lunes, 4 de enero de 2016

La ternura siempre llama dos veces


«No queremos que sea lo mismo de siempre», nos repetimos una y otra vez cuando llegan estas fechas. Intentamos vivir este tiempo con autenticidad y no claudicar en el ruido luminoso de la ciudad y en sus mensajes digitales. Aunque el ímpetu de la corriente a veces supera nuestras fuerzas. Pero un año más la ternura llama a nuestra puerta como lo hizo a la de María. Quizás no venga como la sabida ternura de postal y ríos de papel de plata. Quizás venga como una ternura recia, incómoda, de compromisos y manos refugiadas y encallecidas; una ternura que nos haga removernos en el sillón porque lo profundo de estos días pasa por descubrir que esta frágil ternura, si la dejamos, llama de nuevo a nuestra puerta.

La ternura siempre llama dos veces - Nunca es tarde para la ternura



«En la palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres; la luz brilló en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron» (Jn 1, 4-5)Nunca es tarde para abrirle la puerta y comenzar de nuevo.Nunca es tarde para vivir el misterio de un Dios hecho niño con otro estilo y por senderos más auténticos. Otro año más tenemos el reto de decidir cómo queremos vivir estos días. Podemos dar luz verde a la rutina de siempre y será otra Navidad más sin pena ni gloria.Podemos acoger a un Dios que arriesga para entrar en la historia y decirnos que una Navidad con sabor a evangelio lo hará todo diferente. Podemos decir que no a sucedáneos navideños. Que todo no vale. Y que todo no se puede en estos días. Y que hay cosas que no se compran con dinero. Que nadie nos engañe para llenarnos de urgencias navideñas y vanos compromisos para la cuesta de enero. La ternura pobre del pesebre ayuda a decir sí a lo que importa y a recuperar nuestro centro en Dios. Como cada año, la ternura siempre llega a tiempo y llama una vez más para recordarnos que nunca es tarde para abrirle.

¿A qué le quiero decir “sí” en esta Navidad?

¿A qué le quiero decir “no”?

Ternura

Quizás no sea ternura la palabra precisa
para este cierto modo compartido
de quedar en silencio ante lo bello exacto,
o de hablar yo muy poco y ser tú la belleza
misma, su emblema, aunque tan próxima y latiendo.
Y es también un destino unánime que vuelvan
a idéntico silencio -cuando llegue la hora
de la tregua indecible- mi palabra y tu zarpa.

Maria Victoria Atencia


La ternura siempre llama dos veces - La ternura alternativa



«Habéis oído que se os dijo… pero yo os digo…» (Mt 5, 43)Y es que pocas cosas como la ternura de un niño pequeño que nos saca de nuestros lugares frecuentados.La ternura de Dios sigue haciéndose una vez más alternativa. Si la dejamos rompe de nuevo toda la jerarquía de una navidad de escaparates. Hace visitas inesperadas a enfermos; regala tiempo y no objetos; invierte a fondo perdido en quietud, oración y reconciliación y sustituye las felicitaciones impersonales de los móviles por palabras de vida, que ayuden a restañar heridas del camino. La ternura alternativa acoge soledades, sufrimentos familiares y afronta los contratiempos de la vida tal como vienen, anunciado que Dios nace para todas y cada una de nuestras historias. Depende de nosotros, un año más, abrirle la puerta y dejar que se quede para siempre.

¿Qué gestos concretos de ternura alternativa me gustaría tener en este tiempo de Navidad?


Esta ternura


Esta ternura y estas manos libres,
¿a quién darlas bajo el viento ? Tanto arroz
para la zorra, y en medio del llamado
la ansiedad de esa puerta abierta para nadie.
Hicimos pan tan blanco
para bocas ya muertas que aceptaban
solamente una luna de colmillo, el té
frío de la vela la alba.
Tocamos instrumentos para la ciega cólera
de sombras y sombreros olvidados. Nos quedamos
con los presentes ordenados en una mesa inútil,
y fue preciso beber la sidra caliente
en la vergüenza de la medianoche.
Entonces, ¿nadie quiere esto,
nadie?

Julio Cortázar

pastoralsj

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