jueves, 20 de mayo de 2010

Matteo Ricci, el "sabio occidental" que evangelizó China

¿Sabía Vd que el individualismo y el activismo son los dos elementos, que dificultan más la vida en común de los jesuitas de América Latina?

Esto fue lo que detectó una encuesta de 2006, a la que contestaron 22 jesuitas con cargos de diverso nivel en el gobierno o en la formación de la Compañía en América Latina.

Los dos grandes detrimenta son:

(a) Individualismo que dificulta mucho la vida en común; mucho aislamiento, cada cual entiende su tarea como espacio propio, sin buscar cómo integrarlas en las actividades de los demás; cada uno anda en lo suyo, y como cada uno tiene lo que necesita para sí….; internet y microondas favorecen actitudes individualistas; de parte de los demás, el respeto de hace ‘respetismo’, porque nadie dice al otro lo que no le parece bien de su forma de proceder; hay excesiva independencia de los miembros de la comunidad con el superior y entre sí.

(b) Activismo: la sobrecarga de trabajo dificulta mucho la vida en común, y, a veces, se convierte en un refugio para evitar encontrarse y con el otro; el activismo afecta la vida comunitaria y de oración personal y comunitaria; en general, ritmos de vida con exceso de trabajo que afecta a la calidad de la comunicación.


CPAL

El Evangelio de hoy


Juan 17. 20-26.

“No te ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí al oir el mensaje de ellos. Te pido que todos ellos estén unidos; que como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Les he dado la misma gloria que tú me diste, para que sean una sola cosa, así como tú y yo somos una sola cosa: yo en ellos y tú en mí, para que lleguen a ser perfectamente uno, y que así el mundo pueda darse cuenta de que tú me enviaste, y que los amas como me amas a mí.“Padre, tú me los diste, y quiero que estén conmigo donde yo voy a estar, para que vean mi gloria, la gloria que me has dado; porque me has amado desde antes que el mundo fuera hecho. Oh Padre justo, los que son del mundo no te conocen; pero yo te conozco, y estos también saben que tú me enviaste. Les he dado a conocer quién eres, y aún seguiré haciéndolo, para que el amor que me tienes esté en ellos, y para que yo mismo esté en ellos.”.




¿A quienes les he llevado el mensaje de Jesús? …
Hago una oración por ellos del mismo modo como Jesús le pide al Padre por nosotros …
Se la entrego y la converso con Jesús y con el Padre. …
¿qué le pido en mi oración?

martes, 18 de mayo de 2010

Iconos de Pascua – Semana del Cenáculo


“Ven, Espíritu Santo, y derrama sobre nosotros el don de FORTALEZA.”

“La vida moral de los cristianos está sostenida por los dones del Espíritu Santo.” (CIC 1830). El don de Fortaleza sostiene la virtud de la Fortaleza. En la situación actual, en la que vivimos acosados por dificultades internas y externas, se hace imperiosa la súplica a quien está dispuesto a acompañarnos con los dones necesarios para serles fieles. Jesús aconseja acudir a la oración para obtener la resistencia necesaria: “Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil».” (Mt 26, 41)
“La fortaleza es la virtud de quien no se aviene a componendas en el cumplimiento del propio deber.” Por el don de Fortaleza se lleva a cabo valerosamente lo que Dios quiere de nosotros, y se sobrellevan las contrariedades de la vida. Es necesario para resistir las instigaciones de las pasiones internas y las presiones del ambiente. Supera la timidez y la agresividad.

Se descubre en la parresía, en el valor que ha acompañado a los mártires de todos los tiempos, y que en nuestros tiempos mantiene a los testigos de la fe en circunstancias adversas, impopulares.

La fortaleza de los testigos de la fe sorprende en muchos casos por la debilidad física en la que se manifiesta, y se mantiene a pesar de hostigamientos o de halagos. Como dirá San Pablo: “¡Mirad, hermanos, quiénes habéis sido llamados! No hay muchos sabios según la carne ni muchos poderosos ni muchos de la nobleza. Ha escogido Dios más bien lo necio del mundo para confundir a los sabios. Y ha escogido Dios lo débil del mundo, para confundir lo fuerte.” (1 Cor 1, 26-27).

Y el mismo Apóstol, desde la propia experiencia, reconoce: “Para que no me engría con la sublimidad de esas revelaciones, fue dado un aguijón a mi carne, un ángel de Satanás que me abofetea para que no me engría. Por este motivo tres veces rogué al Señor que se alejase de mí. Pero él me dijo: «Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza». Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo.” (2 Cor 12, 7-9)

El secreto de sentirse fuerte frente a la tentación es no sentirse solo. Jesús superó el acoso del Malo acudiendo siempre a su Padre. Y conocedor de nuestra debilidad nos promete el Espíritu defensor. “Yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre. No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros.” (Jn 14, 16. 18).

“¡Ven, Espíritu Santo, infúndenos el don de Fortaleza”
Ecclesia

Recuerdo de la Asamblea del 2008. CEN


En la Misa final

El Evangelio de hoy



Juan 17. 1-11 a.
Después de decir estas cosas, Jesús miró al cielo y dijo: “Padre, la hora ha llegado: glorifica a tu Hijo, para que también él te glorifique a ti. Pues tú has dado a tu Hijo autoridad sobre todo hombre, para dar vida eterna a todos los que le diste. Y la vida eterna consiste en que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú enviaste.
“Yo te he glorificado aquí en el mundo, pues he terminado la obra que tú me confiaste. Ahora, pues, Padre, dame en tu presencia la misma gloria que yo tenía contigo desde antes que existiera el mundo.
“A los que escogiste del mundo para dármelos, les he hecho saber quién eres. Eran tuyos, y tú me los diste, y han hecho caso de tu palabra. Ahora saben que todo lo que me diste viene de ti; pues les he dado el mensaje que me diste, y ellos lo han aceptado. Se han dado cuenta de que en verdad he venido de ti, y han creído que tú me enviaste.
“Yo te ruego por ellos; no ruego por los que son del mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos. Todo lo que es mío es tuyo, y lo que es tuyo es mío; y mi gloria se hace visible en ellos.
“Yo no voy a seguir en el mundo, pero ellos sí van a seguir en el mundo, mientras que yo me voy para estar contigo.



Vuelvo a leer esta oración de Jesús. ¿Qué es lo que más me llama la atención? …
¿Qué encuentro de novedoso en esta oración? …
¿Cómo me veo protagonizado en esta escena? …
¿Qué siento ante el hecho que estoy presente en la oración de Jesús?