sábado, 26 de noviembre de 2016

JESUITAS: Muere el padre Peter-Hans Kolvenbach



Fue General de la Compañía 24 años


Fue también el primer Prepósito que renunció al cargo


(Jesuitas).- Esta tarde ha fallecido en Beirut el P. Kolvenbach, quiere fuera durante 24 años y cuatro meses P. General de la Compañía de Jesús. Nació en 1928 en Druten, en los Países Bajos. Su padre era comerciante en Nimega, donde se traslada desde niño y donde es alumno en el Canisius College.
Su formación juvenil transcurre en los años de la Segunda Guerra Mundial y la ocupación nazi, un contexto que según reconoce él mismo, le provocó una desilusión por la política y las ideologías. El 1948 ingresa en la Compañía de Jesús, en el noviciado de Mariëndaal, en Grave. Cursa estudios de Filosofía y Lingüística, y en 1958 es enviado al Líbano. Estudia Teología en la Universidad de San José deBeirut, donde también ejerce como profesor. Estudia armenio y se ordena sacerdote por el rito cristiano armenio.
En el Líbano pasa más de 20 años, que marcan profundamente su formación y personalidad. Este período supone para él una inmersión en el mundo Oriental: estudia y conoce a fondo las lenguas así como las tradiciones culturales y espirituales orientales. Esta experiencia lo convierte en un defensor del ecumenismo y un experto en el Próximo Oriente, y marca su perfil dialogante y reservado. Es responsable de los estudiantes jesuitas de la Universidad de San José, ejerce como profesor en el Instituto de Filosofía de la misma universidad y como profesor de lingüística general y armenio en el Instituto de Lenguas Orientales de Beirut.
En 1974 es nombrado Provincial dela Vice-Provincia del Próximo Oriente, que abarca Egipto, Siria, Líbano y Turquía. El mismo año participa en Roma en la Congregación General 32, convocada por Pedro Arrupe, y que marca un momento muy importante en la historia de la Compañía de Jesús, por el compromiso adoptado por la promoción de la justicia como parte integrante de la fe. Ocupa el cargo de Provincial durante 7 años, en los que ha de vivir circunstancias dramáticas: son los años de la guerra civil en el Líbano, la misma Universidad de Beirut fue blanco de ataques y varios jesuitas fueron asesinados o secuestrados.
Como Provincial mantuvo contactos con varios grupos en favor de las víctimas y del diálogo. Años después reconoce que es quizás esta experiencia la que más le preparó para el cargo que ocuparía después como General de los jesuitas.
El año 1981, el P. Arrupe lo nombra Rector del Pontificio Instituto Oriental de Roma, que se ocupa de las Iglesias Orientales, y está muy comprometido en el diálogo ecuménico. Después de sufrir el P. Arrupe un grave problema de salud, se convoca la Congregación General 33, para elegir nuevo General. El 13 de septiembre de 1983, Peter-Hans Kolvenbach es elegido como Superior General de los Jesuitas.
Desde entonces, participó en numerosos Sínodos, dirigió los Ejercicios Espirituales del Papa Juan Pablo II y sus colaboradores, y presidió la Congregación General 34 de laCompañía de Jesús. Fue miembro de la Comisión Mixta Internacional para el diálogo teológico entre la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa, Vice-Gran Canciller de la Pontificia Universidad Gregoriana, del Pontificio Instituto Bíblico y del Pontificio Instituto Oriental. También fue Consultor de la Congregación para las Iglesias Orientales, y miembro de las Congregaciones para la Evangelización de los Pueblos y para los Institutos de Vida Consagrada.
El 7 de enero de 2008, en la primera sesión formal de la Congregación General 35, se aceptó su renuncia. Sería sucedido por el P. Adolfo Nicolás.
Volvería al Líbano, donde ha vivido sus últimos años.

RD

Kolvenbach, un General tranquilo para una época convulsa


No es fácil suceder a un personaje carismático, querido y conocido en todo el mundo. No es fácil porque inmediatamente surgirán expectativas, comparaciones y quizás críticas por no ser tu predecesor. Ese fue el formidable reto que se encontró Peter-Hans Kolvenbach cuando fue elegido General de la Compañía de Jesús por la Congregación General 33, tras el largo y complejo generalato de Pedro Arrupe. La renuncia de Arrupe, precipitada por la enfermedad, y un período de tensión con la Santa Sede que puso al frente de la Compañía de manera provisional a los padres Dezza y Pittau, terminó con el nombramiento de Kolvenbach el 13 de septiembre de 1983. Desde entonces, y durante los siguientes 24 años, llevó el timón de la Compañía de Jesús. Y consiguió lo que antes definíamos como tan difícil: suceder a Arrupe sin quedar eclipsado por su sombra. Kolvenbach fue el hombre tranquilo, de perfil sereno, de ingenio sutil, de voz templada, discurso sólido y actitud paciente, que se empeñó en continuar los cambios que había emprendido la Compañía de Jesús durante las décadas anteriores. Lo que con Arrupe había sido impulso, intuición y profecía, se consolidó con Kolvenbach en forma de tendencia, solidez y sabiduría. Su liderazgo ayudó a reparar algunas relaciones heridas, llevó a institucionalizar lo que había surgido de manera genial en los años anteriores, y dejó que el tiempo ayudase a reafirmar lo que el Espíritu había suscitado en la Compañía que abrazó la fe y la justicia. 
Durante más de dos décadas viajó por todo el mundo para encontrar a los jesuitas de un mundo en rápida transformación. Su reflexión y su palabra vino a ser un contrapeso a ese cambio acelerado que sacudía el mundo y la Compañía, que estaba transformándose demográfica y geográficamente como nunca antes. Sus discursos y documentos sobre distintos aspectos de la vida en la SJ, sobre todas las etapas de la formación y todos los aspectos de la misión siguen siendo hoy una referencia para entender quiénes somos los jesuitas en este siglo XXI.
Tras su renuncia, en 2008, volvió a Líbano donde había sido provincial con anterioridad. Y allí siguió, discreto, hasta su muerte este 26 de noviembre, sabiendo retirarse del primer plano y lejos de titulares y reconocimientos. Porque así son los jefes según el evangelio. Gente que sabe cómo servir, en la vanguardia y en la retaguardia, liderando y apoyando. Por todo eso, vaya aquí nuestra gratitud.  

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