sábado, 1 de septiembre de 2012

Carlo Maria Martini, el deseado



Si la Iglesia fuera una democracia, él sería el presidente


Los jesuitas querían nombrarle sucesor 

de Pedro Arrupe, pero el Papa lo designó 

arzobispo de Milán


Si la Iglesia católica fuese una democracia, él sería sin duda el presidente. Si en la Iglesia hubiese elecciones, Carlo María Martini ganaría de calle. Si en la Iglesia votasen los católicos, el purpurado jesuita hubiese sido Papa. Demasiado profético para ser elegido por los mayoritariamente conservadores príncipes de la Iglesia, Carlo Maria Martini nunca llegó al solio pontificio. Pero fue un Papa en la sombra. Con tanta autoridad moral (o más) que Juan Pablo II y Benedicto XVI. No fue Pedro, pero fue Pablo y Juan a la vez. Hasta su muerte, ayer, a los 85 años, tras lidiar durante los últimos 16 con el Parkinson. Con la dignidad de un auténtico enamorado del Cristo samaritano...

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