sábado, 9 de agosto de 2014

JÓVENES SANTIAGO: Testimonio de Karla Huerta: Mi Experiencia de Dios hasta Izquierda Autonoma


Entré a la política por el evangelio.  Quizás resulte altisonante una afirmación como esta, pero la verdad, es cierto. Porque no entré a la política ni por los amigos, ni por intereses particulares, ni tampoco por la Iglesia, a la que pertenezco y en la que creo desde infancia.
Entré a la política por el evangelio, ese que sonaba en la capilla de mi colegio todos los días, ese que estaba musicalizado en tantas canciones que hablan del amor a Dios y al prójimo, ese que me cuenta tanto sobre Jesús, su rebeldía con la religión y el modelo político establecido y que lo llevó, en consecuencia, a morir crucificado. Siempre he asistido mucho a los templos porque siento una afectividad muy grande por la liturgia comunitaria y  he escuchado con reverencia a los pastores en sus homilías y retiros espirituales, desde muy pequeña y con mucho gusto, con ese deseo grande de buscar la voluntad de Dios. Pero, nada de las cosas del templo resonó más fuerte en mi corazón que las palabras y hechos de Jesús en los relatos de los evangelios.
Cuando fue “El Pinguinazo” el año 2006 yo cursaba segundo medio en un Liceo municipal, ahora emblemático, de Rancagua. Me tocó ser la vocera del Liceo más importante de la región, y eso desestructuró toda mi joven forma de ver la vida, y por tanto, toda mi idea de Dios. Y cuando vi la realidad del país, y vi a mis compañeros estudiantes movilizándose y trabajando colaborativamente con la esperanza en un mundo mejor, me dije: ¡esto es lo mismo que el evangelio! Fue sorprendente para mí.
Hay en los evangelios un montón de pasajes muy incómodos que escuchaba suavizar mucho en las misas, eso me hacía mucho ruido. Parecía que daba miedo decir que ser rico o ser pobre tenía consecuencias para la vida espiritual, o se intentaba decir que simple y llanamente daban lo mismo, porque Dios igual nos amaba a todos y con eso bastaba. Después de esta gran experiencia de movilización, ese discurso ya no podía ser posible, el evangelio no dice eso, y la vida social chilena tampoco.
Ahí decidí dedicarme enteramente a la acción social, no sabía todavía si derechamente política, le tenía miedo, los políticos no tienen buena fama, y la política secuestrada por las dos coaliciones de la Concertación y la Alianza, no daban (ni dan) espacio para gente joven y con nuevos valores.
Entonces me involucré muy de cerca con la causa mapuche, en ese momento estaba en la cárcel la Patricia Troncoso con 100 días de huelga de hambre en el sur, y con un grupo de amigos protagonizamos la toma de la Catedral de Rancagua para pedirle a monseñor Goic que se pronunciara públicamente al respecto para así visualizar el conflicto. Ahí me encontré con varios de los curas que escuché tantas veces en misa, y contrario a lo que creí, me acogieron muy bien y casi me felicitaron. Aquello fue tremendamente extraño, pero confirmó mi camino de alguna manera.
Luego de mucho trabajo social en las periferias, militando en una organización que reivindicaba la marginalidad de la acción, con pocos resultados de incidencia real en las personas y la vida social, entré a estudiar Pedagogía en Religión en la PUCV. En esa fecha conocí a personas de Izquierda Autónoma, quienes estaban en la Federación de Estudiantes. Me integré a Izquierda Autónoma tímidamente el año 2010 tras la invitación de una amiga militante y cevequiana de Valparaíso, y así mismo ingresé a la CVXj de Valparaíso: ambos ingresos fueron paralelos y simultáneos.
Luego, inmediatamente me tocó ser Presidenta de mi Carrera cuando ocurrió la gran movilización del año 2011. En mi cargo, en “la carrera religiosa” de la Universidad, sin duda, me encontré nuevamente con la gran encrucijada: cómo relacionar la gran movilización y la opción creyente. Mis compañeros de curso, siendo en su mayoría de estrato social bajo y tremendamente creyentes y católicos, provenientes de diversas parroquias de la región, hicieron un gran trabajo en ese sentido, y todo fue tomando mayor coherencia.  Reclamamos también contra el silencio del obispo de Valparaíso ante la gran convulsión social. Compartí con ellos mis dudas y mis temores, y creo que desde ahí se reafirmó mi convicción de entrar en la política.
En Izquierda Autónoma el camino ha sido de muchos frutos, compartiendo la vida, nuestras inquietudes, luchas sociales y personales, esperanzas y sueños, con personas no creyentes en su mayoría, ¡pero muchos creyentes también! Hay amigos luteranos, de formación cristiana, católicos, agnósticos y ateos. Ellos me han mostrado con mayor claridad que el evangelio es Buena Noticia para el mundo.
Con ellos he profundizado en valores que tienen mucho que ver con jugársela por el evangelio, y una cuestión importante es salir de la marginalidad, y enfrentar a la política de frente, a la cara, con todas sus dificultades; esas dificultades también las vivió Jesús. Eso significa, una disputa de poder, y esa es la clave para pasar de una lucha social a una lucha política. Pero para que ese nexo exista es necesario “socializar lo político y politizar lo social”, es decir, comprender que cada ser humano libre y soberanamente tiene poder de decidir su futuro, esa “libertad de los hijos de Dios”. Y entonces, debe involucrarse en la política, porque esa soberanía no se ejerce en privado, es decir, “no nos salvamos solos”, ¡no podemos!, no es una opción. Somos soberanos de nuestro destino en la medida que lo somos todos, como sociedad, esa es la única manera de lograrlo: decidir el futuro de la sociedad es decidir nuestro futuro y al revés. Todas estas ideas podrían sonar complicadas, por me fue necesario masticarlas, o “rumiarlas”, como diría san Ignacio.
De esta manera, en la actualidad me encuentro estudiando Teología en la UC, y como Coordinadora Externa de Izquierda Autónoma en la universidad. Queda mucho camino por hacer, pero ya se ha cimentado la convicción de que es necesaria una nueva forma de hacer política, para una nueva forma de hacer sociedad, y en eso espero poder cooperar para una lucha que recién comienza.
CVX Jóvenes

viernes, 8 de agosto de 2014

JESUITAS: Los Instructores de Tercera Probación encuentran al Papa


(08-Aug-2014)

Esta semana se está celebrando en la Curia un encuentro con 26 Instructores de Tercera Probación, procedentes de todas las regiones del mundo. El P. General ha asistido a las sesiones plenarias y el pasado miércoles en la Iglesia del Gesù ofreció al grupo orientaciones para la oración. 

El 7 de agosto han tenido el privilegio de concelebrar la Eucaristía con el Santo Padre en la iglesia de Santa Marta, en el Vaticano. 

El encuentro está siendo coordinado por el P. José Cecilio Magadia, actual asistente para la formación. También los han acompañado los Padres Robert Geisinger, Orlando Torres, Robert Danieluk, y James Grummer, informándoles sobre diversas cuestiones. 

El grupo está analizando la situación en la que se encuentra la Tercera Probación en distintos lugares del mundo, así como el papel de los Instructores. También están profundizando en la naturaleza de los votos. Algunas de las sesiones han sido dedicadas al aniversario de la restauración de la Compañía.

Jesuitas

Francisco: "La Iglesia que no camina es la primera que se corrompe". Ver y escuchar entrevista


El Papa concede su primera entrevista radiofónica a una emisora argentina


Francisco pide a los fieles "tener el coraje de no dejarse robar la esperanza"


"La vida es para jugarla" dijo el Papa en una entrevista radial histórica con Campo Gallo


El Papa Francisco dialogó con los sacerdotes Joaquín Giangreco y Juan Ignacio Liébana, sacerdotes de Campo Gallo y Huachana que conducen un programa en una radio comunitaria de la parroquia Virgen del Carmen de Campo Gallo. 

El Papa Francisco ha hecho un llamamiento para que la Iglesia "camine" porque cuando se "estanca", puede "corromperse". Así lo ha indicado en declaraciones a la radio argentina Virgen del Carmen, ubicada en Campo Gallo, Santiago del Estero, en la que ha sido su primera entrevista radiofónica como Papa.
"Cuando la Iglesia está quieta, deja de ser Iglesia y es una asociación civil. A la Iglesia que no camina le pasa como al agua estancada, que es la primera que se corrompe", ha remarcado.
Por otro lado, ha asegurado que "una de las cosas que hacen más daño a la Iglesia y la nación es la crítica destructiva", a lo que el Pontífice se ha referido como "andar sacándose el cuero".
En la primera entrevista que concedía por teléfono a una radio argentina y en conversación con dos sacerdotes, Francisco ha apelado a la unidad en la Iglesia católica y aunque ha precisado que siempre va a haber peleas y divisiones, ha dicho que "el asunto es no dejarlas crecer".
El Pontífice ha hecho menciones a Argentina y ha utilizado expresiones argentinas. "Nosotros no somos guachos, tenemos mamá, la Virgen, que el pueblo no la adora, sino que la quiere y la honra", ha señalado. Al final de la entrevista, que ha sido retransmitida en directo a través de Internet y ha durado unos veinte minutos, el Papa ha exhortado a los fieles a "tener el coraje de no dejarse robar la esperanza".
"Jesús es muy bueno, nos quiere, y Dios nos ama, nos espera siempre y no se cansa de perdonarnos. Solamente quiere que seamos humildes y que pidamos perdón. Él nos hizo para que fuéramos felices y nos acompaña en todo", ha afirmado. El Papa ha dado su bendición y ha pedido que Dios "brinde a todos una caricia que les haga sonreír".

"La vida es para jugarla" dijo el Papa en una entrevista radial histórica con Campo Gallo


En un diálogo histórico, el Papa Francisco dialogó con los sacerdotes Joaquín Giangreco y Juan Ignacio Liébana, sacerdotes de Campo Gallo y Huachana que conducen un programa en una radio comunitaria de la parroquia Virgen del Carmen de Campo Gallo. 

Minutos después del mediodía, el Santo Padre saludó a los religiosos y envió un saludo y una bendición a todos los habitantes de esa zona del interior santiagueño. "Los llevo dentro de mi corazón. El trabajo que hacen ustedes hacen, a mí me hace feliz. Quiero enviar un saludo más grande y una bendición", dijo. 

Además, Francisco aseguró "tengo una convicción muy grande y es que nuestro pueblo no se equivoca y adora solamente a Dios".

"Nuestro pueblo no es guacho, tenemos mamá, la virgen, que el pueblo no la adora, sino que la quiere y la honra. Ella nos cuida. Nuestro pueblo adorando a Dios y a Jesucristo que son los únicos a quienes hay que adorar, también se deja cuidar por la madre. Es hermoso que sea amor y no adoración lo que se tiene por la Virgen. Un hijo sin madre tiene el alma mutilada, un pueblo sin madre es un pueblo guacho, de soledad, de sequedad, de ideas quizás, sin la ternura que solamente da una mamá", agregó el Pontífice.

Francisco también envío un mensaje a todos las personas que colaboran desde las parroquias al prójimo.

"Cada uno tiene una función, cada uno tiene un trabajo que hacer, una vocación. Ustedes dos dejaron sus familias, la ciudad de Buenos Aires y se fueron a acompañar al pueblo. Junto con ustedes hay mucha gente que a la distancia quiere estar con nosotros. Yo les agradezco. La Iglesia se sostiene con la oración de los fieles. Por la plegaria, por la misa, por la eucaristía. Esa gente que va a misa es la que sostiene a ustedes y la parroquia. A ellos mi primer agradecimiento. También a quienes se privan de algún bien, de algún dinero para dárselo a ustedes. Para ellos mi cariño también, porque los miman, los ayudan. A esos hombres y mujeres les hago llegar un gran saludo y mi gratitud. Y de manera especial quiero mencionar a dos tipos de personas que son los que Jesús mira con más cariño: las abuelas y los chicos. Ellos rezan por ustedes y sostienen el trabajo de su pueblo", aseguró el Pontífice. 

En otro tramo del diálogo destacó la importancia de la Iglesia como institución. "Cuando la Iglesia está quieta, deja de ser Iglesia y es una asociación civil. La Iglesia no se debe cansar de caminar porque en el camino encontramos el sentido que Dios quiere de su pueblo. Cuando una comunidad cristiana está quieta le pasa como al agua estancada, que es la primera que se corrompe. Cuando una comunidad no peregrina, no tiene un corazón peregrino para adorar a Dios o ayudar a sus hermanos, esa iglesia está moribunda y hay que resucitarla rápido".

Además, llamó a evitar lo que denominó críticas destructivas. "Trabajar por la unidad siempre va a ser importante. Siempre va a haber diferencias, va a haber peleas, pero hay que hablarlas. Hay que hablarlas con Dios. No hay que sacarle el cuero al otro. Lo que más le hace daño a los pueblos es la crítica destructiva. Andar sacando el cuero. Eso no es cristiano", manifestó.

El Papa fue consultado por la escasez de sacerdotes. Al respecto dijo: "Recen para que Dios mande pastores. El corazón de Dios no es indiferente a la oración de su pueblo. Y a los jóvenes les diría que si sienten el llamado de Jesús no tengan miedo. Piensen en el mensaje cristiano que pueden transmitir. La vida es para darla, no es para guardarla. Y así uno es fecundo. Si alguno siente que Dios le pide dar la vida en el sacerdocio, que no tenga miedo. Hay que apostar a cosas grandes. No a cosas pequeñas. Y si siente que Jesús lo llama a formar una familia, que sea una familia cristiana, grande, linda, con muchos hijos que lleven adelante la fe". 

Finalmente, el Santo Padre envío una bendición y un mensaje al pueblo: "Jesús es muy bueno. Jesús nos quiere. Dios nos ama. Dios nos espera siempre. Dios no se cansa de perdonarnos. Solamente que seamos humildes y pidamos perdón, para poder seguir adelante. Dios nos hizo para que seamos felices. Dios nos acompaña. Cuando pasamos momentos difíciles, de cruz, de dolor, Él los pasó primero. Y nos comprende de corazón. Pido al Señor que a todos los bendiga mucho, les dé fuerza, les de ganas de vivir, el coraje de no dejarse robar la esperanza y sobretodo les dé una caricia y les haga sonreir", concluyó.

martes, 5 de agosto de 2014

Educación, revolución y cristianismo por Jorge Costadoat S.J.


En Chile hay una revolución en curso: venimos de una sociedad de individuos y vamos a una sociedad de personas. ¿Qué educación se necesita para dejar de formar individuos y comenzar a formar personas? Este es el asunto.
Venimos de una sociedad que perdió el sentido del Bien común para constituirse en una especie de agregación de individuos. Con el “golpe” fracasó el Chile social (ese que, por ejemplo, fue capaz de aprobar por unanimidad la chilenización del cobre). Una razón a no olvidar del quiebre del país, según Ricardo Lagos en sus memorias, es que las expectativas de desarrollo social las últimas décadas habían crecido mucho más de lo que creció la economía que debía sustentarlas. El Chile social no estaba respaldado económicamente hablando. Augusto Pinochet, por su parte, introdujo el neoliberalismo y lo aseguró al nivel de la Constitución. ¿Qué resultó? Un país de individuos que habrían de rascarse con sus propias uñas. No de personas, sino de individuos, seres que no tendrían nada que reclamar de los demás porque en tal sociedad todo habría de conseguirse mediante una competencia darwiniana. “La competencia perfecciona”, se nos decía. Pero si en 1973 fracasó el Chile social, durante el gobierno de Sebastián Piñera fracasó el Chile individualista.
Lo que rebrota hoy es el Chile social. ¡Notable! Volvemos a nuestra mejor tradición. ¿Cómo la sustentaremos? Un asunto es el financiamiento: se hará una reforma tributaria. Otro, un cambio de Constitución política: se necesita una que asegure al más alto nivel el reconocimiento de personas que, siendo iguales en dignidad, pueden desarrollarse en plenitud mediante procesos de intercambio de sus diversidades (ideológicas, religiosas, étnicas, de género, etc.) y de su colaboración mutua. A diferencia del concepto de individuo, el concepto de persona alude a un ser capaz de ser sí mismo, único y original, gracias a relaciones de respecto, de reconocimiento y de solidaridad con los demás. Si conceptualmente el individuo es un competidor, la persona en cambio es colaboradora. Si en el Chile individualista el bien social es la suma de los bienes de lo que cada uno gana para sí y el rebalse de los ricos a los pobres, en el Chile social predomina una idea de Bien común de acuerdo al cual lo que cada uno gana tiene una hipoteca social, pertenece a personas que no han llegado a ser tales sino a través del esfuerzo de unas por otras y con otras. Es así que el Chile social es igualitario (reconoce derechos a todos) e integrador (valora las diferencias, auspiciando su desarrollo, su intercambio y su conjugación).
Lo que está en juego no es una reforma sino una revolución educacional: está en juego el Chile que se quiere formar. Todos desean mejorar la calidad de la educación. Pero ¿calidad para competir mejor o para compartir mejor? Debemos reconocer que se necesitan ambas calidades. Pero, en el paso al nuevo paradigma de sociedad, no se trata de ofrecer el mismo tipo de educación ahora sí para todos, sino de ofrecer una educación diferente, más social; una que aliente el esfuerzo personal sin perjuicio de la colaboración con los demás, sino en función de ella. No sabemos si el país será capaz de sustentar económicamente un cambio tan grande. Tampoco sabemos si el gobierno tendrá la pericia para cumplir lo que promete. Las señales son preocupantes. Pero la apuesta es muy seria: una sociedad igualitaria e integradora requiere poner en funcionamiento ya una educación que practique estos valores.
¿Qué ocurre con la Iglesia? Hay en ella una voluntad de verdadera contribución. Este es el país que ella más quiere. Su opción por los pobres es una opción por la igualdad y la integración de todos, a partir de las necesidades de los excluidos. Sin embargo, en el área chica, las cosas son más complejas.
La Iglesia ante esta realidad tiene una dificultad de fondo y una aprensión razonable. Esta consiste en una cautela. La Iglesia chilena teme que quien pague por la educación, el Estado, termine controlando los contenidos de la enseñanza. ¿Aprensión infundada? No, cuestión de lucidez. Este gobierno no ha dado ninguna señal de ser totalitario. Pero si el Estado pone el financiamiento quedará despejada la posibilidad de menoscabar la libertad de educación a futuro. Esta, sin embargo, no es una dificultad de fondo. Una nueva Constitución tendría que asegurar políticamente que el país no sólo será igualitario, sino también integrador. Es decir, asegurar que la educación de calidad habrá de consistir también en el cultivo y la oferta de proyectos plurales.
Hay, sin embargo, una dificultad más de fondo. Los colegios de elite conspiran en buena medida en contra del Chile social. Ellos, de suyo, son colegios del Chile individualista y egoísta, verdaderas fábricas de desigualdad y de desintegración. La Iglesia cumple un servicio educativo enorme de niños de clases medias y pobres. Pero educa a parte de la elite. Lo que en el siglo XIX y buena parte del XX fue un aporte muy notable, en el actual escenario histórico ya no lo es. Que haya una elite de cristianos con una profunda vocación social es indispensable –como también lo es que haya una elite atea o de otras orientaciones filosóficas o religiosas con esta misma vocación–, pero se ha vuelto insostenible que la calidad de la educación pueda conseguirse a través de instituciones que seleccionan y, por tanto, excluyen. Las instituciones de exclusión muy difícilmente forman elites integradoras.
La Iglesia que quiere un Chile social necesita poner al día su cristianismo.
Jorge Costadoat S.J.
Cristo en construcción

lunes, 4 de agosto de 2014

La Iglesia enseña cuando aprende por Jorge Costadoat S.J.


Ante el Sínodo de la Familia


Hay un abismo entre la enseñanza eclesiástica y la práctica de los bautizados



(Jorge Costadoat, sj).- El Papa Francisco ha dirigido a los católicos 39 preguntas sobre moral sexual y familiar. De este modo ha dado comienzo a la preparación del Sínodo sobre la Familia que se realizará en 2015.
Francisco quiere auscultar en el mismo Pueblo de Dios qué está ocurriendo en esta materia. Hemos de creer que las suyas no son preguntas retóricas, sino que el Papa realmente quiere escuchar.
Las primeras respuestas hechas públicas (Alemania, Bélgica, Francia, Japón y Suiza) han dado origen a una inquietud. Hay un abismo entre la enseñanza eclesiástica y la práctica de los bautizados. ¿Qué hará la institución eclesial para superar la incomprensión detectada? ¿Puede hacer un progreso doctrinal en estas materias? Progresos doctrinales en la historia de la Iglesia ha habido muchos.
La Iglesia ha recibido una revelación irreductible al esfuerzo humano por comprender a Dios. La Iglesia sabe de la salvación porque Dios se le ha autorrevelado. En esta autorrevelación de Dios como amor, implícitamente se le ha revelado también el sentido del hombre y del mundo. Pero esto que ella sabe por revelación ha debido llegar a comprenderlo en un lenguaje y en unas categorías culturales e históricas. Dios se le ha dado a conocer de un modo humanamente comprensible.
La prueba teológica de lo anterior es el mismo Jesús. Dios se autorreveló a la Iglesia en Jesús de Nazaret. Jesús necesitó de María y de José que le enseñaron la lengua, que le enseñaron a rezar y a amar, para elaborar su mensaje con sus propias palabras. La Iglesia, por su parte, no desechó el Antiguo Testamento para quedarse solo con Cristo. Sin el Antiguo Testamento, no habría entendido la novedad de Jesús y su mensaje. Pero, además, sucesivamente necesitó el griego, el latín y las lenguas germánicas para anunciar a Jesucristo en la cultura occidental, cultura que, por otra parte, fue siendo influenciada por la fe cristiana. Hoy la Iglesia hace un esfuerzo no solo en actualizar su predicación en nuevas categorías –muchas de ellas científicas -, sino también en otras lenguas y culturas: latinoamericanas, africanas, asiáticas y oceánicas.
La Encarnación es histórica. Por esto, no sabríamos quién es realmente Dios sin Jesús, un judío, varón y del siglo I. La revelación tiene lugar en la historia y adopta características históricas. En cuanto mensaje, por tanto, es tan concreto como limitado y provisional. Su contenido es eterno: el amor de Dios. Pero el modo de conocerse este amor varía en épocas y territorios distintos. Nadie, por lo mismo, puede pretender identificar su modo de entender a Dios con Dios mismo; y, en consecuencia, su modo de entender al hombre y al mundo, con el modo que Dios tiene de hacerlo porque nadie podría agotar su expresión histórica y cultural.
En virtud de Cristo, por decirlo así, la Iglesia sabe cómo Dios salva su creación; y en virtud del Espíritu Santo llega a comprender, no sin esfuerzo, cómo lo hace. La confesión de Dios trino es equivalente a creer que Dios se da a conocer de un modo histórico, a través de los cambios y progresos culturales. La fe cristiana es trinitaria. No binitaria. No termina en lo que Jesús pudo hacer y enseñar. Es trinitaria. El Espíritu Santo continúa haciéndonos comprender lo que sabemos de Cristo por el Evangelio y la Tradición de la Iglesia, y lo hará hasta el final de los tiempos. La “verdad” cristiana ha quedado entregada a sucesivas interpretaciones; tantas, como las experiencias que la Iglesia puede tener de Cristo. Estas constituyen la Tradición con mayúscula, muy distinta de las tradiciones. El tradicionalismo otorga un valor absoluto a expresiones religiosas que pudieron tener valor en una época, pero que en otras épocas han perdido toda vigencia. La Tradición no es por esto “relativista”. Supera el relativismo, triunfando sobre el fundamentalismo y el fideísmo porque supone un concepto histórico de la razón humana.
De aquí que la Iglesia enseña cuando aprende. Aprende, cuando vive abierta al habla del Espíritu quien, a su vez, no lo hace sino a través de la humanidad ubicada histórica y culturalmente. Una Iglesia que pretende enseñar sin aprender no vive de la Trinidad. Cuando la Iglesia enseña al margen de una experiencia trinitaria de Dios, no enseña a nadie. Lamentablemente desorienta, culpabiliza y se hunde en la irrelevancia.
Pero la Iglesia comprende la revelación de Dios de un modo institucional. En ella hay autoridades. Hay un Magisterio que enseña cuál es el modo correcto de interpretar la fe del Pueblo de Dios. La interpretación de la fe hecha por el Magisterio tiene prioridad sobre las interpretaciones particulares. Pero la fe reside en el pueblo de Dios en su conjunto. Es en el sensus fidelium –el sentido creyente de los fieles- que la jerarquía de la Iglesia ausculta la voz de Dios y saca las consecuencias concretas de la revelación. Los fieles agradecen del Magisterio de los obispos una enseñanza que los conserva unidos y les permite anunciar a Cristo a los que no son cristianos. Pero todos los cristianos saben de Cristo y, por tanto, pueden también enseñar sobre él. Los laicos pueden enseñar a los obispos, si aprenden de ellos. Los obispos enseñan a los laicos, si aprenden de ellos.Todos pueden aprender y enseñar en la medida que viven obedientes a la voz del Espíritu; con la diferencia que los fieles encuentran en la jerarquía de la Iglesia una interpretación auténtica del Evangelio tanto en el campo de las costumbres (moral) como en el de la fe (creencias), y con distintos grados de obligatoriedad.
Esto significa, evidentemente, que los fieles –laicos, sacerdotes y obispos- se pueden equivocar o desobedecer; y que también el Magisterio pueda equivocarse, como se ha visto a veces en la historia de la Iglesia (Galileo es el caso emblemático). El Magisterio puede enseñar algo que los cristianos, en su gran mayoría, no practican o no creen. Ha sucedido muchas veces que los años terminaron por darle la razón al Magisterio. Esto, teológicamente hablando, se llamada “recepción” (aceptación, acogida). Pero también puede ocurrir que la enseñanza de la Iglesia no sea “recibida” por el Pueblo Dios, porque no se ha considerado el habla del Espíritu a través suyo. Sucede cuando el rechazo de una enseñanza oficial de una parte muy numerosa de los cristianos se mantiene por décadas. Puede ser que en estos casos el Magisterio no logra enseñar a los bautizados porque no se rinde a aprender de ellos.
La Iglesia en su historia ha hecho numerosos progresos doctrinales. El Vaticano II es el caso más impresionante. En aquella oportunidad el Concilio desechó los documentos preparatorios de los teólogos de la Curia romana, aunque fueran muy ortodoxos, e inició, con enorme audacia y fe, una etapa de creatividad teológica nunca vista. Juan XXIII y Pablo VI, los papas del Concilio, en vez de interrumpir los debates, guardaron silencio, dejaron discutir, escucharon y poco a poco fueron consiguiendo que las Constituciones y Decretos se aprobaran con grandes consensos.
RD

Algo para pensar y orar en esta semana



La espiritualidad ignaciana desea que seamos agradecidas/os, y, en nuestra gratitud, seamos “personas para los demás”

Un artículo sobre Cientología que leí hace poco, señalaba que ella es pricipalmente sobre “auto ayuda”. Las obras que los que la siguen para tener las cosas “claras”, parece ser todo sobre el “ser”. La espiritualidad ignaciana no podría ser más diferente.


Ella se construye sobre un “círculo virtuoso”. Al reflexionar sobre todo lo que somos agradecidas/os, y esa reflexión – que nos lleva hacia la gratitud – esperamos que además nos lleve hacia el servicio.


Cuando somos voluntarias/os, o servimos en alguna forma, nos encontramos reflexionando sobre lo que hacemos. Esa reflexión nos lleva de vuelta a la gratitud, y luego al servicio, con lo que completamos el “círculo virtuoso”.


Paul Brian Campbell, SJ

Espacio Sagrado

domingo, 3 de agosto de 2014

"San Pedro Fabro eligió estar con la gente"


Francisco celebra con jóvenes jesuitas


Bergoglio recuerda al primer sacerdote de la Compañía de Jesús


El papa Francisco ha presidido la misa en Santa Marta este sábado, con un grupo dejóvenes jesuitas, que habían participado también en la comida con el Papa el pasado día 31 en la curia de la Compañía de Jesús en Roma.
Durante la homilía, el Santo Padre ha hablado de la figura de san Pedro Fabro, cuya memoria liturgia se celebraba ayer. Compañero de san Ignacio de Loyola y primer jesuita ordenado como sacerdote, Fabro fue declarado santo por el papa Francisco, con canonización equivalente, el 17 de diciembre del año pasado.
El Pontífice ha recordado que la figura de san Pedro Fabro es decisiva en el camino de la primera Compañía. Además "ha hecho referencia al estilo de san Pedro Fabro, que era un estilo de cercanía pero también de discernimiento, diciendo que habría podido elegir cerrarse en fundamentalismos, en ideas claras, sin correr ningún riesgo y sin embargo -en el más auténtico espíritu de San Ignacio-, san Pedro Fabro ha elegido estar con la gente, estar con quien estaba lejos y hacer según el espíritu de discernimiento", explica el estudiante jesuita Nicolò Mazza, presente en la eucaristía.
El joven ha contado sus impresiones sobre lo vivido, en una entrevista a Radio Vaticana: "He sentido su presencia, sus palabras, también su estilo al estar en la mesa con nosotros, en el celebrar la misa esta mañana, como una invitación fuerte, una invitación muy incisiva a volver a lo que es más esencial, más auténtico en el carisma de la Compañía de Jesús y en la espiritualidad ignaciana".
Además, ha indicado que siente que el Papa es jesuita "por su sobriedad, la sencillez, el modo concreto de presentarse, de estar con nosotros... He tenido en algunos momentos, precisamente, la impresión de compartir algo con un hermano, un hermano mayor".
Cuando se han abrazado al despedirse, Nicolò Mazza indica que el Papa le ha dicho: "esto sí que es un abrazo de verdaderos hombres". Después, Francisco le ha recordado que en el pasado, le habían enseñado a abrazar a los hermanos con desapego sobrio y formal: "Esto no va bien. Me ha gustado más tu abrazo".
(RD/Zenit)