martes, 25 de julio de 2017

VALPARAÍSO: CELEBRACIÓN DE LA FIESTA DE SAN IGNACIO

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Los invitamos a que celebremos este fin de semana a San Ignacio de Loyola, que su ejemplo de peregrinaje constante, de conversión permanente, y profundo amor traducido en grandes y pequeñas obras, nos aliente en nuestro andar tras los pasos de Cristo.

El sábado 29 a las 19.00 hrs tendremos la Eucaristía Comunitaria de la CVX y el Domingo 30 a las 12.00 hrs la Solemne Eucaristía de San Ignacio junto a toda la comunidad ignaciana de Valparaíso.

domingo, 23 de julio de 2017

Encuentros con la Palabra por Hermann Rodríguez sj “... pueden arrancar también el trigo”


Monseñor Alberto Giraldo Jaramillo, Arzobispo emérito de Medellín, recordando el documento de Puebla, a propósito del conflicto que hemos vivido en nuestro país y del cual vamos saliendo poco a poco, decía en una entrevista: “la línea divisoria entre el bien y el mal pasa por el corazón de cada uno. No podemos decir: ustedes son los malos, nosotros los buenos”. Muy fácilmente, en medio de los conflictos humanos, tomamos posición y señalamos a los demás como los malos, sintiéndonos nosotros libres de toda culpa y como voceros de los ‘buenos’. Esto no sólo pasa en el ámbito sociopolítico, sino también en las relaciones cotidianas, corriendo el peligro de pensar que los problemas se solucionan desapareciendo al que piensa diferente. Desde luego, esta es una falacia de la que despertamos tan pronto eliminamos al primer ‘contrario’, porque más nos demoramos en hacerlo, que en surgir uno nuevo, mejorado.
La contradicción está sembrada en el corazón de nuestra propia existencia. Heráclito (ca. 540-480 a.C.), filósofo griego solía decir: “Pólemos, la guerra, es el padre de todas las cosas”. Y también afirmaba: “El camino de subida y de bajada es uno solo y el mismo”, queriendo recoger la percepción que él tenía de la realidad, en la cual están siempre presente los contrarios... Nuestra vida no es muy distinta. También en nosotros viven enfrentados el bien y el mal, y querer negarlo o eliminar totalmente la raíz de lo negativo, es muy arriesgado, porque se puede dañar también lo bueno.
Esto es, precisamente, lo que señala Jesús en la parábola del trigo y la cizaña. Dentro de cada uno de nosotros habitan fuerzas contrarias y vivimos, permanentemente, movidos por lo que san Ignacio de Loyola llama, el Buen Espíritu y el enemigo de natura humana. Por eso es muy importante discernir constantemente las mociones (los movimientos) interiores, que pueden manifestarse como pensamientos, sentimientos o sensaciones que tenemos frente a los acontecimientos cotidianos de nuestra vida.
Podríamos decir que el Reino de los cielos se parece a una madre de familia que le sirve a sus tres hijos un suculento plato de bocachico (pescado de los ríos de Colombia que tiene la característica de tener muchas espinas) para el almuerzo. El primer hijo opta por escarbar un poco el pescado y comerse sólo lo pulpito por miedo a las espinas. El segundo hijo, se come el pescado sin mucho cuidado y se atraganta con las espinas hasta que le tienen que dar un pedazo de yuca o de papa para que no se ahogue. Y el tercero, pacientemente, va masticando con cuidado cada bocado y va sacando a un lado las espinas, hasta que termina de comerse el delicioso bocachico que su mamá le ofreció.
En nuestra vida podemos tener una de estas tres actitudes. O esquivar siempre los obstáculos por miedo a las espinas; o comernos todo sin darnos cuenta de lo que nos puede hacer daño; o, finalmente, saborearla y degustar toda su riqueza, seleccionando bien cada bocado, para quedarnos con lo bueno, con lo nutritivo, con lo que nos alimenta, sin despreciar nada de lo que Dios nos brinda con amor, pero sin tragarnos el veneno y la cizaña que no se pueden eliminar completamente de nuestra vida.
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.*
* Sacerdote jesuita, Profesor Asociado de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá
Encuentros con la Palabra
RD

lunes, 17 de julio de 2017

Algo para pensar y orar en esta semana


La imagen de la madre

El Guardaparque me informa que, cuando una cebra nace, al principio tropieza con sus patitas, y luego corre alrededor de su madre. Es una forma natural de fortalecer rápidamente esas débiles patitas, para poder arrancar de los que puedan amenazarlo.
Pero luego, exhausto, el recién nacido colapsa y queda de espalda, sólo contemplando a su madre, a veces por horas. Pienso que todo es muy simpático. Pero esto es muy importante: el recién nacido está memorizando el dibujo de la piel de su madre.
¡Imagínalo! Cada cebra de este planeta posee una piel dibujada en forma única. Al memorizarlo, se crea el primer acto de unión, su primera defensa para el caso que perderse en la manada.
Margaret Silf
Espacio Sagrado