sábado, 16 de marzo de 2013

Guía para entender a los jesuitas


La Compañía de Jesús, fundada en 1540 por Ignacio de Loyola, es la mayor congregación de la Iglesia Católica. En el pontificado de Juan Pablo II vivió una situación difícil, pero la relación con el Vaticano se estabilizó con Benedicto XVI. Este ascenso les permitió, por primera vez en sus 473 años de existencia, tener un Papa de sus filas.


CONCEBIDA como una orden que emulaba a una unidad militar, desde su fundación, en 1540 por Ignacio de Loyola, los miembros de la Compañía de Jesús responden al estereotipo que implica su nombre. Se les ha descrito como soldados disciplinados, inquietos intelectuales, especializados, entrenados espiritualmente y obedientes al Pontífice.
Todos los jesuitas, en su primer año de estudios, están obligados a someterse por 30 días a un retiro de silencio absoluto, bajo un riguroso sistema de meditación y oración diseñado hace más de 600 años por Loyola como parte de su proceso de conversión. A esto lo llamó ejercicios espirituales, en los que bajo la guía de un director y siguiendo las etapas descritas por el fundador de la Compañía de Jesús, buscan la presencia de Dios en el mundo y la forma de seguirlo.
Los ejercicios son parte esencial de la espiritualidad ignaciana, por lo que los jesuitas los realizan varias veces en su vida. “Pasear, caminar y correr son ejercicios corporales, de la misma manera que todo modo debe preparar y disponer el alma para quitar de sí todas las afecciones desordenadas y después de quitadas buscar y hallar la voluntad divina en la disposición de su vida para la salud del alma”, escribió Loyola

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