jueves, 8 de septiembre de 2016

EL SUBJECTO DE LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES por Tony Mifsud sj



A veces, uno se pregunta: ¿Por qué no nos cambian los Ejercicios Espirituales? Y la verdad es que no encontramos una respuesta adecuada. Pero la verdadera pregunta es si quiero y si creo que pueden producir cambios en mí los Ejercicios

Lo que verdaderamente impide sacar frutos de los Ejercicios es la falta de ciertos requisitos sin los cuales no se puede hacer nada. algunos de estos requisitos dicen relación con la vida espiritual (como, por ejemplo, la falta de disponibilidad), mientras que otros con el estilo de vida cotidiana (así como la carencia de entusiasmo, la no vivencia según el estilo ignaciano, la ausencia de vinculación con el mundo de los pobres y empobrecidos)

El modo de vida no es sólo el resultado de una experiencia espiritual, sino que es mucho más: la misma condición de posibilidad de esa experiencia, un determinante decisivo de carácter de la misma. En otras palabras, el estilo de vida que alguien vive condiciona radicalmente la posibilidad de una vivencia espiritual. Una determinada manera de vivir puede llegar a hacer imposible la experiencia de Dios, mientras que otro género de vida distinto puede ponernos en la pista de acceso a la experiencia de Dios.

* El subjecto de los Ejercicios es alguien que ya ha tomado la decisión de situar su vida en la dinámica de de la búsqueda y el cumplimiento de la voluntad de Dios (EE 5).

* La persona que quiera encontrarse con Dios  ha de ser también una persona humilde, capaz de reconocer que se adentra en un terreno donde, con sus solas fuerzas, nada es posible y todo es concedido.

* Supuesto que Dios se manifiesta y comunica muchas veces a través de mediaciones humanas, que no son siempre las inicialmente previstas o esperadas, sino en muchas ocasiones muy sorprendentes, es necesario que la persona que quiere encontrase con Dios sea abierta al otro como mediación de Dios.

* Nunca ha sido fácil la experiencia de encuentro con Dios. Ya en el Antiguo Testamento se nos describía como lucha agotadora (cf. la lucha de Jacob en Gén 32, 23-33). Es una experiencia combatida desde dentro y desde fuera. Por ello, la persona que se arriesga a ella ha de ser alguien con capacidad de resistencia (EE13), de dominio sobre si mismo (EE16), de austeridad y distaciamiento afectivos (EE20).

* Ignacio también pide que sea una persona comprometida con su vida, con el presente de su vida y sus circunstancias concretas, porque simtodo le da igual o simplemente no le importa nada, entonces no entra en la dinámica de la búsqueda para hallar la voluntad de Dios.

* Todo ello constituye y caracteriza una persona libre (EE 2 y 20) o, por lo menos, una persona dispuesta a ser libre.

Así, pues, hay una estructura antropológica posibilitante de la experiencia de Ejercicios, de la experiencia de sentir a Dios en la propia vida y en la propia historia. La espiritualidad ignaciana postula, como condición de posibilidad para realizarse, personas que son sujetos de opción personal, humildes, abiertas al otro, capaces de resistencia y lucha, arraigadas en la historia, unificadas interiormente, libres.

¿Es esto el comienzo o el fin de los Ejercicios? Las dos cosas, ya que en alguna medida debe darse todo esto al comienzo, o, al menos, sin carencias sustanciales

Tony Mifsud sj
Encontrame frente al otro: camino ignaciano