martes, 20 de agosto de 2013

Algo para pensar y orar en esta semana: Los sonidos del silencio


Los monjes de antaño huían al desierto, del ruido y la distracción del mundo. Si hiciéramos lo mismo hoy, nuestra tentación sería llevar nuestros celulares en nuestras mochilas! Pero, como los buenos monjes, también nosotras/os somos creados para buscar a Dios, y muchos están comenzando a buscar cómo hacerlo. El movimiento llamado “El Nuevo Monasticismo” trata de replantear antiguos valores en nuestras vidas del presente. Propone que nuestros corazones pueden ser nuestros monasterios en medio de nuestras ocupadas vidas. Podemos estar quietos y silenciosos, y así cultivar un lugar de silencio, que compartimos sólo con Dios, en el fondo de nuestros corazones.
La antigua experiencia de Elías aún hace eco en nosotras/os, y tironea nuestros corazones. A Elías se le dijo que saliera y se quedara de pié en la montaña, esperando al Señor que estaba por pasar por ahí. Entonces vino el rugido de un gran viento; pero el Señor no estaba en el viento; tampoco en el terremoto que siguió, ni tampoco en el fuego. Entonces se nos dice: “Después del fuego vino el sonido de un silencio puro y continuo.” Elías escuchó este misterioso silencio, y salió a encontrarse con Dios (1 Reyes 19:11-13). Hablaron entre los dos, y entonces Elías supo lo que tenía que hacer.
Experiencias como ésta pueden ser nuestras, cuando escojamos dejar atrás el mundo tan ocupado, y bajar a lo profundo de nuestros corazones, ese lugar secreto donde, como dice Jesús “encontraremos a nuestro Dios que está ahí”(Mateo 6:6).
Brian Grogan SJ
Espacio Sagrado