martes, 21 de abril de 2015

La justicia en la esencia de la vocación jesuita por Fernando Montes sj


Según el Decreto Cuarto de la CG32


"La explicitación de la justicia en la misión fue una manera de asumir el Concilio"


(Fernando Montes sj).- Este Decreto Cuarto de la CG32, al mostrar en un lenguaje claro y actualizado las circunstancias existentes y los desafíos, ha influido poderosamente en todas las obras de la Compañía y en la formación que ella da a sus miembros.
Inspirados en la visión encarnada del seguimiento de Cristo que ofrecen los Ejercicios de san Ignacio, los documentos fundacionales de la Compañía de Jesús, junto con la proclamación de la palabra y el ministerio de los sacramentos, señalan que la nueva Orden religiosa es "instituida para pacificar los desavenidos, para socorrer y servir con obras de caridad a los presos de las cárceles y a los enfermos de los hospitales, según que juzgáremos ser necesario para la gloria de Dios y para el bien universal".
Reinterpretando en el tiempo esa misión, en 1949 el Superior General de los jesuitas, que fue formador del padre Alberto Hurtado, escribió una famosa carta sobre el Apostolado Social para resaltar esta dimensión de nuestra vida apostólica.
Lo jesuitas chilenos, desde su llegada al país, han contado con algunos religiosos especialmente sensibles a esta dimensión social, como el padre Luis de Valdivia. En 1608, la recientemente fundada Provincia chilena de la Compañía de Jesús elabora un documento en defensa de los indígenas y contrario al trabajo personal esclavizante. Es uno de los más importantes documentos sociales de la colonia en toda América Latina.
En el siglo XX hubo figuras señeras en la actividad social, como Fernando Vives, Jorge Fernández Pradel y Alberto Hurtado, quien escribió sobre ética social y sindicalismo, y fundó el Hogar de Cristo y la Acción Sindical Chilena. Es conocida su frase "la caridad comienza donde termina la justicia", que da prioridad al trabajo de la justicia como condición de otros trabajos. Particular mención merece la labor de la revista Mensaje y del Centro Bellarmino.
Las Congregaciones Generales son el órgano máximo legislativo de la Orden jesuita. Ellas eligen al Superior General. En 1975 la Congregación General 32 (CG32) precisó la misión de la Compañía de Jesús como "el servicio de la fe, del cual la promoción de la justicia es una exigencia absoluta". Este acento en la justicia significa que ésta debe estar presente en todos los trabajos de la Compañía, pues no hay verdadera fe cristiana si no se ocupa de que las relaciones humanas sean justas y, al revés, si no hay proporción cristiana de la justicia integral sin anunciar a Jesucristo y su mensaje de reconciliación. Esta descripción de la misión se hizo en el famoso Decreto Cuarto de la CG 32, que marcó profundamente todo el trabajo jesuita, generando en cierto modo un antes y un después.
No puede entenderse ese Decreto si no se tiene en cuenta el Concilio Vaticano Segundo, que invitó a discernir los signos de los tiempos y a ocuparse de la pena y alegría de toda la humanidad. En cierto modo, la explicitación de la justicia en la misión fue una manera de asumir el Concilio. Es necesario también recordar la Conferencia de Medellín que, aplicando el Concilio a América Latina, habló de la injusticia institucionalizada. Esta Conferencia tuvo ecos en todo el mundo. Como concreción de la nueva actitud eclesial, hay que tener presente los dos sínodos mundiales que abordaron el problema de la justicia y de la evangelización del mundo actual en 1971 y 1975. Ellos tuvieron influjo directo en la Compañía de Jesús.
Antes de la votación que aprobó el Decreto Cuarto, el padre Pedro Arrupe, General de la Compañía, se dirigió a los congregados para advertirles proféticamente las consecuencias que tendría ese Decreto. Hizo ver que muchos de nuestros amigos y bienhechores se alejarían de nosotros, que afrontaríamos problemas en todas nuestras instituciones y que probablemente muchos hermanos tendrían que pagar con el martirio la promoción de la justicia y la defensa de los pobres.
Como decíamos, esas palabras fueron proféticas porque a partir de la promulgación del Decreto se generaron, como era de esperar, conflictos dentro de la misma Compañía y con la Iglesia. Varios jesuitas han pagado con su vida este modo de entender nuestra misión. Cabe recordar, entre otros, el martirio del P. Bosco Burnier, del P. Rutilio Grande y de los seis jesuitas en El Salvador.
A partir de esa definición se ha ahondado la opción por los pobres y la inserción en el medio popular; y en el mundo académico-universitario y en los Centros Sociales, la investigación que ha ayudado a entender la justicia desde sus raíces estructurales. Esta opción ha sido particularmente relevante en una cultura globalizada de carácter neoliberal que ha sido poco sensible a las desigualdades sociales, extendiendo por el mundo una fuerte iniquidad.
El hombre de hoy tiene los medios para hacer el mundo más justo y solidario... peroparece no tener voluntad para introducir los cambios necesarios. Se precisa más que nunca trabajar en la transformación de las actitudes y tendencias que tendrá la injusticia y que alimentan las estructuras de opresión.
Este Decreto, al mostrar en un lenguaje claro y actualizado las circunstancias existentes y los desafíos, ha influido poderosamente en todas las obras de la Compañía y en la formación que ella da a sus miembros, invitándolos a ir a las fronteras, a establecer un diálogo con el mundo actual y presentar una fe verdaderamente integral.
Fernando Montes, rector de la Universidad Alberto Hurtado de Chile
RD

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