viernes, 4 de diciembre de 2015

Las dos direcciones del Adviento


En la vida hay cosas que son cíclicas. Se van, y vuelven con regularidad. Y otras cosas van hacia delante, lanzadas como una flecha. Por ejemplo. Cíclico es el paso de las estaciones, las cosechas, el calendario que vuelve con sus fechas fijas año tras año. Cíclico es también el baile de los estados de ánimo para muchas personas (nunca dura eternamente la alegría, ni la tristeza, la nostalgia, ni la diversión). Lineal es el paso del tiempo, que nos va haciendo más mayores –y más sabios–. Las relaciones personales van hacia delante, nacen, y después se van construyendo, cargándose de equipaje…

Pues bien, el Adviento es también un tiempo de dos direcciones.


Las dos direcciones del Adviento - El ciclo vuelve a empezar





«Lo que pasó, eso pasará; lo que se hizo, eso se hará: nada hay nuevo bajo el sol» (Ecc 1, 9)


Ya estamos de nuevo empezando. Coronas de Adviento. Lecturas de la profecía. Enderezad los caminos. Ven, Señor Jesús…Todo esto vuelve, regularmente. Como volverán en el ambiente exterior las alusiones a navidad, las campañas publicitarias, las luces iluminando las calles, la lotería o los turrones. Y el niño, al que hace tan solo una semana celebrábamos como Cristo Rey, Señor del Universo, se ha convertido de nuevo en promesa, acogida por una mujer sencilla. Volvemos a comenzar porque para cada uno de nosotros es importante recordar el viejo relato, para seguir construyendo desde ahí. Porque en la vida, y en la fe no todo puede ser novedad, sorpresa y cambio. Hay una historia de siempre que está llena de verdad. Y tiene sentido volver una y otra vez sobre ella.


Te gustan las rutinas?
En cuestión de fe, ¿qué te evoca el adviento como familiar y habitual?




                                                  Creación


Estoy vivo y he sorprendido las estrellas en el alba.
Mi compañera continúa durmiendo y lo ignora.
Mis compañeros duermen todos. La clara jornada
se me revela más limpia que los rostros aletargados.

A distancia, pasa un viejo, camino del trabajo
o a gozar la mañana. No somos distintos,
idéntica claridad respiramos los dos
y fumamos tranquilos para engañar el hambre.
También el cuerpo del viejo debería ser sano
y vibrante -ante la mañana, debería estar desnudo.

Esta mañana la vida se desliza por el agua
y el sol: alrededor está el fulgor del agua
siempre joven; los cuerpos de todos quedarán al
descubierto.
Estarán el sol radiante y la rudeza del mar abierto
y la tosca fatiga que debilita bajo el sol,
y la inmovilidad. Estará la compañera
-un secreto de cuerpos. Cada cual hará sentir su
voz.
No hay voz que quiebre el silencio del agua
bajo el alba. Y ni siquiera nada que se estremezca
bajo el cielo. Sólo una tibieza que diluye las estrellas.
Estremece sentir la mañana que vibre,
virgen, como si nadie estuviese despierto.


Cesare Pavese



Las dos direcciones del Adviento - Pero siempre adelante




«De acuerdo con su promesa, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en los que habitará la justicia.» (2Pe 3, 13)


Pero, aunque haya cosas familiares, cantos de temporada, ritos litúrgicos, no podemos decir que sea “lo mismo de siempre”. No lo podemos decir porque cada uno de nosotros cambiamos.A lo mejor cuando uno es niño y le hablan de preparar el camino al Señor, inmediatamente lo lee en categorías infantiles. Entonces dices que quieres ser bueno, que ayudarás a poner la mesa, que rezarás por las noches… Luego, al ir pasando el tiempo, te vas dando cuenta de que esperar y buscar a Dios en la vida es diferente. Y pasas por etapas de rebeldía, de preguntas mordientes, quizás también de negación. Tal vez más adelante, la protesta se convierte en aceptación… Porque es uno mismo quien va creciendo. Y por eso lo que vivimos es lo de siempre, pero de una manera más profunda.

           ¿En qué notas que has            cambiado en los          últimos años?



¿Qué es hoy, en esta etapa de la vida, el adviento para ti?



Nuevo canal interoceánico

Te propongo construir
un nuevo canal
sin esclusas
ni excusas
que comunique por fin
tu mirada
atlántica
con mi natural pacífico.


Mario Benedetti


pastoralsj