sábado, 16 de enero de 2010

“Es imposible salir de ahí sin que el corazón se desborde en llanto"




La ayuda humanitaria comienza a llegar


Los peores augurios se están quedando cortos
Entreculturas, Cáritas, Manos Unidas... la Iglesia se vuelca con Haití











Dos días después del peor terremoto de la historia del continente americano, el mal estado de las carreteras, la falta de combustible, el reguero de cadáveres y el pillaje motivado por la desesperación de los supervivientes, convierten en una misión prácticamente inviable el reparto de la poca ayuda que consigue entrar en la isla. El equipo del Servicio Jesuita de Refugiados en República Dominicana nos traslada sus primeras impresiones a su llegada a Puerto Príncipe.


"Todavía no hemos llegado a los lugares más afectados y lo que hemos visto ya es desastroso. Muchos muertos, muchos de los cuales están colocándolos en fosas comunes. Muchos otros todavía están bajo los escombros. La ayuda de maquinarias para el rescate de personas no se ve.


Hemos visto mucha gente en pequeños campamentos al aire libre, cubierto con sábanas. Se necesitan tiendas de campaña urgentemente. El agua se necesita ya... Se necesitan instalaciones sanitarias móviles. Los hospitales están abarrotados sin medicina y escasos de personal. Por suerte no está lloviendo, roguemos para que no caiga la lluvia...". (Mario Serrano)


Mario Serrano SJ es el Director del Servicio Jesuita a Refugiados y Migrantes (SJRM) en República Dominicana, socio local de Entreculturas. Ayer, él y otros cuatro compañeros atravesaron la frontera para llegar hasta Puerto Príncipe y ver con sus propios ojos la magnitud de la catástrofe, así como para detectar las necesidades más urgentes de la población.


"Durante nuestro recorrido hacia Puerto Príncipe se empezaba a ver la magnitud de lo que estaba ocurriendo en Haití. Miles de personas deambulando por las calles buscando sus familiares, huyendo de los escombros, angustiados, con miedo. Durante nuestra estancia sentimos dos réplicas, la tierra se movía con fuerte intensidad y la gente corría como un éxodo masivo por alejarse del riesgo a ser víctimas mortales. El pueblo intentaba huir desesperado, clamaba a Dios misericordia, se arrodillaba, alzaba sus manos y lloraban.


Mientras más nos acercábamos al centro de la ciudad la situación era más caótica: todo destruido, cientos de muertos amontonados en las calles (observábamos cadáveres en la aceras), los hospitales abarrotados de persona; se confundían los heridos y los muertos; personas atrapadas debajo de los escombros pidiendo auxilio, mientras familiares y amigos les consolaban y acompañaban, les cuidaban del sol. No había equipos y maquinarias para el rescate. Solo esperar que llegaran. Durante nuestro trayecto, de cinco horas, solo vimos una pala mecánica y una greda.


Los cadáveres en las calles, la gente bajos los escombros (hombres, mujeres, niños, niñas) esperando ayuda, esta realidad se repetía y repetía mientras seguíamos nuestro recorrido, cada vez con más crudeza. La cárcel pública está devastada totalmente y los cadáveres arrumbados en la acera; vimos edificios de instituciones internacionales como la ONU y otros organismos totalmente destruidos. Las personas se quedaron sin casas, la mayoría están en las calles.


En horas de la mañana del día 14 de enero nos encontramos a las 7 de la mañana con una frontera desolada en la que no se observaba ningún equipo de socorro y ayuda para pasar hacia la ciudad de Puerto Príncipe. Se puede percibir el paso masivo de la prensa nacional e internacional para dar seguimiento los acontecimientos que se están viviendo en el país.


La realidad en la ciudad de Puerto Príncipe es de tragedia, devastación, impotencia y miedo. Es imposible salir de ahí sin que el corazón se desborde en llanto". (Vladimir Cruz y Jacinto Sención, miembros del equipo en Puerto Príncipe)


Por otra parte, el resto del equipo de SJRM en Dominicana está gestionando el acopio de alimentos no perecederos, agua embotellada, mantas y tiendas de campaña a través de tres puntos de recogida en Santo Domingo, Santiago y Dajabón.



El trabajo de Entreculturas en Haití

"Antes de este terremoto, Haití ya vivía en una constante emergencia. Las condiciones son de extrema pobreza en todo el país", afirma Olga Regueira, trabajadora de Entreculturas en Haití.
Consciente de esta realidad, el objetivo de Entreculturas desde hace años es impulsar la educación de las zonas más deprimidas del país caribeño como estrategia de lucha contra la pobreza. Para ello, trabaja mano a mano con el Servicio Jesuita a Refugiados y con Fe y Alegría, sus principales socios locales sobre el terreno.


Desgraciadamente, no es la primera emergencia en la que interviene Entreculturas en Haití. La primera fue en 2004 y la última, sin ir más lejos, en 2008, cuando los ciclones y las fuertes lluvias provocaron graves inundaciones y miles de víctimas.


Ante esta tragedia, Entreculturas se ha volcado en un primer momento en la ayuda humanitaria, a través del equipo del SJRM. En los próximos meses, la implicación será necesaria en el proceso de reconstrucción y, durante años, seguiremos apoyando para contribuir al desarrollo real de este país tan empobrecido y tan castigado por la naturaleza.



CÁRITAS

Apenas 72 horas después del devastador terremoto que sacudió Haití en la tarde del 12 de enero, el plan de respuesta a la emergencia de la red Cáritas se encuentra ya a pleno funcionamiento, con el apoyo del equipo de expertos de Cáritas Internationalis que se encuentra desde ayer en la isla, al que se ha sumado también el coordinador regional de Cáritas Latinoamericana y del Caribe, el mexicano Antonio Sandoval, que se ha desplazado a Puerto Príncipe con otro grupo de ocho expertos en rescate de emergencia.


Los informes operativos remitidos desde el terreno indican que las operaciones iniciales de reparto de ayuda humanitaria -tiendas de campaña, agua potable y comida-- llevadas a cabo en las primeras horas por el personal de Cáritas Haití están siendo ampliadas con la llegada de nuevos suministros. Según indica Antonio Sandoval en su primera comunicación remitida desde Puerto Príncipe, "se han conseguido ya 10,000 kits de comida para 7 días, que servirán para atender a 10.000 personas a través de 25 puntos de distribución ya identificados en la capital y otros dos en la Diocesis de Jachmel".


"La situación en terrible aquí -añade-- y la población necesita agua, comida y medicamentos. La gente está todavía por la calle o en los parques, donde pernoctan. La mayor parte de la ciudad está sin suministro de energía eléctrica. Caritas está coordinando con la Conferencia Episcopal y la Nunciatura las iniciativas de asistencia para los damnificados. Y también colaboramos con los organismos de la ONU y otras agencias humanitarias".


De forma inminente arribará al puerto de Puerto Príncipe un envío 1.500 toneladas de alimentos fletadas por Cáritas y que serán distribuidas de forma inmediata entre los damnificados, junto con otro cargamento de bidones de agua potable y pastillas potabilizadoras para unas 2.000 familias.


Por su parte, en la vecina República Dominicana los voluntarios y trabajadores de la red Cáritas están preparando contra reloj paquetes de alimentos no perecederos para 50.000 personas, que serán enviadas por carretera a Puerto Príncipe en los próximos días.


A falta de cifras oficiales, la red Cáritas en Haití maneja unos datos de pérdidas en vidas humanas que oscilan entre 45.000-50.000 fallecidos, junto a 300.000 personas que se han quedado sin techo. Naciones Unidas eleva el número de damnificados por el terremoto a 3,5 millones de personas, lo que da una idea de la magnitud de la emergencia.


Caritas Haití, por su parte, confirma que el seísmo ha provocado la destrucción generalizada en la capital. Concretamente, las iglesias han sufrido importantes daños y casi todas están seriamente deterioradas o completamente destruidas.



MANOS UNIDAS

HAITÍ: los peores augurios iniciales se van quedando cortos"Ante este nuevo drama que enfrenta Haití escribo estas pequeñas palabras, en medio del impacto en el que nos encontramos todos. Las comunicaciones están cortadas (caminos, teléfonos, etc.)... Lo que vimos es indescriptible: muertos por todas partes y casas hundidas en todas las zonas de la capital. Ví casas y paredes caer delante de mí". Francois Kawas, Superior de la Compañía de Jesús en Haití.


Tras el terremoto de Haití, los peores augurios iniciales se van quedando cortos. Los datos cuantitativos de la catástrofe, tanto en el posible número de víctimas mortales como en la destrucción material y la cantidad de damnificados, adquieren dimensiones dantescas. Las autoridades gubernamentales han admitido la posibilidad de que el número de fallecidos supere los 100.000, y la Cruz Roja ya estima los damnificados en tres millones (de un total de nueve que tiene el país).


Las catástrofes naturales tienen consecuencias sociales mucho más dramáticas allá donde la pobreza ya es causante de muchas desdichas. Haití es un país cuya historia es una secuencia interminable de desgracias, en la que se entremezclan colonialismos, ocupaciones militares, saqueos de recursos, devastación forestal o huracanes, que lo han llevado a ser el territorio más empobrecido y abandonado de América Latina.


El modelo neoliberal, con la apertura total para la importación masiva de alimentos en años recientes, arruinó y desestructuró más aún al país que nunca pudo recuperarse de su pasado colonizado. Tal vez es ilustrativo el caso del arroz, producto de consumo básico en el que Haití era autosuficiente hasta hace pocos años, y que la apertura comercial dio al traste; ahora, la mayor parte del arroz debe ser importado.


Más de dos millones de haitianos se han visto obligados a emigrar en décadas recientes. Probablemente un millón y medio viven en Estados Unidos, y el resto, casi todos, en la república dominicana, país vecino. El envío de remesas (unos 700 millones de dólares anuales) es la principal entrada de divisas y la vía de subsistencia de millares de familias. Muchos campesinos se han hacinado en los barrios marginales de la capital Puerto Príncipe, en extrema vulnerabilidad.

RD