lunes, 26 de agosto de 2013

Algo para pensar y orar en esta semana: Dios en un barrio de extrema pobreza



Dios en un barrio de extrema pobreza


El RP Pedro Arrupe, Superior General de la Compañía de Jesús, al término del Vaticano Segundo, viajó a lejanas tierras. En América Latina fue invitado a celebrar Misa en un barrio de extrema pobreza, ubicado en un sitio hundido que se llenaba de barro cuando llovía.
Allí no había una iglesia, sólo una carpa sobre un pequeño altar. Perros entraban y salían. Un guitarrista tocaba un himno y lo cantaba así:
“Amar es entregarse a sí mismo.
Es olvidarse de uno mismo,
y buscar qué puede hacer felices a los demás.
Qué lindo es vivir para el amor.”
Estas personas, que no tenían nada, estaban listas para entregarse para hacer felices a otros! Durante la Misa, el absoluto silencio durante la Consagración contrastó con el grito del Padre Nuestro, salido del corazón de todos. En la comunión, el RP se dio cuenta de lágrimas en muchos ojos. Estas gentes sabían que estaban encontrándose con Jesús, su única esperanza y consuelo.
Al final de la Misa, un hombre alto le dijo: “Venga a mi casa. Tengo algo para honrar su visita. La choza, semi destrozada por la lluvia y el viento, estaba en un cerro. Su anfitrión le invitó a sentarse en una silla desvencijada, desde la cual Pedro podía ver la puesta de sol, y dijo: “Vea, señor, lo maravillosa que es esta escena!” Sentados en silencio, contemplaron el sol desaparecer. El hombre añadió: “No sabía cómo agradecerle todo lo que usted ha hecho por nosotros. No tengo nada que darle; pero pensé que a usted le gustaría ver esta puesta de sol. Le gustó, no es cierto? Que tenga muy buenas tardes.” Luego lo acompañó hasta los pies del cerro, se dieron la mano y se despidieron.
Adaptado de George Bishop: Pedro Arrupe SJ. Leominster: Gracewing, 2007.