martes, 5 de marzo de 2013

Cartas al Cónclave



Aún no conozco su nombre, ni dónde se crió, no sé si forma parte de alguna orden ni si los medios lo tildarán de ‘conservador’ o ‘progresista’. Todo esto no importa si se ve con fuerzas para poner su corazón en esta tarea que va a desempeñar. Personalmente tengo algunas cosas que decirle desde mi posición de cristiana sin más autoridad que mi humilde fe.

Le pediría que no se olvidara nunca de lo esencial. Seguro que a lo largo de su vida se ha cruzado con gente que sufre, supongo que se ha asomado a abismos que le hacen dudar a uno de todo y que conoce de primera mano la buena gente extendida por la Tierra trabajando por cumplir el Evangelio. Los olvidados del mundo deben ser la prioridad y desde su posición puede despertar conciencias y conseguir tanto...

Puestos a pedir me gustaría que se atreviera a cambiar lo que sienta que ya no funciona dentro de la Iglesia. Que se atreva a romper con la hipocresía si la detecta, que no tenga miedo a hablar claro y a levantar la voz si así consigue acercar más la Iglesia a la Verdad. Y sobre todo, que mire con cautela los nuevos movimientos que surgen en la Iglesia y se gire más hacia las órdenes que llevan siglos sirviendo a esta gran familia.

Cuando visite otros países, trate de no ir en calidad de diplomático que busca complacer a todo el mundo. Espero que, inspirándose en la valentía de Cristo, no comparta mesa con líderes políticos opresores si no es para pedirles que cesen sus abusos. Me gustaría que en sus viajes mantuviera la actitud de un peregrino más que la de un Jefe de Estado.

Me gustaría que aprovechase el legado que le han dejado sus predecesores y como ellos, no se olvide de los jóvenes, se preocupe por la ecología, se sirva de las nuevas herramientas digitales y se atreva a reconocer los errores y a pedir perdón cuando haga falta. No digo que sea fácil, pero seguro que si se atreve a ir más allá de lo establecido no se arrepentirá. 
Es su momento.

Inés Rigal