sábado, 11 de abril de 2009

Sábado Santo


Mateo 27: 57-66
Siendo ya tarde, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había hecho discípulo de Jesús. Se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús, y el gobernador ordenó que se lo entregaran. José tomó entonces el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia y lo colocó en el sepulcro nuevo que se había hecho excavar en la roca. Después hizo rodar una gran piedra sobre la entrada del sepulcro y se fue. Mientras tanto, María Magdalena y la otra María estaban allí, sentadas frente al sepulcro.
Al día siguiente (el día después de la Preparación de la Pascua), los jefes de los sacerdotes y los fariseos se presentaron a Pilato y le dijeron: "Señor, nos hemos acordado que ese mentiroso dijo cuando aún vivía: "Después de tres días resucitaré". Ordena, pues, que sea asegurado el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, roben el cuerpo y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Este sería un engaño más perjudicial que el primero". Pilato les respondió: "Ahí tienen una guardia. Vayan ustedes y tomen todas las precauciones que crean convenientes". Ellos, pues, fueron al sepulcro y lo aseguraron. Sellaron la piedra que cerraba la entrada y pusieron guardia.

¿Qué me estás diciendo, Señor?
Reflexiones sobre la lectura de hoy

El Sábado de Semana Santa puede ser un día vacío, mientras esperamos y esperamos la Vigilia de la Resurrección. Como aquellos que colocaron cariñosamente a Jesús en su tumba, esperamos con Él por algo nuevo. Con Jesús siempre hay un indicio de algo nuevo, e incluso ante su tumba habían algunos que temían que resucitara.

En este día oramos con esperanza - la madera de la Cruz tenía en su seno la savia de la esperanza. Puede parecer como un árbol seco; pero está vivo con grandes ilusiones.
Espacio Sagrado

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