jueves, 16 de octubre de 2008

El Evangelio de hoy


Lucas 11. 47-54.

“¡Ay de ustedes!, que construyen los sepulcros de los profetas a quienes los antepasados de ustedes mataron. Con eso dan a entender que están de acuerdo con lo que sus antepasados hicieron, pues ellos los mataron y ustedes construyen sus sepulcros.
“Por eso, Dios en su sabiduría dijo: ‘Les mandaré profetas y apóstoles, y matarán a algunos de ellos y perseguirán a otros.’ Pues a la gente de hoy Dios le va a pedir cuentas de la sangre de todos los profetas, que ha sido derramada desde que se hizo el mundo, desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías, a quien mataron entre el altar y el santuario. Por lo tanto, les digo que Dios pedirá cuentas de la muerte de ellos a la gente de hoy.

“¡Ay de ustedes, maestros de la ley!, que se han apoderado de la llave del conocimiento; pero ni ustedes mismos entran ni dejan entrar a los que quieren hacerlo.”
Cuando Jesús salió de allí, los maestros de la ley y los fariseos se enojaron mucho, y comenzaron a molestarlo con muchas preguntas, tendiéndole trampas para atraparlo en sus propias palabras.



Contemplo mi entorno. …


Mi familia, …


mi barrio, …


mi país.



¿en quienes puedo ver nuevamente a Jesús crucificado?


Busco a quienes son víctimas de injusticia y de ambiciones mezquinas.


Y yo, … ¿qué hago? … ¿Cómo reacciono? …


¿me hago cómplice de esas injusticias mortales? …


¿Podrá Dios pedirme cuentas a mi hoy por el sufrimiento de hermanos míos, hijos también de El? …



Pido ayuda para no ser como esos maestros de la ley y fariseos que Jesús denuncia con tanta firmeza.

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