miércoles, 17 de septiembre de 2008

«Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios»


Benedicto XVI reiteró hoy la necesidad de una separación entre la Iglesia y el Estado y precisó que una "sana laicidad no significa prescindir de la dimensión espiritual, sino reconocer que ésta es garante de la libertad y de la autonomía terrena".

El Papa hizo estas manifestaciones ante varios miles de fieles que asistieron en el Aula Pablo VI del Vaticano a la audiencia pública de los miércoles, en la que recordó su reciente viaje a Francia, que le ha llevado del 12 al 15 de septiembre a París y Lourdes.

Tras resaltar que en la laica Francia la Iglesia ha realizado desde el siglo II un "fundamental papel civilizador", el Pontífice señaló que en ese contexto ha madurado "la exigencia de una sana distinción entre la esfera política y la religiosa, según el dicho de Jesús "dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios".

"Si en las monedas romanas estaba impresa la efigie del César" dijo el Papa, "en el corazón del hombre está la huella del Creador, único Señor de nuestra vida".

El Obispo de Roma aseguró que la "auténtica laicidad no significa prescindir de la dimensión espiritual, sino reconocer que ésta es garante de la libertad y de la autonomía terrena".Benedicto XVI resaltó del viaje -en ocasión del 150 aniversario de las apariciones de la Virgen a santa Bernadette- el discurso que pronunció ante el mundo, "en el que reflexioné sobre cómo la búsqueda de Dios es la vía maestra y el fundamento de toda verdadera cultura".

También recordó el encuentro con los sacerdotes, religiosos y seminaristas y con los jóvenes, a los que exhortó a "no tener miedo" para proclamar el Evangelio, a sabiendas "que venerar la Cruz a veces también lleva consigo el escarnio e incluso la persecución".

De la etapa en el santuario mariano en los Pirineos franceses, el Papa destacó que recorrió el "Camino del Jubileo", que recorre los lugares de la vida de la niña Bernadette, a la que se apareció la Virgen en 1858.

Como un peregrino más, el Papa visitó la iglesia donde se conserva la pila en que fue bautizada Bernadette Sobirous; el "calabozo" (la casa donde vivió), la Gruta de Massabielle (de las apariciones) y el oratorio donde hizo la pequeña la primera comunión.

En la Gruta de las Apariciones, donde la Virgen se presentó en 18 ocasiones a la niña entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858, un niño ofreció al Papa un vaso con agua de la fuente milagrosa que María hizo descubrir a Bernadette.

"Lourdes es verdaderamente un lugar de luz, de oración, de esperanza y de conversión, donde los peregrinos, en esta escuela de caridad y de servicio a los hermanos, aprenden a ver sus propias cruces a la luz de la Cruz de Cristo", afirmó el Papa Concluida la audiencia y como es habitual, el Pontífice saludó en varios idiomas, entre ellos español, en el que expresó palabras de aliento a los fieles presentes de España, El Salvador, Costa Rica, México y Paraguay.

Tras la audiencia, el Papa regresó a la residencia de verano de Castel Gandolfo, a una treintena de kilómetros en el sur de Roma, donde permanecerá hasta finales de septiembre.

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