sábado, 19 de marzo de 2016

[ENTREVISTA ESPECIAL] Al jesuita Juan Hernández ‘Los mártires son testigos de la fe en América Latina’

ADITAL

El jesuita español Juan Hernández Pico es profesor de Teología en la Universidad Centroamericana (UCA) José Simeón Cañas, en El Salvador.

Jesuita hace más de 60 años, el español Juan Hernández Pico es profesor de Teología en la Universidad Centroamericana (UCA) José Simeón Cañas, en El Salvador. En sus experiencias por América Central, el teólogo desarrolló actividades pastorales en otros países, en las comunidades pobres víctimas de la guerra civil, como Guatemala y Nicaragua.

En su trayectoria personal, Pico guarda un fuerte recuerdo: fue amigo de los "mártires de la UCA”, asesinados el 16 de noviembre de 1989, cuando un grupo de militares invadió el campus de la Universidad y mató a ocho personas. Entre ellas al jesuita Ignacio Ellacuría. Recordando la masacre, Pico dice que la pérdida de amigos es un dolor que no pasa.

Autor de varios libros, el teólogo lanzó en 2014 la autobiografía "Luchar por la justicia al viento del espíritu”, en el cual relata sus experiencias en América Central y cómo fue conducido a amar a los pobres y a luchar por ellos. Un amor que lo llevó a ser testigo del odio, de la persecución y asesinatos de sus compañeros y en contra de la Compañía de Jesús.

Estudioso del tema de los mártires, Pico explica que el martirio es una fe profética, que denuncia la situación de injusticia y promueve la participación responsable en la lucha por la liberación de los pueblos. En esa perspectiva, destaca que Óscar Romero es, desde los años 1980, un símbolo para América Latina. Romero era en aquella época arzobispo de San Salvador, cuando fue asesinado el 24 de marzo de 1980, por denunciar las injusticias contra la población salvadoreña y los asesinatos políticos perpetrados por los llamados "escuadrones de la muerte”.

Sobre el contexto social de El Salvador y la participación de las mujeres, el jesuita destaca que en el país no hay propiamente un movimiento feminista, pero se percibe un avance de la mujer en situaciones que normalmente correspondían al escenario masculino. Entre los desafíos de la Iglesia, en El Salvador, Pico dice que es preciso recuperar la orientación hacia los pobres.


Adital: ¿En qué consiste el martirio y como evalúa la actualidad de este tema en América Latina?

Juan Hernández Pico: Martirio, en griego, significa testimonio, y los mártires 
son testigos de la fe en América Latina profundamente comprometida con causas populares. Y, por consiguiente, en cierto sentido, una fe profética, que denunciaba la situación de injusticia en la que viven nuestros pueblos, y que promovía la participación responsable digna y consciente de las personas en la lucha por la liberación de los pueblos. Y por eso, evidentemente era una postura arriesgada, difícil, que encontró mucha oposición, que hasta llevaba al asesinato. Son testigos y mártires que sufrieron hasta el fin, persecución durante mucho tiempo, amenazas y, finalmente, la muerte, algunas hasta inclusive con torturas, otras simplemente la muerte. Otros tuvieron esa amenaza pendiente sobre sus cabezas durante toda la vida, como por ejemplo [Don Pedro] Casaldáliga [en Brasil], que hasta inclusive con [Síndrome de] Parkinson, habiendo sido relegado a una situación prácticamente de inmovilidad, también fue amenazado. Entonces, esto dentro del contexto de América Latina fue una experiencia cristiana de enorme profundidad, un gran testimonio.


Adital: ¿La actuación del Papa Francisco trajo avances en torno del tema [de los mártires]? ¿Y qué significa la beatificación de Óscar Romero?

Pico: En uno de sus primeros viajes, en esas entrevistas que daba a los periodistas, [el diario] La Prensa preguntó [al Papa]: ‘¿Y el proceso de Romero cómo va?’. Entonces, él dijo: ‘No, ya está desbloqueado’. Quiere decir que, durante mucho tiempo, estuvo bloqueado en la Congregación de la Fe. Sin embargo, después de un examen casi con lupa, de sus escritos, sus homilías, sus discursos, vieron que no había posibilidad de presentar ninguna objeción, lo que impediría su proceso de beatificación, primero, y de canonización, después. Y en el fondo, no podían hacer otra cosa porque evidentemente la vida de un mártir es el mayor testimonio en un proceso hasta la canonización. Pero claro que un hombre tan público como un arzobispo, que todos los domingos hablaba, durante tres años, hay muchos lugares dónde buscar para ver si se encuentra algo condenable, o que se aparta, de alguna manera, de la doctrina cristiana, pero nada fue encontrado.

Creo que el desbloqueo ocurrió en diciembre de 2012, cuando Benedicto XVI todavía era Papa. Entonces, por eso mismo, Francisco ya lo encontró desbloqueado. Sin embargo, el cardenal [Ángelo] Amato, que era el presidente de esa Congregación, dijo que era un paso muy largo. De hecho, es de ahí donde viene la intervención de Francisco, probablemente, y lo que él hizo fue acelerar el proceso. Prácticamente fueron dos años después de su acceso al obispado de Roma y al papado en que se proclamó la beatificación.

Lo mejor de la beatificación fue la carta del Papa, respondiendo la petición de la Arquidiócesis de San Salvador, diciendo que fueron encontrados todos los méritos en él, que fue el padre de los pobres, gran evangelizador y mártir. Entonces, estamos con una gran alegría porque Romero es, desde los años de 1980, un símbolo para América Latina. Y Pedro Casaldáliga, en Mato Grosso, Brasil, fue uno de los responsables de la propagación de ese símbolo, porque escribió, al día siguiente del asesinato, el famoso poema ‘San Romero de América’, lo que tiene una influencia muy grande para toda América Latina. Después de eso, vino también la iniciación de la causa de la beatificación de monseñor [Enrique] Angelelli, en Argentina, lo que es algo muy significativo.


Adital: ¿Qué significa la autoridad de los mártires?

Pico: La autoridad de los mártires, en realidad, está en su aceptación del llamado del Espíritu para arriesgar la vida para defender a los pobres. Esto en el contexto latinoamericano. Y para denunciar a los responsables de las injusticias, que son el plato de comida que ofrecen los poderosos todos los días en América Latina a una parte muy importante de esa población. Entonces, la autoridad de los mártires es una respuesta coherente entre fe y vida, que incluso sabiendo que la vida está en peligro, no retira la palabra denunciante, no retira la fidelidad al Evangelio. Es, realmente, obediencia al Espíritu de Dios, que sopla donde quiere que esté y sopla en esos hombres y mujeres, porque también hay grandes mujeres mártires en América Latina. Ellos recibieron ese viento, que no se sabe de dónde viene y adónde lleva y que, finalmente, termina en ese maravilloso testimonio, que duele en todos, porque antes que reflexionemos teológicamente sobre el acontecimiento de su vida y su muerte, y los entendamos teológicamente como mártires, antes que nada, son asesinatos, son el producto de un delito horrible, que es quitar la vida de las personas. 
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Según Pico, la autoridad de los mártires es una respuesta coherente entre fe y vida, que incluso sabiendo que la vida está en peligro, no retira la palabra denunciante, no retira la fidelidad al Evangelio.

Adital: Algunas personas comprenden el martirio como una victimización...

Pico: No. Claro que los mártires son víctimas, es evidente. Pero son víctimas como son víctimas tantos que mueren de hambre, tantos que mueren porque no encuentran trabajo. Tantos que mueren, por ejemplo, en eso que llamamos América Central, y en México, como ‘la bestia’, que es el tren que lleva de la frontera de Guatemala hasta la frontera de Estados Unidos, y, en el techo, viajan los inmigrantes, sometidos a todo tipo de violaciones, de robos, de injurias, en ese camino hacia una vida mejor. Entonces, claro que son víctimas, pero no victimización, de ninguna manera. Es el reconocimiento de la valentía, de haber tenido el coraje de vivir conforme los principios de la fe cristiana.


Adital: Sobre los mártires de la UCA, ¿cómo es, para usted, personalmente, hablar sobre el asesinato de esos amigos?

Pico: La UCA de El Salvador fue, desde el primer momento, una universidad que salió de las directrices normales de una universidad y que dijo, claramente, que su tarea principal era contribuir al cambio social, en El Salvador. Quiere decir, no formuló, en términos académicos, su misión, sino en términos de contribución al cambio social. Entonces, eso es lo que, en último término, llevó a los enemigos del cambio social a matar a mis compañeros.

Recordarlos es siempre duro. El dolor por sus muertes nunca pasó. Los que asesinan saben muy bien hacia donde apuntan, no asesinan a cualquiera. Cuando asesinan al pueblo, asesinan masacrando en grandes cantidades, para crear terror alrededor. Y, en el caso de personas individuales, saben perfectamente dónde disparar. Disparan contra personas cuya ausencia va a significar no solamente un gran dolor, sino también una gran ausencia. Fue un momento en que la UCA quedó, de repente, entre los seis jesuitas que murieron, cinco que trabajaban dentro de la UCA. Uno era el rector, el otro vicerrector, el otro director del Instituto de Derechos Humanos y profesor de Sociología, el otro profesor de Teología y el otro director de la Biblioteca. 
Entonces, apuntaron muy bien.

Tenían también la orden de no dejar testigos, por eso, mataron también a Julia Elba y Celina, y mataron también al padre Joaquín López y López, que no trabajaba en la UCA en aquel momento, aunque haya sido el primer secretario general, pero era director de Fe y Alegría.

La pérdida de amigos es siempre terrible. Sin embargo, la pérdida de amigos, que también eran personas geniales, por una razón o por otra... Ellacuría era un genio de análisis, de pensamiento, de prudencia administrativa, así como los demás. Todos ellos tenían una capacidad de corazón, de proximidad, de amistad. Ignacio Ellacuría, Amando López, mis amigos íntimos, muy cercanos y a quienes les debo mucho en la vida. En momentos de gran dificultad, estuvieron muy cerca. Entonces, ¿qué más podemos decir? Es un dolor que no pasa. 

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Para el teólogo, la UCA tiene como tarea principal contribuir al cambio social, en El Salvador, lo que terminó llevando a los enemigos del cambio social a matar a los sacerdotes jesuitas.

Adital: ¿Cómo evalúa el contexto social y la condiciones de las mujeres en El Salvador?

Pico: El problema de las mujeres es un problema latinoamericano y, probablemente, universal. Es una lucha que comenzó desde siempre, pero muy especialmente, desde el comienzo del siglo XX, cuando comenzó el movimiento feminista. En El Salvador, no hay propiamente un movimiento feminista, pero hay un avance de la mujer hasta situaciones que, normalmente, correspondían a los hombres, en otro momento de la historia.

Por ejemplo, María Julia fue la directora, durante años, desde el tiempo de monseñor Romero hasta hace cinco años, de la Oficina de Derechos Humanos y Apoyo Jurídico del Arzobispado de San Salvador. Una mujer valiente, una mujer intrépida, que descubrió la verdad de las grandes masacres cometidas por el Ejército, en El Salvador. En los tiempos de la guerra civil, en El salvador, hubo mujeres que batallaron en la guerrilla y que defendieron los derechos de los salvadoreños, en general, el derecho de los pobres, con mucha valentía también.

Y hoy existe dentro de la UCA, por ejemplo, no pocas profesoras en cátedras importantes, de Ingeniería, Arquitectura, Derecho, Administración de Empresas, Finanzas. La mujer salvadoreña es tremendamente luchadora y lleva muchos años de lucha, que son diferentes del feminismo inglés, del feminismo estadounidense, pero no deja de ser lucha por los derechos de la mujer.

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Entre los desafíos de la Iglesia, en El Salvador, Pico dice que es preciso recuperar la orientación dada por monseñor Romero, la orientación preferencial por los pobres.

Adital: ¿Cuáles son, en la actualidad, los desafíos de la Iglesia en El Salvador y cómo es el diálogo con la comunidad?

Pico: No perder la orientación, o mejor dicho, recuperar la orientación dada por monseñor Romero y su inmediato predecesor, el arzobispo Luis Chávez, que fue una persona magnífica también. No perder la orientación preferencial por los pobres. Éste es el principal desafío. Digo no perder, pero podría decir recuperar, porque en la realidad, mucho fue perdido. Tuvimos, no al sucesor de monseñor Romero, monseñor Arturo Rivera y Damas, que fue un obispo completo, en la misma ola de monseñor Romero. Tal vez, no con su carisma, pero en la misma ola de pensamiento, de valorización de los pobres, etc.

Después tuvimos prácticamente 15 años de un arzobispo del Opus Dei, y esto cambió mucho a la Diócesis. Hoy tenemos alrededor de un tercio de los sacerdotes, sobre todo 40 sacerdotes jóvenes, formados en la Universidad de Navarra, en España, o en la Universidad de Santa Cruz, en Roma, del Opus Dei. Y esto imprime un sentimiento diferente a la pastoral. Claro que, en este momento, con la beatificación de monseñor Romero, es una oportunidad enorme para recuperar el valor auténtico de la pastoral de monseñor Romero, que era una pastoral de defensa de los pobres, de defensa de la justicia, porque él decía, todo el tiempo, que ‘la gloria de Dios es que el pobre viva’.

Cristina Fontenele
ADITAL