sábado, 31 de agosto de 2013

Comienza la reforma de la cúpula de la Curia: Parolin en el puesto de Bertone


Francisco entrega la diplomacia vaticana al Nuncio en Venezuela


La figura del Secretario de Estado pierde 

poder y lo compartirá con el 'moderator 

Curiae'


(J.M.Vidal/agencias).- Ya es oficial.Francisco comenzó la deseada reforma de la Curia romana por la cupula. Se va el hasta ahora todopoderoso Secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone, con un mandato marcado por el Vatileaks. Llega Pietro Parolin, prestigioso diplomático con alma de pastor. Con él comienza una nueva etapa en la sala de máquinas de la Iglesia. Parolín se encargara fundamentalmente de la diplomacia vaticana, mientras ad intra gobernará el 'moderator Curiae', cuyo nombramiento tampoco tardará.
Se trata de uno de los nombramientos más esperados en este inicio de pontificado del papa argentino, ya que Bertone había quedado salpicado por el escándalo de las filtraciones de los documentos vaticanos, en los que se le acusaba de mala gestión.
Francisco aceptó la renuncia por motivos de edad del que fue durante muchos años mano derecha de Benedicto XVI, ya que cumplirá 79 años en diciembre, y nombró a su sustituto. El Secretario de Estado es un cargo que equivale al de primer ministro de la Santa Sede.
Parolin, de 58 años, es un hombre forjado en diplomacia vaticana y con experiencia en la Curia, ya que desde 2002 a 2009 fue subsecretario de la Sección para las Relaciones con los Estados de la Secretaría de Estado.
Nació en la localidad de Schiavon, en la región del Veneto, en el norte de Italia, en 1955, y fue ordenado sacerdote en 1980. Es licenciado en Derecho Canónico, habla italiano, francés, inglés y castellano, y también ha prestado servicio en las nunciaturas de Nigeria y México y desde 2009 era nuncio en Venezuela
Aunque el nombramiento fue hoy, Parolin no tomará posesión de su cargo hasta octubre y aún está por definir cuál será su papel, ya que podrían cambiar sus poderes debido a la reforma de la Curia que está acometiendo Francisco.
A sus 58 años, es el más joven secretario de Estado vaticano, una especie de primer ministro del Papa. Su nombramiento no debería condicionar la futura reforma a fondo del gobierno central del catolicismo, la Curia, para la que en octubre se reunirá por primera vez en Roma una comisión de ocho cardenales de todo el mundo, que el Papa nombró el pasado abril.
Parolin es considerado como un trabajador discreto, representante de la gran y antigua tradición diplomática del Vaticano, entre cuyos representantes más recientes se encuentra Agostino Casaroli, ideador de la "ospolitik" o apertura vaticana hacia los países comunistas del este europeo.
La tesis de licenciatura del probable secretario de Estado fue dedicada al Sínodo de los Obispos, institución creada por el Concilio Vaticano II para asesorar a los Papas sobre los temas más cruciales del mundo actual. Sucesivamente, como nuncio en Nigeria abordó la relación de los cristianos con los musulmanes y en México, país que carecía de relaciones diplomáticas con la Santa Sede, la colaboración entre agnósticos y anticlericales con los católicos.
Aunque lo pretenda, Parolin tampoco podrá emular a su antecesor debido al posible nacimiento de un nuevo cargo, el de coordinador de la Curia romana. Según fuentes vaticanas, recaería en un eclesiástico respetado que, sin contar con responsabilidades particulares en ningún área del gobierno de la Iglesia, se encargaría de mejorar la comunicación interna entre los distintos ‘ministerios' vaticanos para evitar duplicidades y aunar esfuerzos. Durante el pontificado de Benedicto XVI han sido muy evidentes estas necesidades. Se especula incluso con la convocatoria de una reunión semanal de los presidentes y prefectos de los dicasterios vaticanos con Francisco, un encuentro similar a los consejos de ministros de cualquier Gobierno.
Parolin no heredará tampoco otro de los grandes poderes de Bertone, por quien había que pasar casi de forma irremediable para tener acceso a Benedicto XVI. Algunos cardenales y obispos, tanto de la Curia como de fuera de ella, se quejaban a menudo de ello. Con la reforma en ciernes, la comunicación con el obispo de Roma debería ser mucho más directa y accesible, de manera que la información le llegue a Francisco sin filtros, algo que no siempre ocurría con su antecesor, como se vio durante el escándalo del caso Vatileaks.