miércoles, 3 de diciembre de 2008

Fiesta de San Francisco Javier

Carta del Arzobispo de Pamplona con motivo de la celebración de la fiesta de San Francisco Javier


Javier, testigo de paz

Siempre me he sentido fascinado y admirado por la fuerza misionera de San Francisco de Javier. No era un joven extraño a los demás, ni siquiera mejor: era un joven que se fió de Jesucristo y se lanzó a la aventura de vivir y anunciar el Evangelio. Sus expectativas humanas eran auténticas y sinceras pero centradas en él mismo porque quería destacar ante la gente y ante su familia. Cuando descubre que la vida no sirve de nada si no se hace por un amor mayor que es Jesucristo, cambia su forma de pensar y de vivir. En esta transformación encuentra el sentido a su vida y se entrega sin reservas a Jesucristo en su Iglesia sin pararse en sí mismo. Y desprendido de sí, comienza una aventura que le hará ser, al estilo de San Pablo, el apóstol de los que no “conocen el amor de Cristo”. Surca los mares hasta oriente y no cesa de dar lo mejor que lleva en su “vasija de barro” que es el “amor por Cristo y a amar a Cristo”.


Me impresiona que San Francisco de Javier no tuviera otra razón que la de ser mediación de aquel del que se ha fiado: de Cristo. Sólo desde este modo de pensar y de vivir se puede ser “testigo de paz”. Por ello me quiero fijar en este aspecto tan necesario en la sociedad que nos toca vivir. La paz no nace de acuerdos más o menos voluntariosos simplemente y menos de diálogos interesados. La paz nace de un corazón dispuesto a darse por amor. Un corazón “contrito y humillado”, como nos dice el Salmo, es aquel que se pone al servicio de los hermanos y tiene la fortaleza para saber perdonar y saber pedir perdón. La paz es el lenguaje nuevo que instaura Jesucristo cuando después de haber entregado su vida y resucitado dice a los suyos:”Mí paz os dejo, mí paz os doy”.


Celebramos la Jornada de las Misiones en la Diócesis de Pamplona-Tudela y el motivo fundamental es la experiencia misionera que tuvo San Francisco de Javier. Hoy nos sigue impulsando a todos para saber orientar nuestro trabajo de cada día con este espíritu de servicio a los demás por el Evangelio de Jesucristo. No se contrapone el servicio y generosidad que se realiza cuando se ayuda a los demás con el servicio y amor a Jesucristo porque “en esto conocerán que sois mis discípulos si os amáis los unos a los otros”. No hay mayor signo de paz que la solidaria fraternidad y la generosa solidaridad.+ Francisco Pérez González, Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela y Director Nacional de Obras Misionales Pontificias


Jesuitas de Loyola

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