martes, 27 de agosto de 2013

Está pasando: ¿Guerra justa?



¿Alguna vez es la guerra necesaria y justa? ¿No seguimos a un crucificado, que se negó a devolver golpe por golpe, que eligió la paz frente a la violencia, y que fue víctima inocente del pecado que mata?

El mundo está ahora pendiente de Siria. Y hay un clamor por una intervención militar. La sospecha –parece que muy fundada- de que el propio gobierno ha masacrado a su pueblo mediante el recurso a armas químicas hace estremecerse a cualquiera que tenga un poco de humanidad y conciencia. La espera, la no injerencia, la falta de intervención, no parece que estén llevando a ninguna salida. Niños asesinados, civiles impunemente atacados.

La doctrina tradicional católica sobre la guerra justa dice que:

«Se han de considerar con rigor las condiciones estrictas de una legítima defensa mediante la fuerza militar. La gravedad de semejante decisión somete a esta a condiciones rigurosas de legitimidad moral. Es preciso a la vez:

— Que el daño causado por el agresor a la nación o a la comunidad de las naciones sea duradero, grave y cierto.

— Que todos los demás medios para poner fin a la agresión hayan resultado impracticables o ineficaces.

— Que se reúnan las condiciones serias de éxito.

— Que el empleo de las armas no entrañe males y desórdenes más graves que el mal que se pretende eliminar. El poder de los medios modernos de destrucción obliga a una prudencia extrema en la apreciación de esta 
condición.

Estos son los elementos tradicionales enumerados en la doctrina llamada de la “guerra justa”

La apreciación de estas condiciones de legitimidad moral pertenece al juicio prudente de quienes están a cargo del bien común.» (Catecismo de la Iglesia católica 2309).

Os invitamos, desde aquí, a reflexionar juntos. ¿Se dan alguna vez las condiciones? ¿Se dan ahora? ¿Esta guerra? ¿Es la violencia un recurso inevitable algunas veces? ¿Cómo aceptar esto, y al tiempo comprender la opción por la paz de Jesús? No hay respuestas fáciles, y ojalá fuéramos capaces de aportar elementos para un diálogo y una reflexión serena. 

Ender
pastoralsj