domingo, 7 de septiembre de 2008

Con masiva eucaristía Iglesia de Santiago celebró a su Pastor


Cientos de fieles participaron en la Santa Misa que se ofició, en la noche del viernes 5 de septiembre, en la Catedral Metropolitana, para agradecer a Dios Padre por los 75 años de vida del Cardenal Francisco Javier Errázuriz.



Delegaciones de parroquias, de colegios, de movimientos apostólicos y fieles laicos en general, llegaron hasta la Catedral Metropolitana, en la noche del viernes 5 de septiembre, para testimoniar su afecto y cariño al Cardenal Francisco Javier Errázuriz, en el día de su cumpleaños número 75. A ellos se sumaron religiosas, religiosos, diáconos y el clero en pleno de la arquidiócesis. Entre la concurrencia destacaron los familiares del Arzobispo de Santiago, sus dos hermanos y tres hermanas, sobrinos y sobrinos nietos; y numerosas autoridades, entre ellos los ministros José Antonio Viera Gallo y Mónica Jiménez; los ex embajadores de Chile ante la Santa Sede, Máximo Pacheco y Javier Luis Egaña; el rector de la Universidad Católica de Chile, Pedro Pablo Rosso. También se encontraban presente Monseñor Sergio Abad, Arzobispo Ortodoxo de Antioquia.


La solemne eucaristía fue presidida por el propio Cardenal Francisco Javier Errázuriz y concelebrada por los cardenales Jorge Medina y Antonio Cañizares, Arzobispo de Toledo, España, quien viajó en forma especial para participar en esta celebración. También concelebraron el Presidente de la Conferencia Episcopal de Chile y Obispo de Rancagua, Monseñor Alejandro Goic; los Arzobispos de Antofagasta, Pablo Lizama, de Concepción, Ricardo Ezzati; de Puerto Montt, Cristián Caro; los Obispos Auxiliares de Santiago: Andrés Arteaga, Cristián Contreras Villarroel y Fernando Chomalí; numerosos obispos en ejercicio y eméritos; el representante de la Nunciatura Apostólica, Monseñor Mauricio Ruedas; y miembros del Cabildo Metropolitano, encabezados por Monseñor Juan Suárez.



Gratitud del clero

A nombre del clero de Santiago, la Misa fue ofrecida por el presbítero Renato Gavio, párroco de la parroquia San Martin de Porres, de la Zona Sur. “El pueblo de Dios de la Iglesia de Santiago quiere hacer eucaristía para agradecer al Padre Dios por los 75 años de vida que le ha regalado a nuestro pastor. Son las comunidades de Santiago con sus animadores y pastores que están aquí apara decirle al Padre Dios: ¡Gracias! Gracias por la presencia en medio de nosotros de nuestro Arzobispo, Cardenal Francisco Javier Errázuriz”, señaló el Padre Gavio. Y agregó: “Todos queremos unirnos a usted, Señor Cardenal, en esto tan de nosotros: Dar gracias. Dar gracias por esta Iglesia que usted nos ha ido pastoreando y que ha ido recorriendo, visitando, escuchando”.

La pesca milagrosa



Al inicio de su homilía, el Arzobispo de Santiago agradeció a los asistentes las muestras de cariño. Dijo que la mejor forma de agradecer a Dios por estos 75 años de vida, era la hacer eucaristía ya que ella es la acción de gracias por eminencia. “Agredecer, en primer lugar, que el Hijo de Dios llegó a este mundo, que se hizo hermano nuestro, nuestro Salvador, que nos expresó su amor hasta el extremo, que sigue vivo y que sigue por lo tanto conduciendo como pastor a nuestra Iglesia, implorando para ella el Espíritu Santo, para que caminemos por los senderos de Dios, por los caminos que el Padre nos ha señalado”.



Luego, el Cardenal Errázuriz reflexionó sobre el relato evangélico referido a la pesca milagrosa e hizo un paralelo con nuestras propias vidas. Explicó que había elegido este Evangelio porque en él se entrelaza la historia de los primeros apóstoles, de los primeros discípulos del Señor, con nuestra propia historia. “La pesca milagrosa representa la sobreabundancia de dones con que Dios nos quiere regalar Cuando nosotros experimentamos la sobreabundancia del amor de Dios, también miramos a nuestro interior, y nos consideramos enteramente indignos de esa sobreabundancia de amor” dijo el Arzobispo de Santiago, haciendo un paralelo con lo que le ocurrió a los apóstoles en el mencionado relato evangélico. Y agregó: “Lo que experimentó Pedro, la sobreabundancia, lo hemos experimentado tantas veces nosotros, la sobreabundancia de los dones de Dios. Seguramente lo han experimentado ustedes que son padres de familia, los que han dirigido movimientos o que han estado al frente de colegios, de parroquias, cuando uno nota una desproporción extraordinaria en la acción que uno hizo y aquel fruto y aquella pesca milagrosa que resultó. (…) Qué hermoso es poder comprobar de que hemos estado actuando, cumpliendo, lo que Dios nos pidió y por lo tanto que estamos cumpliendo algo que corresponde a la sobreabundancia de su gracia. A veces no lo agradecemos suficientemente. Nuestro corazón no vive pendiente de los dones de Dios, de los dones inmerecidos que nos regala, y que muchas veces pasamos por el mundo mirando lo que falta, lo que habría que hacer…”



Más adelante, el Cardenal manifestó que siempre Dios invita a remar mar adentro, a no quedarnos en la orilla. Remar mar adentro significa ir hacia el corazón de Dios, hacia su sabiduría, hacia su misericordia. Remar mar adentro es ir a lo profundo del ser humano, de la humanidad y no quedarnos nunca en la orilla de las cosas sino que yendo a lo profundo, indicó el prelado. “Para los planes de Dios –agregó- no hay nada imposible. Todos estamos llamados a ser discípulos de Jesús. Fuimos creados para el encuentro con Dios y para participar de la felicidad, de la paz y del amor de nuestro Dios. Entonces, cómo no echar las redes donde quiera que estemos, hablando en nombre de Jesús e invitando a seguirlo”.


“Son tantos los aspectos de nuestra vida por los cuales tenemos que agradecer al Señor y al mismo tiempo decirle: Señor, cuenta conmigo, cuenta hasta el final de mis días. Yo quiero ser tu discípulo, tu misionero, hasta el último día de mi vida. Yo creo que ustedes, en su corazón, sienten lo mismo. En el momento de la consagración podemos ofrecer este propósito al Señor: ser discípulos misioneros de Jesucristo para que nuestro pueblo en Él tenga vida, y que tenga vida en abundancia”, terminó señalando el Cardenal Francisco Javier Errázuriz, en su homilía.

Esquinazo


Luego de finalizada la eucaristía, un grupo folclórico ofreció un esquinazo al Cardenal Errázuriz, en las afueras de la Catedral, con bailes de las distintas regiones del país, colocando la nota de colorido a la fría noche santiaguina. La presentación fue muy aplaudida por los transeúntes que pasaban en esos momentos por la Plaza de Armas de la capital.

Fuente: DOP