lunes, 17 de marzo de 2014

Algo para pensar y orar en esta semana: La Resistencia


La Resistencia
En su libro “Lejos del Árbol” (Far from the Tree), Andrew Salomon estudia la reacción de los padres frente a la discapacidad severa de sus hijos. La opinión mayoritaria es que esos padres sufren de una “pena crónica”; sin embargo, el autor ha encontrado que, en vez de esa pena, aparece una resistencia espiritual. Una de las madres estaba indignada pues era considerada como una mujer “trágica” por todos sus conocidos. En realidad, ella estaba más feliz de lo que pudieran imaginarse los demás, o incluso permitirle estar así. Estudios desarrollados muestran que la mayoría de los padres de hijos discapacitados sentían que llevaban una vida familiar tan buena como las demás familias, y que se sentían felices más que tristes cuando pensaban en su hijo o hija.
El ciento por ciento de ellos dijo que la compasión hacia los demás se había desarrollado, debido a sus propias experiencias. Una madre escribió un apasionado libro sobre los bellos momentos que surgieron, una y otra vez, mientras ella atendía a su hijo con el síndrome de Down. “Si se me hubiera dado la posibilidad de elegir o rechazar esta experiencia, la habría solicitado con mis brazos abiertos, porque gracias a ella ha surgido una vida de amor inimaginable”
El espíritu humano parece poseer el potencial para un amor sin límites. Quizás esto no es tan sorprendente, si creemos que Dios Es el Amor Ilimitado, y que hemos sido creados en esa imagen. En consecuencia, poseemos esa capacidad para alcanzar las alturas y las profundidades del amor, y por lo tanto podemos responder, con amor, a los desafíos que la vida nos presente. Ellos pueden hacer brotar lo mejor de nosotros mismos.
- Brian Grogan SJ
Espacio Sagrado

Imágenes para pensar: Vivir sobreinformados


Escuché no hace mucho que la sobreinformación nos desborda. Es difícil acumular tantos datos, compartirlo todo o disfrutarlo todo. Es algo que se cuela en nuestras vidas, en nuestros momentos personales, en los más íntimos incluso. La sobreinformación nos mantiene atados, nos genera agobio, a veces que no nos deja respirar, ni ser nosotros mismos.

Javier Dias SJ
pastoralsj

¿Quién soy yo para juzgar? El Papa el lunes en Santa Marta. «¿La primera vía para la paz? No auto-absolverse de los pecados». Videos y extracto de homilía


Francisco en Santa Marta: «Hay que ser misericordiosos. Recuerden siempre: “¿Quién soy yo para juzgar?”. Agrandar el corazón»

DOMENICO AGASSO JRROMA

Avergonzarse de los propios pecados y no auto-absolverse descargando la responsabilidad en los demás: son las actitudes que propuso el Papa para ser misericordiosos y poder ofrecer un aporte a la paz en las sociedades y en el mundo. Fue lo que dijo Bergoglio durante la Misa en la Capiulla de la Casa Santa marta, según indicó la Radio Vaticana.


«Sean misericordiosos como nuestro Padre es misericordioso»: el Papa comenta la exhortación de Jesús, afirmando enseguida que «no es fácil entender este comportamiento de la misericordia», porque estamos acostumbrados a juzgar: «no somos personas que dan espontáneamente un poco de espacio a la comprensión y también a la misericordia». «Para ser misericordiosos –observó– son necesarias dos actitudes: La primera es la conciencia de nosotros mismos», saber que «hemos hecho muchas cosas malas: ¡somos pecadores!». Frente al arrepentimiento, «la justicia de Dios… se transforma en misericordia y perdón». Pero es necesario avergonzarse de los pecados: «Es verdad, ninguno de nosotros ha matado a nadie, pero hay muchas cosas pequeñas, muchos pecados cotidianos, de todos los días… Y cuando uno piensa: “¡Fíjate, que corazón más pequeño! ¡He hecho esto contra el Señor!”. ¡Y se avergüenza! Avergonzarse ante Dios, esta vergüenza es una gracia: es la gracia de ser pecadores. “Yo soy pecador y me avergüenzo ante Ti y te pido perdón”. Es sencillo, pero es muy difícil decir: “He pecado”».


A menudo, observa Papa Francisco, justificamos nuestro pecado descargando la culpa sobre los demás, como hicieron Adán y Eva. «Quizás, el otro me ha ayudado, ha facilitado el camino para hacerlo, ¡pero lo he hecho yo! Si nosotros hacemos esto se darán muchas cosas buenas ¡porque seremos humildes!». Y, «con esta actitud de arrepentimiento somos más capaces de ser misericordiosos, porque sentimos sobre nosotros la misericordia de Dios», como decimos en el Padrenuestro: «Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden». Así, «si no perdono, estoy un poco ¡en fuera de juego!».


La otra actitud para ser misericordiosos, ha afirmado el Papa, «es agrandar el corazón», porque «un corazón pequeño» es «egoísta e incapaz de ser misericordioso». «¡Agrandar el corazón! “Pero soy un pecador”. “Pero mira que ha hecho esto y esto… ¡Pero yo he hecho muchas!” “¿Quién soy yo para juzgarlo?”. Esta frase: “¿Quién soy yo para jugar esto? ¿Quién soy yo para hablar de esto? ¿Quién soy yo, que he hecho las mismas cosas o peores?” ¡Agrandar el corazón! Y el Señor lo dice. “¡No juzguen y no serán juzgados! ¡No condenen y no serán condenados!¡Perdonen y serán perdonados! ¡Den y se les dará!’. ¡Esta generosidad del corazón! ¿Y qué se les dará? Una medida buena, remecida, rebosante se les verterá en el seno. Es la imagen de las personas que iban a recibir el grano con el delantal, alargaban el delantal para recibir más grano. Si tienes el corazón ancho, grande, tú puedes recibir más».


El corazón grande, ha dicho Papa Francisco, «no condena, sino que perdona, olvida», porque «Dios ha olvidado mis pecados; Dios ha perdonado mis pecados. Agrandar el corazón ¡Esto es bello!», exclamó el Papa: «¡sean misericordiosos!».
 

«El hombre y la mujer misericordiosos tienen un corazón grande, grande: siempre excusan a los demás y recuerdan sus propios pecados. “¿Has visto lo que ha hecho aquel?”.”¡Tengo bastante con lo que he hecho yo y no me entrometo!”. Este es el camino de la misericordia que debemos pedir. Si nosotros, si todos los pueblos, las personas, las familias, los barrios, tuviésemos esta actitud ¡cuánta paz habría en el mundo, cuánta paz en nuestros corazones! Porque la misericordia nos lleva a la paz. Recuerden siempre: “¿Quién soy yo para juzgar?” Avergonzarse y agrandar el corazón. ¡Qué el Señor nos dé esta gracia!». 

Vatican Insider


Francisco en Santa Marta: “¿Quién soy yo para juzgar?”



El Papa centró su homilía en casa Santa Marta en la misericordia. Francisco explicó que para ser misericordioso hacen falta dos conductas: La primera,avergonzarse de los propios pecados y la segunda, agrandar el corazón. 

PAPA FRANCISCO
"Si todos los pueblos, las personas, las familias, los barrios, tuviésemos esta actitud, ¡cuánta paz habría en el mundo, cuánta paz habría en nuestros corazones! Porque la misericordia nos conduce a la paz. Recordad siempre: '¿Quién soy yo para juzgar?'. Hay que avergonzarse y agrandar el corazón. Que el Señor nos dé esta gracia”.

El Papa añadió que las personas con un corazón generoso no juzgan a los demás por sus pecados, sino que reconocen los suyos y piden perdón por ellos a Dios. 

EXTRACTO DE LA HOMILÍA DEL PAPA
(Fuente: Radio Vaticana)

"Es cierto, ninguno de nosotros ha asesinado a alguien, pero hay tantas cosas pequeñas, tantos pecados cotidianos, de todos los días… Y cuando uno piensa: ‘Pero qué cosa, pero que corazón chiquito: ¡he hecho esto contra el Señor!’. ¡Eso es avergonzarse! Avergonzarse ante Dios y esta vergüenza es una gracia: es la gracia de ser pecadores. Yo soy pecador y me avergüenzo ante Ti y te pido perdón’. Es sencillo, pero es tan difícil decir: ‘He pecado’”.

"¡Agrandar el corazón! ‘Pero yo soy un pecador’. ‘Mira qué cosa ha hecho éste, aquel…. ¡Yo he hecho tantas! ¿Quién soy yo para juzgarlo?’. Esta frase: ¿‘Quién soy yo para juzgar a éste? ¿Quién soy yo para hablar mal de éste? ¿Quién soy yo para? ¿Quién soy yo, que ha hecho las mismas cosas o peores?’. ¡El corazón grande! Y el Señor lo dice: ‘¡No juzguen y no serán juzgados! ¡No condenen y no serán condenados! ¡Perdonen y serán perdonados! ¡Den y se les dará!’. ¡Esta generosidad del corazón! Y ¿qué cosa se les dará? Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Es la imagen de las personas que iban a recoger el grano con el delantal y estiraban el delantal para recibir más, más grano. Si tienes el corazón grande puedes recibir más”.

"El hombre y la mujer misericordiosos tienen un corazón grande, grande: perdonan siempre a los demás y sólo piensan en sus pecados. ‘¿Has visto qué cosa ha hecho éste?’. ‘¡Tengo suficiente con aquello que he hecho yo y no me inmiscuyo!’. Este es el camino de la misericordia que debemos pedir. Si todos nosotros, si todos los pueblos, las personas, las familias, los barrios, tuviésemos esta actitud, ¡cuánta paz habría en el mundo, cuanta paz en nuestros corazones! Porque la misericordia nos conduce a la paz. Recuerden siempre: ‘¿Quién soy yo para juzgar?’. Hay que avergonzarse y agrandar el corazón. Que el Señor nos dé esta gracia”.


Papa Francisco, homilía en Santa Marta: ¡la misericordia nos



"El hombre y la mujer misericordiosos tienen un corazón grande, grande: perdonan siempre a los demás y sólo piensan en sus pecados. '¿Has visto qué cosa ha hecho este?' '¡Tengo suficiente con aquello que he hecho yo y no me inmiscuyo!' Éste es el camino de la misericordia que debemos pedir. Si todos nosotros, si todos los pueblos, las personas, las familias, los barrios, tuviésemos esta actitud, ¡cuánta paz habría en el mundo, cuánta paz en nuestros corazones! Porque la misericordia nos conduce a la paz. Recuerden siempre: '¿Quién soy yo para juzgar?' Hay que avergonzarse y agrandar el corazón. Que el Señor nos dé esta gracia".



¿Quién soy yo para juzgar? El Papa el lunes en Santa Marta


(RV).- Perdonar para encontrar misericordia: es el camino que trae la paz a nuestros corazones y al mundo: es en síntesis lo que dijo el Papa Francisco en la homilía de la mañana del lunes durante la Misa presidida en la Casa de Santa Marta. 

“Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso”: el Papa comentó la exhortación de Jesús, afirmando de inmediato que “no es fácil entender esta actitud de la misericordia” porque estamos acostumbrados a juzgar: “no somos personas que dan naturalmente un poco de espacio a la comprensión y también a la misericordia”. “Para ser misericordiosos – observó – se necesitan dos actitudes. La primera es el conocimiento de sí mismo”: saber que “tenemos tantas cosas no buenas: ¡somos pecadores!”. Y ante el arrepentimiento, “la justicia de Dios … se transforma en misericordia y perdón”. Pero es necesario avergonzarse de los pecados: 

“Es cierto, ninguno de nosotros ha asesinado a alguien, pero hay tantas cosas pequeñas, tantos pecados cotidianos, de todos los días… Y cuando uno piensa: ‘Pero qué cosa, pero que corazón chiquito: ¡he hecho esto contra el Señor!’. ¡Eso es avergonzarse! Avergonzarse ante Dios y esta vergüenza es una gracia: es la gracia de ser pecadores. Yo soy pecador y me avergüenzo ante Ti y te pido perdón’. Es sencillo, pero es tan difícil decir: ‘He pecado’”. 

A menudo – observó el Santo Padre – justificamos nuestro pecado descargando la culpa sobre los demás, como hicieron Adán y Eva. “Quizás – prosiguió– el otro me ayudó, me facilitó el camino para hacerlo, ¡pero lo hice yo! Si nosotros hacemos esto, cuántas cosas buenas habrán, ¡porque somos humildes!”. Y “con esta actitud de arrepentimiento somos más capaces de ser misericordiosos, porque sentimos sobre nosotros la misericordia de Dios”, como decimos en el Padre Nuestro: “Perdona, como nosotros perdonamos”. Así, “si yo no perdono, ¡estoy un poco fuera de juego!”.

La otra actitud para ser misericordiosos – afirmó el Pontífice – “es agrandar el corazón”, porque “un corazón pequeño” y “egoísta es incapaz de misericordia”:

“¡Agrandar el corazón! ‘Pero yo soy un pecador’. ‘Mira qué cosa ha hecho éste, aquel…. ¡Yo he hecho tantas! ¿Quién soy yo para juzgarlo?’. Esta frase: ¿‘Quién soy yo para juzgar a éste? ¿Quién soy yo para hablar mal de éste? ¿Quién soy yo para? ¿Quién soy yo, que ha hecho las mismas cosas o peores?’. ¡El corazón grande! Y el Señor lo dice: ‘¡No juzguen y no serán juzgados! ¡No condenen y no serán condenados! ¡Perdonen y serán perdonados! ¡Den y se les dará!’. ¡Esta generosidad del corazón! Y ¿qué cosa se les dará? Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Es la imagen de las personas que iban a recoger el grano con el delantal y estiraban el delantal para recibir más, más grano. Si tienes el corazón grande puedes recibir más”.

El corazón grande – dijo el Papa – “no condena, sino perdona, olvida” porque “Dios ha olvidado mis pecados; Dios ha perdonado mis pecados. Agrandar el corazón. ¡Esto es bello! - exclamó Francisco- Sean misericordiosos”:

“El hombre y la mujer misericordiosos tienen un corazón grande, grande: perdonan siempre a los demás y sólo piensan en sus pecados. ‘¿Has visto qué cosa ha hecho éste?’. ‘¡Tengo suficiente con aquello que he hecho yo y no me inmiscuyo!’. Este es el camino de la misericordia que debemos pedir. Si todos nosotros, si todos los pueblos, las personas, las familias, los barrios, tuviésemos esta actitud, ¡cuánta paz habría en el mundo, cuanta paz en nuestros corazones! Porque la misericordia nos conduce a la paz. Recuerden siempre: ‘¿Quién soy yo para juzgar?’. Hay que avergonzarse y agrandar el corazón. Que el Señor nos dé esta gracia”.(RC.RV)

domingo, 16 de marzo de 2014

Encuentros con la Palabra por Hermann Rodríguez S.J. “Levántense; no tengan miedo”


Tengo ante mi en estos días la imagen de dos parejas enamoradas: una de ellas se casa en junio próximo y la otra cumple sus bodas de oro matrimoniales en enero del próximo año. Los primeros están experimentando el goce mágico de una pasión enamorada que los llena de entusiasmo para comenzar a caminar juntos; los segundos disfrutan del amor fiel y de la mutua compañía en la cima del camino, contemplando, sin acabar de creérselo, la distancia que han recorrido. Para ambas parejas el paisaje es muy distinto. Contemplan el mismo camino desde extremos, aparentemente, opuestos. Sin embargo, el amor que los sostiene tiene la misma raíz. Las dos parejas escuchan la misma palabra que les dice: “Levántense; no tengan miedo”. Esta raíz es la promesa que han recibido y que se va haciendo historia en el diario caminar del amor de Dios en ellos.
¿Quién sería capaz de embarcarse en un proyecto tan complejo como el matrimonio si antes no experimentara, de alguna forma, las mieles luminosas del paraíso que van a construir paso a paso? ¿Quién sería capaz de entrar en un seminario o en una casa de formación religiosa para consagrarse plena y definitivamente al seguimiento y al anuncio del Señor, sin estar, en cierto modo, borrachos de amor hacia Aquél que nos invita y por la misión a la que nos envía? No podríamos comenzar una tarea que abarque la totalidad de nuestra existencia, si nos quedáramos mirando solamente los inconvenientes y las contingencias del proceso, olvidando levantar la vista, por lo menos de vez en cuando, hacia el destino final que nos espera.
Pedro, Santiago y Juan, subieron con el Señor a un cerro muy alto y allí, como un relámpago en medio de una noche cerrada, se reveló para ellos el misterio último de la vida de Jesús. Pudieron contemplar al Señor transfigurado, recordando el brazo fuerte y extendido del Dios de Moisés, que era incapaz de soportar la esclavitud de su pueblo en Egipto y, al mismo tiempo, sintieron la brisa suave que refrescó el rostro del profeta Elías en el monte Horeb. “Allí, delante de ellos, cambió la apariencia de Jesús. Su cara brillaba como el sol, y su ropa se volvió blanca como la luz. En esto vieron a Moisés y Elías conversando con Jesús”. Ellos pensaron que habían llegado al final del camino y le propusieron al Señor que harían tres tiendas para quedarse allí para siempre. Sin embargo, el camino hacia el calvario apenas comenzaba y todavía tenían que acabar de subir a Jerusalén para asumir las dificultades y sufrimientos que les esperaban en la Ciudad Santa.
El sentido que tiene este evangelio, cuando comenzamos el tiempo de Cuaresma, es mostrarnos, precisamente, el final del camino, la promesa hacia la cual dirigimos nuestros pasos. El Señor nos concede muchas veces probar un poco las delicias del paraíso, en medio de las vicisitudes de nuestra existencia, para fortalecernos y animarnos a construir el amor fiel de la entrega total. El peligro que tiene la pareja que comienza su camino de amor es pensar que todo él será un jardín de rosas y no se decidan a construir día a día y paso a paso, una relación fiel que los lleve a vivir en plenitud. Y el riesgo que corren los que están a punto de llegar a sus bodas de oro es que olviden que algún día su corazón vibró apasionadamente y que lo que han ido edificando a lo largo de tantos años es exactamente lo que el Señor llama un amor que llega hasta el extremo.
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.*
* Sacerdote jesuita, Decano académico de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá
Encuentros con la Palabra
RD

Comentando al Evangelio de hoy por JOSÉ MARÍA MARURI S.J. EL RESPLANDOR DEL SEÑOR



1.- Todo en principio es difícil. Todo tiene un tiempo de gestación dolorosa. Los estudios, un nuevo trabajo, los comienzos de un negocio hasta que se encarrila, cuesta y duele. Todo lo que es éxito y vida nace de una mezcla de dolor y muerte. Hasta la boda de dos jóvenes llenos de ilusión conlleva la separación de los padres, la acomodación a una nueva vida compartida que no es fácil. El nacimiento de una maravilla de niño es precedido de nueve meses de molestia de la madre.

La misma naturaleza irracional se desarrolla por caminos de muerte a vida. La flor vestida colores exige la muerte de la semilla. ¿Y os habéis imaginado alguna vez los dolores de parto de la tierra hasta formar los valles y montes del Guadarrama, de Gredos y de los Pirineos?


2.- No son más fáciles los caminos de Dios. Cuando el Señor quiere hacer de Abrahán un gran pueblo lo primero que le dice es “sal, arráncate de la casa de tu padre y de tu patria. Un arrancón doloroso fue el comienzo de su grandeza como pueblo elegido de Dios.

Y Jesús que días antes de la Transfiguración les ha anunciado a sus discípulos el mismo principio de muerte y vida, diciéndoles que Él mismo llegará a la Resurrección a través de la pasión y muerte, se ve en la precisión de desvelar un poco, ente los discípulos, cuál será su final glorioso.

El monte, la nube, el resplandor, la voz, todo son símbolos veterotestamentarios de la presencia del Dios veraz que viene a confirmar la veracidad de la afirmación de Jesús, que por su muerte llegará a la resurrección y a la vida. Un principio difícil y un fin glorioso.


3.- Y los apóstoles, muy humanos, como nosotros, que prefieren el éxito, la gloria, el final del camino sin andar el camino, responden por boca de Padre: “Qué bien se está aquí, hagamos tres tiendas...” Quedémonos en lo alto del monte, para que bajar a continuar el camino difícil. Quedémonos quietos aquí...

Sin darse cuenta de que sin hacer el camino no hay final del camino. El que se queda quieto no llega a la vida, el que se queda parado anquilosa sus miembros, paraliza su cuerpo y en lugar de llegar a la vida se atrae a la muerte

Hasta los terroristas saben esto y utilizan la teoría de la bicicleta. Promueven atentados sin sentido para mantener a su gente en acción, porque el que no pedalea se cae de la bicicleta.


4.- Y mientras nosotros decimos: “quedémonos aquí porque aquí se está muy bien”, el Señor le dice a Abrahán “sal de la casa de tu padre y de tu patria, desestabiliza tu vida y yo te bendeciré. Y a los apóstoles les dice “Levantaos, bajemos del monte, porque soy yo él se encuentra a gusto en el ruido de la calle, en los hogares de los hombres, en tu casa.

Y quizás es por esto por lo que queremos hacerle tres tiendas al Señor en el Monte, porque nos da miedo tenerle más cerca y menos en mi casa.

Los judíos relegaron al Señor al templo de Jerusalén. Y ellos iban a verle una vez al año, para que Él no se molestase y para que Dios no les molestase.
Nosotros somos más generosos, hemos relegado al Señor al templo, pero le venimos a ver todas las semanas y que tampoco se moleste Él en venir a nuestra casa.

-- ¿Qué tiene que ver el Señor con la televisión o los videos que se ven en mi casa?

-- ¿Qué tiene que ver el Señor con las ya enconadas desavenencias entre marido y mujer?

-- ¿Qué tiene que ver con la total incomprensión entre padre e hijos?

-- ¿Qué tiene que ver con nuestras cuentas corrientes?

-- ¿Qué tiene que ver con una mesa demasiado bien puesta o con armarios repletos de cosas demasiado lujosas?

Nos da miedo que el resplandor del Señor en nuestra casa nos haga a nosotros mismos ver demasiado claro, que el tenor de nuestra vida no es conforme a sus enseñanzas.

¡Quédate en el monte Señor, que nosotros vendremos a verte todas las semanas...!

Betania

LECTURAS PARA EL DÍA DE HOY. buen domingo para todos



DOMINGO
II DOMINGO DE CUARESMA

PRIMERA LECTURA
Génesis: 12, 1-4
Vocación de Abraham, padre del pueblo de Dios.En la primera lectura, del libro del Génesis, el Señor pide a Abrahán que lo deje todo para iniciar una misión enorme: crear el pueblo de Dios. A todos nosotros, alguna vez, Dios también nos pide que demos prioridad al camino que Él nos sugiere y que, así, abandonemos lo superfluo, lo que nada vale para mejor servirle a Él y a los hermanos. Hemos de tenerlo en cuenta.
En aquellos días, dijo el Señor a Abram: "Deja tu país, a tu parentela y la casa de tu padre, para ir a la tierra que yo te mostraré. Haré nacer de ti un gran pueblo y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre y tú mismo serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan. En ti serán bendecidos todos los pueblos de la tierra". Abram partió, como se lo había ordenado el Señor.
Palabra  de Dios

SALMO
Del salmo 32Para los judíos de tiempos de Jesús este salmo 32 era un himno para agradecer a Dios que vele permanente por sus criaturas. Y expresaba, además, el deseo de amar a Dios por encima de todo y enseñar a quienes no le conocen a amarle también. Es un programa perfectamente válido para nosotros.
R/. Señor, ten misericordia de nosotros.
Sincera es la palabra del Señor
y todas sus acciones son leales.
Él ama la justicia y el derecho,
la tierra llena está de sus bondades. R/.
Cuida el Señor de aquellos que lo temen
y en su bondad confían;
los salva de la muerte
y en épocas de hambre les da vida. R/.
En el Señor está nuestra esperanza,
pues Él es nuestra ayuda y nuestro amparo.
Muéstrate bondadoso con nosotros,
puesto que en ti, Señor, hemos confiado. R/.

SEGUNDA LECTURA
2 Pablo a Timoteo: 1, 8-10
Dios nos llama y nos ilumina.Pablo en su carta a Timoteo—que es nuestra segunda lectura-- anuncia que Jesús sacó a la luz la vida inmortal por medio del Evangelio. Es una de sus conclusiones, tras aconsejar a Timoteo que observe y siga la doctrina del Salvador. Esa luz y esa vida inmortal nos están presentes la luminosidad de la Transfiguración
Querido hermano: Comparte conmigo los sufrimientos por la predicación del Evangelio, sostenido por la fuerza de Dios. Pues Dios es quien nos ha salvado y nos ha llamado a que le consagremos nuestra vida, no porque lo merecieran nuestras buenas obras, sino porque así lo dispuso él gratuitamente.
Este don, que Dios nos ha concedido por medio de Cristo Jesús desde toda la eternidad, ahora se ha manifestado con la venida del mismo Cristo Jesús, nuestro Salvador, que destruyó la muerte y ha hecho brillar la luz de la vida y de la inmortalidad, por medio del Evangelio. 
Palabra de Dios

EVANGELIO
San Mateo: 17, 1-9
Su rostro se puso resplandeciente como el sol.El relato de San Mateo sobre la Transfiguración, en el evangelio que vamos a escuchar, es sencillamente emocionante. Desde el relato de la escena, plena de luz y de aires de eternidad, hasta la ingenuidad de Pedro que pretende continuar allí para siempre. Jesús quiso mostrar a sus discípulos la Gloria, antes de iniciar el camino hacia su muerte redentora.
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, el hermano de éste, y los hizo subir a solas con Él a un monte elevado. Ahí se transfiguró en su presencia: su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve. De pronto aparecieron ante ellos Moisés y Elías, conversando con Jesús. Entonces Pedro le dijo a Jesús: "Señor, ¡qué bueno sería quedarnos aquí! Si quieres, haremos aquí tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías".
Cuando aún estaba hablando, una nube luminosa los cubrió y de ella salió una voz que decía: "Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo". Al oír esto, los discípulos cayeron rostro en tierra, llenos de un gran temor. Jesús se acercó a ellos, los tocó y les dijo: "Levántense y no teman". Alzando entonces los ojos, ya no vieron a nadie más que a Jesús.
Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: "No le cuenten a nadie lo que han visto, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos". 
Palabra del señor

jueves, 13 de marzo de 2014

Los tres amores del Papa por Pedro Miguel Lamet S.J.


¿Se ha enamorado usted alguna vez?” le pregunta un periodista al Papa en la última entrevista. Y Francisco responde que a los diecisiete años tuvo una “novieta”, y que al principio de su seminario otra chica le obnubiló durante una semana. Entonces el colega quiere saber más. “Pregúntele a mi confesor”, se zafa hábilmente el Papa con una sonrisa.
Pedro Arrupe, el que fuera superior general de los jesuitas y por tanto también del provincial Bergolgio, solía decir que “aquello de lo que te enamoras te cambia la vida”. A un año de pontificado cabe preguntarse cuales son los amores del papa Francisco, los que han marcado su primer año de pontificado.
El primero y más determinante es su amor al Jesús del Evangelioque se ha traducido en no abandonar el tiempo dedicado a la unión con él. De ahí emana la importancia capital concedida a las bienaventuranzas sobre la mera doctrina moral: la alegría, que da título a su encíclica, y la misericordia, especialmente hacia los pobres, los enfermos, los marginados, los niños, los emigrantes, todos los condenados a vivir en la periferia, incluidos divorciados, homosexuales e increyentes. Esta dimensión de sencillez y cercanía le ha hecho presentarse con una autenticidad creíble, la humildad de san Francisco no exenta de la inteligencia práctica de Loyola. Resultado, hombre del año para muchas publicaciones y sobre todo en el corazón del pueblo.
Su segundo gran amor es la Iglesia, que concibe de forma más colegial que sus predecesores, con sabor a Vaticano II. Quiere descentralizar el “ministerio petrino” y ha reforzado la universalidad con el nombramiento de su G-8 cardenalicio, que apunta a una limpieza de las corrupciones y mayor consulta al pueblo, como muestra su encuesta preparativa del sínodo de la familia.
Su tercer amor es a la gente, primero la de la calle, a la que se dirige con un lenguaje accesible de signos y palabras, y a la que muestra un camino de esperanza y optimismo. De ello se deduce que el diálogo con todos, los teólogos, las otras confesiones, la cultura y el mundo secular se haya revitalizado después de años de involución y de actitud de condena. Pero también, la denuncia con los de dentro y los de fuera, en especial contra la dictadura del mercado y las grandes desigualdades sociales.
¿Oposición? La hay, sobre todo de la caverna tradicionalista; y más o menos sorda de algunos movimientos. No faltan tampoco desde el lado progre los que no le perdonan que no ordene a la mujer o que saque a relucir el diablo personificando el mal. Pero las cifras y el entusiasmo mediático por ahora le acompañan. Y es que quizá su mayor revolución es aparecer enamorado de un mundo que necesita recuperar la fe en algo.

Pedro Miguel lamet S.J.
El alegre cansancio
21