lunes, 3 de marzo de 2008

DOCE JESUITAS EN EL V TALLER DE PASTORAL PARROQUIAL

El jueves 21 de febrero terminó el quinto taller de pastoral parroquial organizado por el sector parroquias de nuestra Cpal. Como en años anteriores, se tuvo en Bogotá, en la Casa de las Hermanas Carmelitas Misioneras, que nos atendieron con su ya tradicional amabilidad. Daba gusto ver el empeño de la Hermana Martha, la superiora, para que pudiéramos tener, ya durante el taller, servicio inalámbrico de internet…

El propósito de estas tres semanas de trabajo era ayudarnos a profundizar en nuestra labor parroquial: detenernos, reflexionar, iluminarlo a la luz de la Palabra de Dios, de su querer amoroso, a fin de realizar mejor nuestro servicio, en Iglesia, en cuerpo, en red de mutuo apoyo (es decir en Relapaj).

Para el miércoles del 30 de enero estábamos ya en la capital colombiana los doce integrantes de lo que fue luego un grupo amistoso y fraterno: Aquiles Ozuna, de Antillas, Baltasar Menjívar y Roberto Voss, de Centroamérica, Cristian Brahm y Nelson Peña, de Chile, Luis Miguel García y Diego Fernando Molina, de Colombia, Jorge Luis Rojas, de Cuba, Luis Ramón Avitia y Miguel Quintanilla, de México, Gregorio Teczar, de Paraguay, y Álvaro Quiroz (MEX), de la Cpal. Fue una especial riqueza de este taller el hecho de que, al lado de tres jesuitas con casi cincuenta años de Compañía, hubieran estado un hermano joven, actualmente en magisterio, dos escolares, también jóvenes, de teología, cuatro sacerdotes con alrededor de un año de ordenación y dos sacerdotes más poco mayores de cuarenta años.

De acuerdo a las evaluaciones de los participantes, el taller puede considerarse como muy fructuoso. Fue algo así como volver a las Fuentes de nuestra vida y nuestra vocación y ver desde ahí nuestra misión parroquial para vivirla y realizarla con verdadero espíritu jesuítico, con más amor, con más tino, conspirando todos en el mismo proyecto “Características de la parroquia jesuita en la A.L. de hoy”. Se valoró mucho la riqueza de las experiencias compartidas en un ambiente de amistad jesuítica y trabajo constructivo. Igualmente se apreciaron mucho las iluminaciones de nuestros asesores.

De una manera particular reconocimos y agradecimos muy sinceramente el apoyo de la provincia muy querida de Colombia. Su fraterna y generosa acogida sobre todo en las diversas visitas que hicimos (a las comunidades de formación y a la casa de acompañamiento vocacional, al Cinep y a la Javeriana, a las parroquias jesuitas de la ciudad) contribuyeron aún más a hacer de nuestro taller una experiencia difícil de olvidar.

Por: Alvaro Quiroz S.I.

Fuente: CPAL

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