenal Fernando Filoni.
También en Gaza, después de una tregua se ha reanudado la guerra que se cobra víctimas inocentes y no hace más que empeorar el conflicto entre israelíes y palestinos.
Oremos juntos al Dios de la paz, por intercesión de la Virgen María: Dona la paz, Señor, a nuestros días, y haz que seamos constructores de justicia y de paz.
Oremos también por las víctimas del virus "Ébola" y para aquellos que están luchando para detenerlo».

Con sus saludos a todos los peregrinos y fieles romanos, el Papa recordó que desde el próximo miércoles hasta el lunes, 18 va a realizar un Viaje Apostólico a Corea, y pidió ¡por favor, acompáñenme con la oración!

Pedro comienza a hundirse en el momento que deja de mirar a Jesús y se deja envolver por las adversidades, el Papa en el Ángelus

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En el Decimonoveno Domingo del tiempo ordinario , la plaza de San Pedro volvió a acoger a miles de peregrinos y fieles provenientes de diversas partes del mundo. Puntualmente el Santo Padre se asomó a la ventana de su estudio en el palacio pontificio para rezar la oración mariana del Ángelus dominical, y, antes de la oración, Francisco comentó el tema del Evangelio de hoy que nos presenta el episodio de Jesús que camina sobre las aguas del lago, después de la multiplicación de los panes y los pescados. Después de despedir a la multitud, Jesús se retira a rezar, mientras en el lago se desata una gran tempestad, y en medio de esta tormenta el Señor alcanza a los discípulos caminando sobre las aguas del lago.

Ellos se asustan pero Él los tranquiliza diciéndoles: Soy Yo, ¡No tengan miedo! A lo que Pedro responde “Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua”. Jesús lo llama y Pedro, bajando de la barca, comienza a caminar sobre el agua en dirección a él. Pero al ver la violencia del viento, tiene miedo, y como empezaba a hundirse, grita: ¡Señor sálvame! Jesús entonces, le tiende su mano y lo sostiene, mientras le dice: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”

El Papa, reflexionando sobre la actitud de fe del apóstol Pedro, que lo lleva a cumplir cosas extraordinarias, señala que comienza a hundirse en el momento en que quita su mirada de Jesús: en ese momento el apóstol se deja arrollar por las adversidades que lo circundan. Por ello, dijo el Pontífice, en el personaje de Pedro se describe nuestra fe: frágil y pobre, inquieta y victoriosa, que camina al encuentro de Jesús resucitado en medio de la tempestad y de los peligros del mundo. 

Francisco evidencia también la escena final, cuando suben a la barca y el viento cesa: los discípulos, que se sentían aterrorizados y pequeños, se vuelven grandes en el momento en que se arrodillan ante Jesús y lo reconocen como Hijo de Dios . Esta es una imagen eficaz de la Iglesia, dice el Sucesor de Pedro: La fe nos da la seguridad de la presencia de Jesús siempre a nuestro lado, y nos permite caminar también en la oscuridad y a través de los momentos de dificultad. (GM - RV)

Texto completo de la reflexión del Papa antes del rezo a la Madre de Dios:

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Queridos hermanos y hermanas, 
¡Buenos días!

El Evangelio de hoy nos presenta el episodio de Jesús que camina sobre las aguas del lago. Después de la multiplicación de los panes y de los peces, Él invita a los discípulos a subirse en una barca y a esperarlo en la otra orilla, mientras Él despide a la gente y luego se retira a rezar en la montaña hasta la noche. Mientras tanto en el lago se desata una fuerte tormenta, y es ahí, en medio de la tormenta que Jesús llega a la barca de los discípulos, caminando sobre las aguas del lago. Cuando lo ven, los discípulos se asustan, piensan que es un fantasma, pero Él los tranquiliza: “¡Animo, soy yo, no tengan miedo!” Pedro, con su típico impulso, le pide casi una prueba: “Señor, si eres tú, ordéname de ir hacia ti caminado sobre las aguas”; y Jesús le dice: “¡Ven!”. Pedro baja de la barca y se pone a caminar sobre las aguas; pero el fuerte viento lo embiste y comienza a hundirse. Entonces grita: “¡Señor, sálvame!”, y Jesús le tiende la mano y lo saca.

Esta narración es una bella imagen de la fe del apóstol Pedro. En la voz de Jesús que le dice: “¡Ven!”, él reconoce el eco del primer encuentro sobre la orilla de ese mismo lago, y luego, una vez más, deja la barca y va hacia el maestro. ¡Y camina sobre las aguas! La respuesta confiada y rápida a la llamada del Señor hace realizar siempre cosas extraordinarias. Pero, Jesús mismo nos decía que nosotros somos capaces de hacer milagros con nuestra fe, fe en Él, fe en su palabra, fe en su voz. En cambio, Pedro comienza a hundirse en el momento que deja de mirar a Jesús y se deja envolver por las adversidades que lo rodean. Pero el Señor esta siempre ahí, y cuando Pedro lo llama, Jesús lo salva del peligro. En el personaje de Pedro, con sus impulsos y sus debilidades, es descrita nuestra fe: siempre frágil y pobre, inquieta y todavía victoriosa, la fe del cristiano camina al encuentro del Señor resucitado, en medio de las tormentas y los peligros del mundo.

También es muy importante la escena final. “apenas subieron en la barca, el viento cesó. Aquellos que estaban en la barca se prostraron delante de Él, diciendo: “¡de verdad tu eres el Hijo de Dios!”. En la barca están todos los discípulos, acomunados por la experiencia de la debilidad, de la duda, del miedo, “de la poca fe”. Pero cuando sobre aquella barca sube Jesús, el clima cambia en seguida: todos se sienten unidos en la fe en Él. Todos los pequeños y atemorizados se hacen grandes en el momento en el cual se arrojan de rodillas y reconocen en su maestro que es el Hijo de Dios. Cuantas veces también a nosotros nos sucede lo mismo, sin Jesús, lejos de Jesús nos sentimos temerosos, inadecuados a tal punto de pensar que no podemos salir adelante, ¡falta la fe!. Pero Jesús está siempre con nosotros, tal vez escondido, pero siempre presente y listo para socorrernos.

Esta es una imagen clara de la Iglesia: una barca que debe afrontar la tormenta y a veces parece que va a ser hundida. Lo que la salva no es la calidad o el valor de sus hombres, sino la fe, que le permite caminar incluso en la oscuridad, en medio de las dificultades. La fe nos da la seguridad de la presencia de Jesús siempre al lado, que nos tiene de la mano para alejarnos del peligro. Todos nosotros estamos sobre esta barca, y aquí nos sentimos seguros no obstante nuestros límites y nuestras debilidades. Estamos seguros sobre todo cuando sabemos ponernos de rodillas y adorar a Jesús, ¡adorar a Jesús!, el único Señor de nuestra vida. A esto nos llama siempre nuestra Madre, la Virgen. A ella nos dirigimos con confianza.
(RM-RV)

Francisco, los Jesuitas y esa antigua pasión por Asia


Cuando era joven soñaba con ser misionero en el Extremo Oriente. Ahora lo visita como Papa. Rumbo a Corea

LUCIO BRUNELLI*ROMA
Si no hubiera sido por ese pulmón enfermo, hoy el padre Jorge Mario Bergoglio no sería Papa. Sería misionero en Asia. Apenas se hizo oir en su vida la llamada al sacerdocio, su primer deseo fue partir como misionero a Japón. Aquella severa infección pulmonar se cruzó en el camino entre el joven Bergoglio y la gran nación del Sol Naciente. Aunque después se recuperó, con un pedacito de pulmón menos, sus superiores no lo consideraron apto para la empresa. A Bergoglio no le quedó más remedio que obedecer. No podía imaginar, en esa época, que un día viajaría como Papa y daría nueva forma al sueño de su juventud.

La fascinación por el Lejano Oriente forma parte del ADN de los jesuitas. Desde san Francisco Javier hasta Mateo Ricci, los primeros discípulos de la Compañía de Jesús siempre se sintieron atraídos por lo que muchos consideraban una misión imposible: llevar la novedad del cristianismo a civilizaciones antiquísimas que parecían refractarias a cualquier influencia exterior. Pasión por una “periferia” geográfica y cultural que los jesuitas intuían que estaba destinada a tener cada vez mayor peso en el mundo entero; pueblos a los que miraban con los mismos ojos con que san Pablo afrontó sus viajes más arduos y peligrosos, haciéndose “griego con los griegos, judio con los judíos” para conquistar nuevas almas para Cristo.

Los  discípulos de san Ignacio pudieron llegar hasta donde otras órdenes religiosas nunca se hubieran atrevido, hasta el corazón de la ciudad prohibida, Pekín. Utilizando todo tipo de recursos, incluso el estudio de la astronomía que fascinaba al emperador chino. Fueron admirados y fueron odiados. Muchos de ellos murieron mártires. A veces tuvieron que luchar también contra la rigidez de la curia romana. Un ejemplo fue la controversia sobre los ritos chinos. A los nuevos conversos de ojos rasgados los misioneros jesuitas no les imponían como condición, para abrazar la fe cristiana, que renunciaran a la práctica confuciana del culto a los antepasados. Después predominó una postura más extremista, los sabios intentos de inculturación que promovía la Compañía de Jesús quedaron desautorizados y la práctica de los ritos chinos se consideró una “superstición” incompatible con la doctrina católica. Las consecuencias en el campo misionero fueron devastadoras. Recién tres siglos después, en 1939 y por voluntad de Pio XII, un decreto de Propagande Fide rehabilitó el método de los jesuitas.

De hecho, Asia en su conjunto siguió siendo, de los cinco continentes, el más impermeable al cristianismo. Hasta la actualidad los católicos, si bien tienen un crecimiento porcentual superior al promedio europeo, no superan el tres por ciento de toda la población asiática. Una población inmensa: en esta parte del mundo vive el 50 por ciento de los habitantes de todo el planeta.

Si el joven padre Bergoglio no pudo ser misionero por culpa de un pulmón, también fue un problema de salud lo que impidió a Benedicto XVI pisar el suelo asiático en el curso de su pontificado. Realizó veinticuatro viajes apostólicos al exterior, cuatro de ellos intercontinentales (incluyendo Australia para una JMJ), pero nunca pudo ir a Asia. Cuando sus colaboradores comenzaron a programar una visita, los problemas de presión y de circulación desaconsejaron un trayecto tan largo en avión.

Ahora le toca a Francisco poner rumbo a Oriente. Corea del Sur, del 13 al 18 de agosto. Después, en enero de 2015, Sri Lanka y Filipinas. Asia es una prioridad en su pontificado. En el horizonte, todavía lejos pero no del corazón y la mente del Papa jesuita, la gran China.

Un poco de Corea ya conoció Bergoglio en Buenos Aires. A principios de febrero nombró al padre Han Lim Moon, sacerdote coreano que reside desde hace veinte años en Argentina, obispo auxiliar de la paupérrima diócesis de San Martín, donde trabaja el padre Pepe, párroco de la villa de emergencia la Cárcova y uno de los sacerdotes predilectos de Bergoglio.

Corea no es solo uno de los tigres de la economía asiática. También es uno de los tigres de la evangelización en el continente, como explica Vincenzo Faccioli Pintozzi en su libro “La misión del Papa Francisco en Corea”. Los católicos han crecido a un ritmo vertiginoso en las últimas décadas y ahora constituyen el diez por ciento de la población. Caso más único que raro, en el “país de la mañana calma” no fueron misioneros extranjeros los que implantaron el evangelio, sino laicos locales convertidos por el eco que llegó a estas tierras de la predicación de Matteo Ricci en Pekín.

Corea es un país herido. Dividido artificialmente en dos estados y sometido a la lógica violenta de la guerra fría. Pero las heridas no son solo geopolíticas. Disciplina confuciana y espíritu capitalista forman en Corea del Sur una mezcla insólita, motor de una economía que ha impuesto sus marcas exitosas en todo el mundo, desde Samsung hasta Hunday. Para la mayoría de la gente, el precio es una vida sometida a las exigencias del trabajo. La persona individual ha quedado anulada en el altar de la producción y de la productividad. Es probable que esa sea la razón del interés por el cristianismo, no tanto por la moda intelectual de una “religión occidental”, sino por la posibilidad de experimentar un horizonte distinto para la vida. Toda esta historia, todo este potencial, llevará consigo el misionero Francisco, que por culpa de un pulmón enfermo tuvo que demorar algunas décadas su viaje a Asia.

Vatican Insider

Pistas para la homilía por Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.




Cuatro experiencias diferentes de vida interior


 Lecturas:

o I Libro de los Reyes 19, 9. 11-13
o Carta de san Pablo a los Romanos 9, 1-5

o Mateo 14, 22-33



 En nuestra época, coexisten dos realidades que contrastan fuertemente: por una parte, el materialismo que nos bombardea con mensajes sobre la importancia del dinero y la búsqueda de nuevas experiencias sensoriales; por otra parte, una búsqueda de sentido que se manifiesta en el interés por las espiritualidades orientales y el auge del esoterismo.

 En las lecturas de hoy, particularmente en el texto del Libro de los Reyes y el relato del evangelista Mateo, encontramos elementos muy ricos sobre diferentes experiencias de vida interior vividas por el profeta Elías, Jesús, los discípulos y el apóstol Pedro. En su diversidad, nos iluminan en nuestra búsqueda continua de Dios y el deseo de comunicarnos con Él.

 Empecemos, pues, por la interesante experiencia vivida por el profeta Elías. En el texto que acabamos de escuchar, encontramos detalles que vale la pena explorar:



- Lo primero que llama la atención son las instrucciones que recibe el profeta: “El Señor le dijo: Sal de la cueva y quédate en el monte para ver al Señor, porque el Señor va a pasar”. Estas palabras dirigidas a Elías, y a cada uno de nosotros, piden crear las condiciones favorables para poder encontrarnos con el Señor. Salir de la cueva es un sabio consejo; muchas veces quedamos atrapados en la oscuridad de nuestras preocupaciones, dando vueltas a los asuntos personales. Salgamos de la cueva de nuestro pequeño mundo, abrámonos a los demás, miremos otras realidades “porque el Señor va a pasar”.
- A continuación, el texto hace referencia a tres fenómenos naturales: el viento huracanado, el terremoto y el fuego. Y sobre los tres fenómenos el texto afirma lo mismo: “El Señor no estaba allí”. En las culturas antiguas, la divinidad se asociaba con las fuerzas de la naturaleza, y la intensificación de éstas se interpretaba como que la divinidad rondaba cerca del mundo de los hombres. En la revelación judeo-cristiana, la divinidad no es una fuerza ciega sino un Ser personal, único, trascendente, que se revela en la historia y establece un pacto de amor.
- Después de describir estas manifestaciones del viento huracanado, el terremoto y el fuego, el texto hace una afirmación muy delicada: “Después del fuego se escuchó el murmullo de una brisa suave. Al oírlo, Elías se cubrió el rostro con su manto y salió a la entrada de la cueva”.
- En general, Dios se hace presente en nuestras vidas de manera discreta, sin aspavientos, casi en puntillas. Por eso son tan sospechosas las estrategias de mercadeo religioso utilizadas por ciertos pastores de otras iglesias que reúnen multitudes en estadios y teatros, y montan un espectáculo de falsos milagros, que son fruto de la sugestión y de la histeria colectiva.
- Dios se nos comunica al oído, casi en susurros. De ahí la importancia de crear las condiciones de soledad y silencio para poder escucharlo. No esperemos acciones espectaculares. Aprendamos a descubrir su acción en los pequeños milagros de la vida diaria, que pasan desapercibidos para muchos.
• Después de explorar esta profunda experiencia de vida interior que vive el profeta Elías, vayamos al evangelio de Mateo, donde encontramos a Jesús, los discípulos y al apóstol Pedro.


• Jesús ha tenido una intensa jornada. Atendió a miles de seguidores que le pedían que los curara de sus males; como sabio pedagogo, les explicó los valores del Reino y, al finalizar la tarde, se compadeció de ellos y multiplicó los pocos panes y pescados que estaban disponibles. Una jornada fatigante, llena de emociones. ¿Cómo la cerró? Nos dice el evangelista que “después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba Él solo allí”. En su ministerio apostólico, Jesús alternaba las actividades pastorales y los tiempos de intensa oración en los que dialogaba con su Padre.
• Ciertamente, el Señor vivía una comunicación ininterrumpida con su Padre. Todas sus palabras y acciones eran oración. Además de esta contemplación en la acción, los relatos evangélicos nos testimonian los espacios generosos que Jesús dedicaba a la oración. Los discípulos que tratamos de seguir las huellas del Maestro debemos ser muy cuidadosos en reservar esos tiempos para el silencio y la oración. Por eso debemos ser muy organizados con el manejo de nuestra agenda. Si nos descuidamos, las labores apostólicas y las tareas administrativas poco a poco irán arrinconando la celebración de la eucaristía diaria y los tiempos formales de oración. Si el apóstol no alimenta su trabajo con una sólida vida interior, terminará actuando como un simple líder social o como el funcionario de una ONG.
• Pasemos brevemente a la experiencia espiritual vivida por los discípulos. Nos dice el texto que “los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron y decían: ¡Es un fantasma! Y daban gritos de temor”. Es muy interesante esta situación de confusión que viven los discípulos. También nosotros nos hemos sentido perplejos en muchas ocasiones. Sentimos que nos faltan elementos de juicio para leer correctamente una situación y tomar la decisión acertada. Ignacio de Loyola, sabio maestro de la vida interior, en sus famosos Ejercicios Espirituales formuló unas Reglas para el discernimiento de espíritus, que son una metodología que él descubrió a través de su experiencia personal, para poder clarificar las situaciones de ambigüedad en la búsqueda de la voluntad de Dios.
Jesuitas de Colombia

Encuentros con la Palabra por Hermann Rodríguez S.J. “¡Tengan valor, soy yo, no tengan miedo!”



Es frecuente que sólo nos acordemos de Dios en tiempos de crisis y dificultad. Cuando navegamos por aguas tranquilas y nuestra vida transcurre sin particulares sobresaltos, podemos ir perdiendo la referencia fundamental al Señor. Podríamos decir, utilizando el lenguaje de san Ignacio de Loyola para referirse a los estados del alma, que en tiempos de desolación buscamos con más insistencia a Dios; y que en tiempos de consolación nos olvidamos de él, como la fuente de toda gracia.
Juan Casiano (ca. 360-435), uno de los padres de la Iglesia, cuyos escritos marcaron definitivamente el monaquismo de Occidente, nos presenta, en una de sus obras, algunas causas por las cuales las personas vivimos momentos de desolación. En primer lugar, dice Casiano, "de nuestro descuido procede, cuando andando nosotros indiferentes, tibios y empleados en pensamientos inútiles y vanos, nos dejamos llevar de la pereza, y con esto somos ocasión de que la tierra de nuestro corazón produzca abrojos y espinas, y creciendo éstas, claro está que habemos de hallarnos estériles, indevotos, sin oración y sin frutos espirituales" (Conlationes IV,3).
La segunda causa por la cual Dios permite que tengamos estas experiencias de abandono, según Casiano, es “para que desamparados un poco de la mano del Señor (...) comprendamos que aquello fue don de Dios, y que la quietud, que puestos en esta tribulación le pedimos, únicamente la podemos esperar de su divina gracia, por cuyo medio habíamos alcanzado aquel primer estado de paz, de que ahora nos sentimos privados” (Conlationes IV,4).
Ignacio de Loyola, en el siglo XVI, explicará esto mismo diciendo que Dios permite que vivamos momentos de desolación “por darnos vera noticia y conocimiento para que internamente sintamos que no es de nosotros traer o tener devoción crecida, amor intenso, lágrimas ni otra alguna consolación espiritual, mas que todo es don y gracia de Dios nuestro Señor; y porque en cosa ajena no pongamos nido, alzando nuestro entendimiento en alguna soberbia o gloria vana, atribuyendo a nosotros la devoción o las otras partes de la espiritual consolación” (EE, 322).
Pedro, junto con los demás discípulos, vive un momento de crisis profunda, cuando en medio de la noche, y sintiendo que “las olas azotaban la barca, porque tenían el viento en contra”, ve a Jesús caminando sobre las aguas; dice san Mateo que los discípulos “se asustaron, y gritaron llenos de miedo: – ¡Es un fantasma!”. La respuesta de Jesús los tranquilizó: “– ¡Tengan valor, soy yo, no tengan miedo!”
Pedro, entonces, con la seguridad que le daban estas palabras, dice: “– Señor, si eres tú, ordena que yo vaya hasta ti sobre el agua”. A lo que Jesús, ni corto ni perezoso, le respondió: “¬– Ven”. Entonces, “Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua en dirección a Jesús. Pero al notar la fuerza del viento, tuvo miedo; y como comenzaba a hundirse, gritó: – ¡Sálvame, Señor! Al momento, Jesús lo tomó de la mano y le dijo: – ¡Qué poca fe tienes! ¿Por qué dudaste?”
Como Pedro, cuando caminamos sobre aguas tranquilas guiados y conducidos por el Señor, tenemos la tentación de sentirnos dueños de lo que hacemos y nos olvidamos de aquel que hace posible nuestra existencia. De manera que, “para que en cosa ajena no pongamos nido”, es precisamente en las crisis y en los momentos de turbulencia, cuando reconocemos la verdadera fuente de nuestra seguridad y, como los discípulos, después de la tormenta, nos postramos en tierra para decirle al Señor: “–¡En verdad tú eres el Hijo de Dios!”
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.*
* Sacerdote jesuita, Decano académico de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá
Encuentros con la Palabra
RD

LECTURAS PARA EL DÍA DE HOY. BUEN DOMINGO PARA TODOS



XIX DOMINGO ORDINARIO
PRIMERA LECTURA
1 Reyes: 19, 9. 11-13
Quédate en el monte, porque el Señor va a pasar.Elías espera a Dios y este se le presenta como un susurro, sin prueba alguna de su poder. Es el gran secreto de Dios que nos narró Jesucristo que se acerca como Padre bueno a sus criaturas. Ese es el relato del Libro Primero de los Reyes, en la primera lectura.
Al llegar al monte de Dios, el Horeb, el profeta Elías entró en una cueva y permaneció allí. El Señor le dijo: "Sal de la cueva y quédate en el monte para ver al Señor, porque el Señor va a pasar".
Así lo hizo Elías, y al acercarse el Señor, vino primero un viento huracanado, que partía las montañas y resquebrajaba las rocas; pero el Señor no estaba en el viento. Se produjo después un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Luego vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego se escuchó el murmullo de una brisa suave. Al oírlo, Elías se cubrió el rostro con el manto y salió a la entrada de la cueva. 
Palabra de Dios

SALMO
Del salmo 84El Salmo 84 procede los días de la persecución de Antioco. Y es, sobre todo, un canto ilusionado y esperanzado ante la misericordia divina, a la que el pueblo expresa toda su gratitud. Nosotros, tambien, aquí y ahora, debemos reconocer al proclamar el salmo 84 que Dios es justo porque es bueno.
R/. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Escucharé las palabras del Señor,
palabras de paz para su pueblo santo.
Está ya cerca nuestra salvación
y la gloria del Señor habitará en la tierra. R/.
La misericordia y la verdad se encontraron,
la justicia y la paz se besaron;
la fidelidad brotó en la tierra
y la justicia vino del cielo. R/.
Cuando el Señor nos muestre su bondad,
nuestra tierra producirá su fruto.
La justicia le abrirá camino al Señor
e irá siguiendo sus pisadas. R/.

SEGUNDA LECTURA
Romanos: 9, 1-5
Hasta quisiera verme separado de Cristo, si esto fuera para bien de mis hermanos.En la segunda lectura, de la carta de San Pablo a los Romanos, describe el apóstol de los gentiles, el misterio inquietante de la infidelidad de los judíos a Jesús. Nada, ni nadie, parece que pudo evitarlo. Pero subyace en el relato de Pablo un mensaje de esperanza para el pueblo del que nació Jesús de Nazaret.

Hermanos: Les hablo con toda verdad en Cristo; no miento. Mi conciencia me atestigua, con la luz del Espíritu Santo, que tengo una infinita tristeza y un dolor incesante tortura mi corazón.
Hasta aceptaría verme separado de Cristo, si esto fuera para bien de mis hermanos, los de mi raza y de mi sangre, los israelitas, a quienes pertenecen la adopción filial, la gloria, la alianza, la ley, el culto y las promesas. Ellos son descendientes de los patriarcas; y de su raza, según la carne, nació Cristo, el cual está por encima de todo y es Dios bendito por los siglos de los siglos. Amén.
Palabra de Dios

EVANGELIO
San Mateo: 14, 22-33
Mándame ir a ti caminando sobre el agua. La barca de Pedro es la Iglesia. Los miedos de Pedro son las tribulaciones lógicas de esa Iglesia de Cristo. Pero, tras la tempestad llega la calma y tras el momento duro en que Pedro parece que se hunde en las aguas llega la calma de la mano del Señor Jesús. El Evangelio de Mateo nos narra este hecho Escuchemos con atención.
En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla, mientras Él despedía a la gente. Después de despedirla, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba él solo allí.
Entre tanto, la barca iba ya muy lejos de la costa y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron y decían: "¡Es un fantasma!" Y daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida: "Tranquilícense y no teman. Soy yo".
Entonces le dijo Pedro: "Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua". Jesús le contestó: "Ven". Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: "¡Sálvame, Señor!" Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?"
En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús, diciendo: "Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios".
Palabra del Señor

sábado, 9 de agosto de 2014

JÓVENES SANTIAGO: Testimonio de Karla Huerta: Mi Experiencia de Dios hasta Izquierda Autonoma


Entré a la política por el evangelio.  Quizás resulte altisonante una afirmación como esta, pero la verdad, es cierto. Porque no entré a la política ni por los amigos, ni por intereses particulares, ni tampoco por la Iglesia, a la que pertenezco y en la que creo desde infancia.
Entré a la política por el evangelio, ese que sonaba en la capilla de mi colegio todos los días, ese que estaba musicalizado en tantas canciones que hablan del amor a Dios y al prójimo, ese que me cuenta tanto sobre Jesús, su rebeldía con la religión y el modelo político establecido y que lo llevó, en consecuencia, a morir crucificado. Siempre he asistido mucho a los templos porque siento una afectividad muy grande por la liturgia comunitaria y  he escuchado con reverencia a los pastores en sus homilías y retiros espirituales, desde muy pequeña y con mucho gusto, con ese deseo grande de buscar la voluntad de Dios. Pero, nada de las cosas del templo resonó más fuerte en mi corazón que las palabras y hechos de Jesús en los relatos de los evangelios.
Cuando fue “El Pinguinazo” el año 2006 yo cursaba segundo medio en un Liceo municipal, ahora emblemático, de Rancagua. Me tocó ser la vocera del Liceo más importante de la región, y eso desestructuró toda mi joven forma de ver la vida, y por tanto, toda mi idea de Dios. Y cuando vi la realidad del país, y vi a mis compañeros estudiantes movilizándose y trabajando colaborativamente con la esperanza en un mundo mejor, me dije: ¡esto es lo mismo que el evangelio! Fue sorprendente para mí.
Hay en los evangelios un montón de pasajes muy incómodos que escuchaba suavizar mucho en las misas, eso me hacía mucho ruido. Parecía que daba miedo decir que ser rico o ser pobre tenía consecuencias para la vida espiritual, o se intentaba decir que simple y llanamente daban lo mismo, porque Dios igual nos amaba a todos y con eso bastaba. Después de esta gran experiencia de movilización, ese discurso ya no podía ser posible, el evangelio no dice eso, y la vida social chilena tampoco.
Ahí decidí dedicarme enteramente a la acción social, no sabía todavía si derechamente política, le tenía miedo, los políticos no tienen buena fama, y la política secuestrada por las dos coaliciones de la Concertación y la Alianza, no daban (ni dan) espacio para gente joven y con nuevos valores.
Entonces me involucré muy de cerca con la causa mapuche, en ese momento estaba en la cárcel la Patricia Troncoso con 100 días de huelga de hambre en el sur, y con un grupo de amigos protagonizamos la toma de la Catedral de Rancagua para pedirle a monseñor Goic que se pronunciara públicamente al respecto para así visualizar el conflicto. Ahí me encontré con varios de los curas que escuché tantas veces en misa, y contrario a lo que creí, me acogieron muy bien y casi me felicitaron. Aquello fue tremendamente extraño, pero confirmó mi camino de alguna manera.
Luego de mucho trabajo social en las periferias, militando en una organización que reivindicaba la marginalidad de la acción, con pocos resultados de incidencia real en las personas y la vida social, entré a estudiar Pedagogía en Religión en la PUCV. En esa fecha conocí a personas de Izquierda Autónoma, quienes estaban en la Federación de Estudiantes. Me integré a Izquierda Autónoma tímidamente el año 2010 tras la invitación de una amiga militante y cevequiana de Valparaíso, y así mismo ingresé a la CVXj de Valparaíso: ambos ingresos fueron paralelos y simultáneos.
Luego, inmediatamente me tocó ser Presidenta de mi Carrera cuando ocurrió la gran movilización del año 2011. En mi cargo, en “la carrera religiosa” de la Universidad, sin duda, me encontré nuevamente con la gran encrucijada: cómo relacionar la gran movilización y la opción creyente. Mis compañeros de curso, siendo en su mayoría de estrato social bajo y tremendamente creyentes y católicos, provenientes de diversas parroquias de la región, hicieron un gran trabajo en ese sentido, y todo fue tomando mayor coherencia.  Reclamamos también contra el silencio del obispo de Valparaíso ante la gran convulsión social. Compartí con ellos mis dudas y mis temores, y creo que desde ahí se reafirmó mi convicción de entrar en la política.
En Izquierda Autónoma el camino ha sido de muchos frutos, compartiendo la vida, nuestras inquietudes, luchas sociales y personales, esperanzas y sueños, con personas no creyentes en su mayoría, ¡pero muchos creyentes también! Hay amigos luteranos, de formación cristiana, católicos, agnósticos y ateos. Ellos me han mostrado con mayor claridad que el evangelio es Buena Noticia para el mundo.
Con ellos he profundizado en valores que tienen mucho que ver con jugársela por el evangelio, y una cuestión importante es salir de la marginalidad, y enfrentar a la política de frente, a la cara, con todas sus dificultades; esas dificultades también las vivió Jesús. Eso significa, una disputa de poder, y esa es la clave para pasar de una lucha social a una lucha política. Pero para que ese nexo exista es necesario “socializar lo político y politizar lo social”, es decir, comprender que cada ser humano libre y soberanamente tiene poder de decidir su futuro, esa “libertad de los hijos de Dios”. Y entonces, debe involucrarse en la política, porque esa soberanía no se ejerce en privado, es decir, “no nos salvamos solos”, ¡no podemos!, no es una opción. Somos soberanos de nuestro destino en la medida que lo somos todos, como sociedad, esa es la única manera de lograrlo: decidir el futuro de la sociedad es decidir nuestro futuro y al revés. Todas estas ideas podrían sonar complicadas, por me fue necesario masticarlas, o “rumiarlas”, como diría san Ignacio.
De esta manera, en la actualidad me encuentro estudiando Teología en la UC, y como Coordinadora Externa de Izquierda Autónoma en la universidad. Queda mucho camino por hacer, pero ya se ha cimentado la convicción de que es necesaria una nueva forma de hacer política, para una nueva forma de hacer sociedad, y en eso espero poder cooperar para una lucha que recién comienza.
CVX Jóvenes

viernes, 8 de agosto de 2014

JESUITAS: Los Instructores de Tercera Probación encuentran al Papa


(08-Aug-2014)

Esta semana se está celebrando en la Curia un encuentro con 26 Instructores de Tercera Probación, procedentes de todas las regiones del mundo. El P. General ha asistido a las sesiones plenarias y el pasado miércoles en la Iglesia del Gesù ofreció al grupo orientaciones para la oración. 

El 7 de agosto han tenido el privilegio de concelebrar la Eucaristía con el Santo Padre en la iglesia de Santa Marta, en el Vaticano. 

El encuentro está siendo coordinado por el P. José Cecilio Magadia, actual asistente para la formación. También los han acompañado los Padres Robert Geisinger, Orlando Torres, Robert Danieluk, y James Grummer, informándoles sobre diversas cuestiones. 

El grupo está analizando la situación en la que se encuentra la Tercera Probación en distintos lugares del mundo, así como el papel de los Instructores. También están profundizando en la naturaleza de los votos. Algunas de las sesiones han sido dedicadas al aniversario de la restauración de la Compañía.

Jesuitas