lunes, 29 de febrero de 2016

Algo para pensar y orar en esta semana. La confianza en Dios



La confianza en Dios
Cuando enfrento sucesos que están fuera de mi control, me siento desafiada/o. Por ejemplo, luego de que se ha roto una antigua amistad, y mi amigo se niega a reconciliarse, me encuentro actuando en una forma impaciente y demandante para obtenerla. A veces hay que saber aceptar una pérdida, por difícil que sea. La respuesta de los demás está fuera de nuestro control.
La confianza mutua es central para la amistad con Dios, igual que para cualquier amistad. Como le dije hace poco a un amigo, “yo confío en Dios; son otras personas las difíciles de confiar en ellas!” Sin embargo, el confiar en Dios se trata de confiar en que, a pesar de todos los límites y pecados, míos y de los demás, soy invitada/o a cooperar con el Dios que desea “hacer todas las cosas nuevas” (Rev. 21:5). Estoy aprendiendo que no sólo debo ofrecer a Dios mi creatividad y responsabilidad, sino que ofrecerlas libremente, sin tratar de controlar a Dios o a los demás.
¡No es fácil!
Cómo lo haremos? El viejo proverbio dice: “Déjate estar, y deja actuar a Dios”. Podemos ofrecernos libremente a Dios y a los demás, y luego no preocuparnos de los resultados. Por ejemplo, en mis labores de servicio social, no puedo saber si la persona a quien atiendo va a ser beneficiada. Pero puedo confiar que Dios, en alguna forma, va a tejer mis actos en una trama amplia y llena de sentido. Lentamente estoy descubriendo que la vida de Jesús y la mía están entrelazadas, como los hilos de esas muñequeras de amistad que usábamos en el colegio. Los hilos de las alegrías y los sufrimientos, son como fibras que brillarán en el estampado de nuestras vidas con Dios.
Marina McCoy
Espacio sagrado